Pensando Desde La Fe 

La fe vivida por unos cristianos en un lugar concreto de la tierra, da, ciertamente, identidad y ensanchamiento al corazón de los hombres y hace mirar más allá de las propias fronteras de uno (ReligiónDigital.org, Carlos, Arzobispo de Valencia). 

El mundo en el que vivimos, la sociedad de la que somos parte, tiene, sostiene y promueve valores que constantemente están cambiando. Es por eso que hoy no se piensa lo mismo que el ayer y ciertamente no será lo mismo mañana. Hay una hambre y sed de identidad comunitaria y no de una identidad genuina y única; existe un deseo de identificar a los demás de acuerdo al pensamiento “libre sin restrinciones”. La identidad es fluida y va de acuerdo a qué día de la semana es. 

Los valores nos permiten orientar nuestro comportamiento para realizarnos como personas y nos ayudan a mirar los escenarios de la vida de manera diferente y única a los demás seres humanos. Podemos describer los valores como principios y creencias fundamentals que nos ayudan a preferir, apreciar y elegir unas cosas en lugar de otras, o un comportamiento en lugar de otro (AQ, Ana Caldas). 

El apóstol Pablo cuando escribe la carta a la iglesia en Roma, les dice que no imiten las conductas ni costumbres del mundo, sino que permitan que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar (Rom.12:2). La mente es un componente muy importante y poderoso en el ser humano. Todo lo que es captado por los ojos, escuchado a través de nuestros oídos, percibido por nuestro olfato, tocado por nuestras manos y pies y hablado por nuestra boca, es procesado en nuestra mente e interpretado de acuerdo a esos valores que rigen nuestra vida. Es entonces cuando manifestamos un comportamiento definido. 

¿Qué tal sería si nuestro comportamiento, valores, principios y acciones fueran el resultado de una mente que piensa desde la fe? 

Pensar desde la fe, es tener en mente lo que Dios dice en Su palabra tocante a los asuntos relevantes de la vida que tienen repercusión en lo eterno. Pensar desde la fe es vivir las instrucciones de Dios desde nuestro ser interior. Pensar desde la fe es el resultado de una vida llena del Espíritu Santo que busca glorificar a Dios a través de los pensamientos, acciones y palabras. 

Cuando Jesús le preguntó a sus discípulos quién era él de acuerdo a ellos, ninguno pudo contestar hasta tanto Pedro no recibió revelación del Padre. Pensar desde la fe se convierte en un reto porque aunque no anula nuestras ideas o perspectiva de vida, nos ayuda a canalizar nuestra vida dando como resultado una vida productiva. 

Jesús nos enseñó a pensar desde la fe cuando enseñó el reglamento del reino conocido como el Sermón del Monte. En las bienaventuranzas vemos unos principios establecidos tales como: la justicia, la dependencia de Dios, la humildad, la compasión, la pureza del corazón, la paz y aún la persecusión (Mateo 5). 

Cuando pensamos desde la fe sabemos cuál es nuestra identidad; sabemos el propósito de vida por el cual existimos, aprendemos a depender de Dios más que de nuestras habilidades y conocimientos. Pensar desde la fe es manifestar a Jesús en nuestras vidas de modo que seamos invisibles ante el mundo y revelemos a Dios. 

Pensar desde la fe es aplicar el consejo del apóstol Pablo a la iglesia de Filipos: Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrese en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza (4:8). 

Tenemos ante nosotros un gran reto y es de pensar desde la fe. La iglesia debe ser el status quo del mundo y son ellos quienes deberían unirse a nosotros. Seamos el resultado de personas que han visto a Dios, lo han conocido y han permitido un cambio de naturaleza.  

…todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado! 2 Corintios 5:17 

«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (Ultima Parte) Transición

A través de los escritos anteriores hemos podido ver la transición a la cual Dios nos quiere llevar, desde simples seguidores hasta verdaderos discípulos. Aún en la experiencia de ser discípulos debemos de seguir transicionando a nuevos niveles de gloria.

El profeta Isaías dijo lo siguiente:

Las cosas pasadas se han cumplido, y ahora anuncio cosas nuevas; ¡las anuncio antes que sucedan! Isaías 42:9

Dios tiene la capacidad de revelar el futuro a sus hijos para que anden apercibidos y no sean tomados por sorpresa. El proverbista dijo en el capítulom22 verso 3 que aquel que es prudente puede discernir el peligro y lo evita, pero el que no tiene el discernimiento sufre las consecuencias.

La revelación del Maestro en la vida del discípulo lo lleva a transicionar de gloria en gloria. Esta comienza en el interior pues tiene el propósito primordial de amoldar y atemperar a lo nuevo que se ha de manifestar. Es progresiva en la experiencia del dicípulo pues Dios lo lleva paso a paso. Esa revelación va mucho más allá de una revelación futurística, es una revelación presente, interna y almática.

Es a través de esa revelación donde se aprende la grandeza del servicio la cual consiste en atender las necesidades de otros. Se recibe visión para la necesidad y también se conoce el carácter.

La revelación nos va llevando a efectuar una oración eficaz que no solo consiste en un pedido a Dios, nos muestra la necesidad paternal, la presencia de Dios, las prioridades, la provisión de Dios, el perdón de Dios, el poder sobre Satanás y la participación en lo divino.

Cuando todos estos elementos en la visión van tomando forma en el discípulo, entonces se está preparado para recibir una asignación misional. Lo que el apóstol Pablo le dijo a la iglesia en Éfeso toma vida, es a saber, el discípulo se convierte en un ministro del Señor, en un servidor que entiende que ha sido llamado para perfeccionar a los santos para que puedan efectuar con eficacia el servicio. Impulsa a otros a llegar a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios para que no sean engañados ni movidos y para que crezcan en todo.

El discípulo se convierte en un cristiano efectivo cuando entiende que su meta es llegar a la medida del varón perfecto; a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Hemos sido llamados por Dios para transicionar entendiendo que todo esto se va efectuando diariamente hasta que Cristo venga. ¿En qué etapa estás?

«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (Quinta Parte) Transición

Los discípulos de Jesús entran en un proceso de aprendizaje permanente para vivir la misma vida que el Maestro vivió (Cuarta parte).

El discipulado es ahora un estilo de vida: pensamientos, vocabulario, acciones y relaciones son completamente diferentes a nuestra vida pasada. Veamos 3 elementos vitales en este nuevo estilo de vida:

Llamamiento 2 Timoteo 1:9; 1 Pedro 1:13-16

La salvación y la santidad son producto del designio de Dios para nosotros y no de una iniciativa humana, por lo tanto, esa iniciativa de Dios debe reflejarse en toda nuestra vida. La santidad es un comportamiento provocado por un corazón arrepentido y es una cualidad fundamental de Dios siendo una virtud indispensable de todo aquel que es discípulo del Señor. Es reflejada en el carácter, en nuestras acciones, en nuestro hablar y en nuestro testimonio.

Esa santidad proviene de una asociación con la presencia de Jehová y es impartida. Donde Dios está, su presencia santifica o juzga. Es impartida donde su presencia es bienvenida y donde es rechazada, inexorablemente trae juicio. La santidad nos lleva de simples seguidores a verdaderos discípulos del Señor,

Crecimiento Filipenses 1:6; Efesios 4:20-22; 1 Pedro 1:4; Colosenses 3:12-17

La iniciativa de Dios en llamarnos es una de gran escala y grandes dimensiones pues consta de un plan determinado aún desde antes de nacer. Su llamado nos lleva a internalizar que su plan es perfecto y que lo que ha dicho que hará ciertamente lo hará. Él tiene el control aunque todo se vea mal o sin aparente salida. De algo puedes estar seguro, lo que él diseñó en la eternidad, ciertamente se cumplirá.

Cuando estamos en esta nueva vida el cambio no es opcional, es manifestado en nuestras vidas por el Espíritu Santo para manifestar la nueva naturaleza y sus virtudes. Estas son: el afecto entrañable, la bondad, la humildad, la amabilidad, la paciencia, la tolerancia y el perdón.

Ese crecimiento que se va efectuando gradualmente producto de la obediencia a Dios nos lleva a la madurez. La Palabra de Dios es aplicada a la vida diaria y como resultado nuestros principios y valores son afectados de manera positiva. El escritor a los Hebreos capítulo 13 verso 21, lo pone de esta manera:

Que él [Dios] los capacite en todo lo bueno para hacer su voluntad. Y que, por medio de Jesucristo, Dios cumpla en nosotros lo que le agrada.

El tercer y último elemento lo consideraremos en el próximo escrito.

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (cuarta Parte) Transición

Dios quiere llevar a los creyentes a una relación más profunda con él, ¡es la del discipulado como estilo de vida!

Un discípulo es un aprendiz que sigue la enseñanza de un maestro procurando entender e incorporar las enseñanzas a su vida diaria. Aquellos doce que Jesús llamó, los convirtió en discípulos. Estuvieron bajo su ministerio durante tres años y medio aproximadamente. Llegaron a parecerse tanto a Jesús, que su hablar, su manera de accionar reflejaba que habían estado con el Maestro. Estos discípulos recibieron la Gran Comisión de parte de Jesús, la cumplieron y hoy, dos mil y un poco más de años, hay más de 2 billones de cristianos en el mundo.

Ser discípulo es más que una relación frívola o lejana es una vivencia que trae sufrimiento, negación y llevar la cruz (Mateo 11:29; Lucas 9:22-25). Quien quiera ser discípulo de Jesús, necesita entender el costo, el sacrificio, y la entrega que debe tener para así ganar a otros para el reino de los cielos.

Un discípulo debe de tener prioridades bien establecidas, debe ser luz del mundo en cualquier ambiente, debe tener el carácter de Cristo, sensible y sometido al Espíritu Santo. También ser gobernado por la autoridad de la Palabra de Dios, vivir moralmente puro, compartir las buenas nuevas de salvación. Alguien que se involucra en la comunidad bíblica, gobernado por el Espíritu Santo y no por lo que tiene y más importante, vive con propósito (Efesios 1:11-12).

Los discípulos de Jesús entran a un proceso de aprendizaje permanente para vivir la misma vida que el Maestro vivió. La vida de Jesús es la perfecta expresión de la voluntad de Dios la cual lleva a un nivel de producción donde desarrollan a otros discípulos que serán mayores que ellos.

Dios le da hombres y mujeres a su iglesia para que capaciten a los santos para:

  1. La obra del servicio- servir es ponerse a la disposición de otros con el propósito de que crezcan en el Señor.
  2. La edificación del cuerpo de Cristo- a medida que los discípulos se reproducen en otros, el cuerpo de Cristo, la iglesia, sigue siendo perfeccionada, afirmada y edificada.
  3. Llegar a la unidad de la fe.
  4. Llegar al conocimiento del Hijo de Dios.
  5. Que no seamos niños inmaduros.

La transición nos ha llevado a ser discípulos del Señor, comenzando con un llamado a seguir a Cristo, tomando una posición firme de creer que Él nos llevará hacia su propósito el cual fue diseñado en la eternidad. En este discipulado el proceso se hará más intenso porque tiene el propósito de llevarnos de gloria en gloria; de hacernos formadores de discípulos y de que seamos fieles retratos del Señor que nos llamó. ¿Qué va a suceder con nosotros y en nosotros de aquí en adelante?

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (tercera parte) Transición

Jesús llamó a doce hombres a un proceso de transición que comenzó como seguidores y los llevó hacia discípulos transformados. Aunque los evangelios registran que Jesús les hizo tres llamados: primero los invita a seguirle, segundo dejan todo y tercero los hace apóstoles (segunda parte).

¿Qué es un creyente?

Un creyente es alguien que profesa una fe determinada y con frecuencia se congrega con otros miembros de algún templo perteneciente a una religión en particular.

La iglesia de Corinto en parte estaba compuesta por creyentes. Estos eran conocidos como iglesia de Dios, santificados e invocadores del nombre de Jesús. No les faltaba ningún don y esperaban con ansías la venida del Señor Jesucristo.

¿Cuáles eran algunas de las características de estos creyentes? Esta iglesia tenía divisiones pues unos decían ser de Pablo, de Pedro, de Cristo y de Apolos (1). Eran inmaduros pues había entre ellos celos y contiendas (3). Permitían inmoralidad sexual (5); había pleitos (6), desorden (11), problemas en la Cena del Señor (11), y algunos negaban la resurrección (15).

Podemos presentar el ejemplo de Cornelio narrado en Hechos 10. Este era un hombre que amaba a Dios; junto a su familia adoraban a Dios y daban ofrendas. Era un hombre que oraba y Dios estaba contento con lo que hacía. PERO, le faltaba algo y el Señor a través de un ángel le dio órdenes de que enviara a buscar a Pedro quien le daría instrucciones tocante a la salvación.

La etapa o el proceso de ser creyente es uno que debemos pasar todos los que reciben a Jesús como Señor y Salvador, pero no es el destino final. Dios quiere llevar a los creyentes a una relación más profunda con él.

Cristo nos hace ver que la relación que debemos anhelar va mucho más allá que pronunciar su nombre o decir que le conocemos. En Mateo 7 versos 21 al 23 vemos que al final de los días cuando los hombre se presenten delante de Dios algunos reclamaran que profetizaron en nombre de Dios, expulsaron fuera demonios e hicieron milagros. El Señor les dirá que no fue suficiente, que su relación no era de profundidad con él por lo tanto, no les reconocía. Solo entraran en el reino de los cielos aquellos que verdaderamente hacen la voluntad del Padre.

¡De creyentes pasemos a ser discípulos del Señor!

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (2nda Parte) Transición

«En nuestra relación con Cristo, lo que nos define no es qué hacemos sino quiénes somos en él» (Primera Parte).

Miremos de cerca cómo nos relacionamos con el Señor y cómo cada relación nos debe llevar a una transición hasta que «lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo» (Efesios 4:13).

La forma de vida del cristiano tiene que estar en armonía con las verdades que profesa creer.

¿Qué es un seguidor?

Es un esclavo del status quo del mundo; carecedor de una visión; no motivador de personas que le rodean con el fin de que mejoren sus vidas. Un seguidor es un simpatizante de una ideología o campaña presentada por un líder. Podríamos decir que ser seguidor es el inicio de todo aquel que se entrega al Señor y que es alcanzado por su amor y misericordia.

¿Qué tipo de seguidor eres tú?

Hay seguidores que muestran baja participación más tienen un alto pensamiento crítico. Se sienten robados y menospreciados porque después de haber realizado un trabajo excelente nadie los ha reconocido. Son capaces de resolver problemas pero no tienen la disposición para hacerlo. A este seguidor le conocemos como el enajenado.

Otros, son altos en participación pero no tienen un pensamiento crítico. Hacen lo que se les manda pero no piensan en las consecuencias. Estos son conformistas. Los seguidores pasivos son aquellos que observan y esperan que sean los demás los que tomen la iniciativa. Los pragmáticos están condicionados por las circunstancias; conocen cómo se hacen las cosas pero están de lejos. Al contrario de estos, tenemos al seguidor efectivo que tiene pensamiento crítico, participa, tiene valor para iniciar cambios y enfrentar conflictos. Es alguien en quien se puede confiar.

¿Qué hacen los seguidores?

Se juntan para eventos, quieren ser partícipes de milagros pero no tienen un compromiso profundo con Dios. No tienen como prioridad las cosas de Dios. Toda diversión, evento, amistad, trabajo los distrae y se cumple lo que Cristo señaló en la parábola del sembrador; unos son ahogados por los afanes del mundo; a otros, el enemigo le arrebata la enseñanza recibida y otros por no tener raíz mueren.

Jesús llamó a doce hombres a un proceso de transición que comenzó como seguidores y los llevó hacia discípulos transformados. Aunque los evangelios registran que Jesús les hizo tres llamados: primero los invita a seguirle, segundo dejan todo y tercero los hace apóstoles.

Si eres un seguidor, estás en la primera parte del llamado. No te desanimes y continúa dejando que el Maestro te moldee a su manera. Ahora, no te acostumbres a ser un seguidor, hay más para ti.

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (1era Parte) Transición

La vida del ser humano se compone de relaciones con otros seres humanos. Estas relaciones pueden ser de carácter paternal/filial, matrimonial, laboral, escolar, eclesiástica, etc. Cada una de ellas está regulada por las leyes e instituciones de la interpretación social.

Para que las relaciones interpersonales sean efectivas, cada una de las partes debe tener un conocimiento claro y definido de su rol específico en tal relación. Esto ayuda a evaluar, balancear, apreciar o rechazar dicha relación. Estas relaciones permiten alcanzar ciertos objetivos necesarios para el desarrollo en una sociedad, y también se utiliza como un medio para obtener ciertos beneficios.

Ninguna relación es estática, de lo contrario sería monotona, repetitiva, y hasta fastidiosa. Por lo tanto, toda relación transiciona; no se queda igual, se mueve hacia cosas mejores.

Transición es la acción y efecto de pasar de un modo de ser a otro distinto. Significa que una etapa o proceso termina para darle paso a otro. Toda transición involucra cambios drásticos los cuales son necesarios para llevar esa relación a otro nivel.

Desde el principio de la creación, Dios ha querido relacionarse con el ser humano que fue formado con sus manos a su imagen y semejanza. Siendo él quien creó y formó todas las cosas, se reserva el derecho de establecer cuáles serán las reglas de esa relación. Se puede estar seguro de que Dios llevará al hombre y a la mujer en ese proceso de transición de escalón a escalón. Por esa razón, cuando Dios forma al hombre, le da ordenanzas e instrucciones de cómo mantener esa relación con él. Lo mismo sucedió más adelante con el pueblo de Israel. Dios, a través de su siervo Moisés, les dio leyes, mandamientos y ordenanzas para así formar un pueblo que estuviera en conformidad con los estándares de conducta que Dios exigía.

Muchos años más adelante, llega Jesús-el Emanuel, «Dios con nosotros» para restablecer la relación que el hombre había roto con Dios reconciliándole a través de su sacrificio. Esa relación ahora con Dios, debe ser de su agrado para que se pueda transicionar a niveles más elevados. Hay que ajustarse a sus demandas y ser obedientes en todo aquello que él pide.

«Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:17). «Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús» (Romanos 8:1).

Los seres humanos se enfocan mucho en la acción, en lo que se puede lograr y en las metas personales y así obtener reconocimiento de los demás. El slogan del mundo es «dime qué haces; qué estudiaste; dónde trabajas; cuánto dinero tienes y entonces definiré quién eres’. Le da más importancia a lo que se hace más que a la persona que realiza las cosas. Por el contrario, en la relación con Cristo, lo que define no es lo que se hace sino quién eres en él.

¿Por qué enfocarse tanto en lo que se hace si lo más importante es quién eres ante él?

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Mayordomos Incompletos

¿Te acuerdas de la parábola narrada por Jesús del hombre rico que se jactaba de la ganancia de sus bienes? Esta se encuentra en Lucas 12 versos 12 al 21.

Allí se nos presenta a un hombre rico, con una hacienda muy productiva y por lo tanto, con un futuro halagador. Él había preparado el terreno de tal manera que éste era muy fértil. Lo que sembró produjo una cosecha inesperada abundante de tal manera que puso a este hombre a pensar qué haría con tanta cosecha. Se dio cuenta de que sus almacenes eran muy limitados en espacio para la nueva cosecha. En su mente trazó un plan de derribar los graneros actuales y construirlos más grandes, con más capacidad de almacenaje. Este hombre no solo tenía una cosecha abundante, su capacidad e inteligencia lo habían llevado a adquirir muchos bienes.

Cada uno de nosotros es un mayordomo que tiene a disposición diferentes recursos que no necesariamente son finanzas. Estos pueden ser el matrimonio, el trabajo, el ministerio, el tiempo, la casa, el carro y usted puede nombrar muchas más.

¿Que tenía este hombre digno de imitar?

Primero, era sabio pues aplicó el conocimiento adquirido en cuanto a la agricultura para obtener buenas cosechas. La sabiduría es tener la capacidad de aplicar el conocimiento a las diferentes situaciones de la vida para obtener mejores resultados. Lo segundo en este hombre era su visión. Preparó un plan para el futuro de su cosecha y su sustento. La preparación para seguir obteniendo resultados favorables en nuestra mayordomía depende de un buen plan a seguir. Lo tercero que vemos en este hombre es que entendió que lo que tenía lo llevaría a estar libre de preocupaciones, sustento a granel, complacencia y reposo.

¿Cuál fue su problema? ¡Su egocentrismo! Creyó que la vida giraba en torno a él solamente. No le dio gloria a Dios por los resultados obtenidos y se entronó; no pensó en compartir c on aquellos desamparados a su alrededor, y según él, su inteligencia y sabiduría eran innatas en él y debido a ello obtuvo el resultado de una gran cosecha.

Nos convertimos en mayordomos incompletos cuando no pensamos en los demás. Si tienes un matrimonio exitoso, ayuda a quien está lidiando con situaciones difíciles en su matrimonio. Si tienes un buen trabajo, trata de ayudar a tu hermano o amigo que no tiene. Si estás cómodo financieramente, procura extender tu mano hacia el necesitado.

No te creas el autosuficiente. Las aves de los cielos son alimentadas por Dios; los lirios del campo son embellecidos por Dios. Lo que tienes es producto no necesariamente por tu fidelidad, pero si por la fidelidad de Dios que nos bendice.

Para ser un mayordomo completo se necesita reconocer nuestra dependencia de Dios, hacer uso de los principios bíblicos, tener amor sincero, reconocer que la sabiduría comienza con el temor a Dios, echar a un lado la arrogancia y el orgullo, entender de que aún nosotros le pertenecemos a Dios.

Ten cuidado porque puedes hoy escuchar la misma voz y el mismo mensaje que escuchó este rico de la parábola.

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Qué Aprendiste de tu Error?

¿Cuál deporte es tu favorito? ¿Soccer, béisbol, baloncesto, futból americano, hockey, boxeo? Si eres un fanático del deporte conoces acerca de lo que es ser un apasionado por un equipo o un atleta. ¡Cómo se sufre cuando un jugador comete un error y se pierde por causa de ello! Cuando mi equipo pierde, no quiero saber nada de deportes hasta 3 ó 4 días después. Es como un sabor amargo en la boca. Un error por un jugador de un equipo o por un atleta en deportes individuales, puede llevar a la ruina a muchos. Tiene que esperar hasta la próxima temporada o hasta la próxima oportunidad para rectificar el error cometido.

En la vida al igual que el deporte se cometen errores que cuestan lágrimas, dolor y sufrimiento. Lo más doloroso es que en algunos casos no hay una segunda oportunidad.

Cuando pienso en Dios y leo acerca de él en la Biblia, lo veo como un Dios de segundas y hasta terceras oportunidades. Es como si Dios nos da un espacio en nuestras vidas para meditar en nuestras acciones pasadas y también en aquellas palabras que han salido por nuestra boca para que hagamos un análisis sincero y rectifiquemos el error cometido.

En Génesis 17 verso 1, Dios se le revela a Abram cuando tenía nada más y nada menos que ¡99 años! El Señor le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de mí y se íntegro». Si no supiéramos las historia de este personaje, no podríamos entender por qué Dios le pide que sea íntegro. Permíteme contarte.

Catorce años antes, Abram junto con su esposa Saraí habían llegado a un acuerdo. Se estaban poniendo viejos y Dios no había cumplido la promesa de darles un hijo. ¡Decidieron entonces darle una ayuda a Dios! Abram se acostaría con Agar, quien era la esclava de Saraí, tendría relaciones sexuales con ella y esperaban que quedara encinta. Así tendrían descendencia y verían las promesas de Dios cumplirse. Pero se les olvidó lo más importante, ¡consultar a Dios!

Los errores más grandes se cometen cuando planeamos y ejecutamos planes de vida olvidándonos que ya Dios diseñó un plan para cada uno. No se puede realizar una construcción sin unos planos pues se olvidarían u omitirían detalles importantes que luego saldrían a la luz y el costo seria mucho más que si hubiéramos prestado atención a los planos.

El salmista expresó lo siguiente: «El Señor dirige los pasos del hombre y lo pone en el camino que a él le agrada; aun cuando caiga, no quedará caído, porque el Señor lo tiene de la mano» (Salmos 37:23-24).

Es muy probable que hoy leyendo este blog digas ya es muy tarde, el mal ya está hecho. Es cierto, que no podemos arreglar 100% los errores cometidos PERO se puede aprender de ellos y no cometerlos en el futuro. Abram y Saraí tuvieron que sufrir por el error cometido pero luego Dios cumplió su promesa dándoles a Isaac.

Dios dirige tus pasos si tu entregas tu voluntad a él. En una ocasión el rey David quiso traer el arca del pacto a Jerusalén pero no siguió las indicaciones y un hombre pagó con su vida. Esto trajo mucha tristeza al corazón de David. Lo intentó una vez más, pero esta vez siguió las indicaciones de Dios y fue un día glorioso en la historia del pueblo y del rey.

Puede ser que necesites buscar a esa persona que ofendiste y pedirle perdón o necesitas devolver lo que tomaste sin permiso. Posiblemente por tus acciones se rompió una relación, pide perdón y aunque no puedas rehacerla, aprende de tus errores para que en la próxima no los repitas. Alguien dijo que quien no aprende de sus errores, los volverá a repetir.

Dios te pide que andes delante de él o sea que tus acciones sean congruentes con Su palabra y también te pide que le sirvas llevando una vida intachable. No permitas que tu pasado empañe tu presente y distorsione tu futuro. Lo más importante que puedes aprender de tus errores, es que no eres autosuficiente. ¡Necesitas depender de Dios!

«Piensa y Acciona»

Nacho

Comienza a Mirar Desde Arriba (Conclusión)

El águila es la única ave que puede sobrevolar las tormentas, remontarse a las alturas, ver por encima de la tempestad, y no ser arrastrada por los vientos. Ella no se escapa de la tormenta, simplemente usa la tormenta para levantarse más alto. Antes de que la tormenta comience, su instinto se activa y esta se prepara. ¡Es impresionante como un ave puede predecir y saber qué hacer en la tormenta! Podemos aprender del águila y elevarnos por encima de todo para tener una visión más clara de los asuntos importantes de la vida.

Hay tormentas que se han levantado contra los hijos de Dios y ha arrastrado algunos de ellos. Las iglesias de Galacia fueron arrastradas por la tormenta de un nuevo y diferente evangelio. El apóstol Pablo cuando les escribe les da a conocer su asombro porque habían abandonado el evangelio de la gracia del Señor y ahora estaban confundidos (Gálatas 1:6,7).

Son muchos los que hoy predican un evangelio que es solo apariencia y muchos están siendo engañados. Tenemos el evangelio del espectáculo y show, el evangelio de la falsa prosperidad, el de reglamentos humanistas y hasta el de pirámides.

Hoy, al igual que en el tiempo del profeta Isaías, Dios vuelve a reprender la hipocresía de muchos en su pueblo. Vivamos a Cristo y dejemos las apariencias religiosas; reflejemos a Cristo en nuestras acciones, palabras y pensamientos y retomemos el compromiso de vivir la Palabra siendo dirigidos por el Espíritu Santo.

Cuando Saúl fue reprendido por el profeta Samuel, esto fue lo que escuchó: El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de los carneros (1 Samuel 15:22-23).

Aunque lo que hacemos en el Señor nos hace sentir bien, esa no es la meta. La meta es agradar a Dios en todo lo que hacemos, decimos y pensamos. Colosenses 3:23-24 dice lo siguiente, «Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor».

Cuando nuestra única satisfacción es sentirnos bien, lucir bien y enfocarnos en nosotros, hemos perdido el sentido correcto de nuestra relación con Dios. Necesitamos re-enfocarnos y comenzar a mirar desde arriba.

¿Qué necesitamos?

Necesitamos una visión de futuro para reconstruir, que tenga nuevos modelos que puedan aguantar el embate del tiempo, los elementos de la naturaleza y el ataque del enemigo. Busquemos las causas por las cuales se deterioró nuestra visión, rompamos lo que ya no rinde buenos resultados, utilicemos los mejores materiales, dejemos nuestros caminos, nuestras formas, nuestras malas actitudes y sigamos las instrucciones de Dios para que podamos vivir una vida de altura y desde allá veamos claramente el escenario donde nos estaremos moviendo.

«Piensa y Acciona»

Nacho