En 1996 llegó a la pantalla grande una película que daría origen a una de las sagas de espionaje más exitosas del cine: Misión: Imposible. Desde entonces, Ethan Hunt ha enfrentado una sucesión de desafíos que parecen imposibles de superar. En la primera entrega fue acusado de traición y obligado a descubrir al verdadero culpable mientras huía de sus propios compañeros. En la segunda tuvo que impedir que un virus mortal cayera en manos equivocadas. En la tercera arriesgó todo para proteger a su esposa y enfrentar a un despiadado traficante internacional.
La misión continuó cuando el gobierno desmanteló su propia agencia y él tuvo que evitar una guerra nuclear sin apoyo oficial. Más adelante se enfrentó a una organización secreta formada por antiguos agentes que operaban en las sombras, y luego a un grupo terrorista dispuesto a utilizar armas nucleares para sembrar el caos mundial. Cuando parecía que nada podía superar esas amenazas, apareció un enemigo invisible: una inteligencia artificial capaz de manipular la información, controlar sistemas enteros y poner en peligro el equilibrio del planeta. La historia concluye con una carrera contra el tiempo para impedir que esa fuerza alcance un poder absoluto.
Cada película presenta un escenario diferente, nuevos adversarios y mayores riesgos, pero todas conservan un elemento común: existe una misión que debe cumplirse, un propósito que no puede abandonarse y un compromiso que exige valentía, sacrificio, estrategia, perseverancia y trabajo en equipo.
La iglesia, diseñada desde la eternidad en el propósito soberano de Dios y establecida públicamente en Pentecostés, existe para cumplir una misión divina. Esa misión no puede ser abortada por el desánimo, descuidada por la indiferencia ni alterada por las corrientes culturales de cada época. Su llamado es permanecer fiel a las palabras de Jesucristo y ejecutar con obediencia el encargo que Él mismo le encomendó hasta el fin de los tiempos.
Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo (Mateo 28:19 NVI).
Les dijo: —Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas noticias a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado (Marcos 16:15-16).
La misión de la iglesia está claramente definida por Jesucristo: ir a todas las naciones, proclamar las buenas nuevas del reino, hacer discípulos, bautizar a quienes creen y enseñarles a obedecer todo lo que Él ha mandado. No es una misión ambigua ni sujeta a interpretación cultural; es un mandato directo, específico y permanente.
Si la misión es tan clara, surge una pregunta inevitable: ¿por qué la iglesia, en muchos lugares y momentos de su historia, ha perdido su enfoque? ¿En qué punto sustituyó el mandato de hacer discípulos por la comodidad, el activismo, el crecimiento numérico o las preferencias humanas? Más importante aún, ¿cómo puede reencontrarse con su propósito original y volver a cumplir con fidelidad el encargo que su Señor le encomendó?
¿Cómo nace la iglesia?
La expresión en griego ekklesía significa en general, “convocación”. En el AT, el vocablo correspondiente es qahal y designa a la congregación de Israel. La LXX traduce qahal por ekklesía y emplea la expresión ekklesía tu theu, “Iglesia de Dios”, referida a la asamblea del pueblo en el Sinaí; otro tanto hace Esteban al referirse a “la congregación” que estuvo con Moisés en el desierto (Hechos 7:38). Es probable que el uso de ekklesía en la LXX influyera en su utilización por parte de los cristianos.
En el NT el vocablo ekklesía se constata 114 veces, y suele referirse a los fieles mismos, estén reunidos en un lugar determinado o no. En este sentido puede referirse a:
- La totalidad de los que profesan la fe en Cristo, sin fronteras de tiempo y espacio (1 Corintios 12:13; Efesios 1:22-23; Hebreos 12:23).
- Comunidades cristianas particulares en determinadas ciudades: Jerusalén (Hechos 8:1; Gálatas 1:2); Corinto, Éfeso, Tesalónica, etc.; o regiones: Iglesias de Judea (gálatas 1:22; 1 Tesalonicenses 2:14).
- Asambleas de esas comunidades y los lugares donde se reunían (Romanos 16:5; 1 Corintios 11:18; 14:19,28). Una asamblea particular en una casa, por ejemplo, la de Aquila y Priscila (1 Corintios 16:19);o una familia de creyentes (Romanos 16:5; Colosenses 4:14 y Filemón v 2).
(Toda esta información fue tomada de Gran Diccionario Enciclopédico de La Biblia, editor general, Alfonso Ropero Berzosa, páginas 1220 y 1221).
La iglesia nace como resultado de la obra redentora de Jesucristo y se manifiesta públicamente cuando el Espíritu Santo es derramado sobre los discípulos el día de Pentecostés (Hechos 2). A partir de ese momento, la comunidad de los creyentes deja de ser un grupo de seguidores atemorizados para convertirse en un cuerpo vivo, capacitado por el Espíritu para proclamar el evangelio, hacer discípulos y dar testimonio de Cristo hasta lo último de la tierra.
Sin embargo, el nacimiento de la iglesia no debe entenderse únicamente como un acontecimiento histórico, sino como la materialización en el tiempo de un propósito concebido desde la eternidad. Jesús afirmó: «Edificaré mi iglesia» (Mateo 16:18), revelando que ella no es una invención humana ni el resultado de una organización religiosa, sino una comunidad establecida por Dios, edificada sobre la persona y la obra de Cristo, sostenida por el Espíritu Santo y enviada al mundo con una misión específica.
Por ello, Pentecostés no representa el inicio de una institución, sino el comienzo visible de un pueblo redimido, llamado a vivir en comunión con Dios, a reflejar el carácter de Cristo y a extender el reino de los cielos mediante la proclamación del evangelio (1 Pedro 2:9). Desde sus primeros días, la iglesia nació con una identidad clara y con una misión inseparable de su existencia: glorificar a Dios y anunciar la salvación en Jesucristo a todas las naciones.
Propósito de existencia de la iglesia
El propósito de existencia de algo es la razón fundamental por la cual ese algo existe, su objetivo principal o la misión que vino a cumplir (RAE). Es el “para qué” que justifica el hecho de que algo o alguien esté presente en el mundo. Si todo aquello que existe posee un propósito que define su razón de ser, entonces resulta indispensable preguntarnos cuál es la naturaleza de la iglesia y cómo esa naturaleza determina su misión en el mundo. La respuesta a esta interrogante no solo aclarará su identidad, sino también la manera en que debe vivir, organizarse y cumplir el mandato que recibió de su Señor.
¿Es la iglesia un organismo o una institución? ¿Cómo puede preservar la vida que recibe de Cristo mientras mantiene un orden bíblico que le permita cumplir fielmente la misión que él le encomendó?
La iglesia es la comunidad de todos los creyentes unidos a Jesucristo por la fe y regenerados por la obra del Espíritu Santo. En su dimensión universal constituye el cuerpo de Cristo (Efesios 1:22-23; 1 Corintios 12:13), mientras que en su dimensión visible se manifiesta en congregaciones locales que se reúnen para adorar a Dios, proclamar el evangelio, administrar las ordenanzas y edificar a los santos (Hechos 2:42-47; Romanos 16:5). La iglesia es un organismo vivo porque tiene la vida de Cristo como centro y su misión tiene como núcleo la resurrección de Jesús, dominio y autoridad. La iglesia posee características propias de un ser vivo:
- Tiene una cabeza: Jesucristo (Colosenses 1:18).
- Tiene vida espiritual impartida por el Espíritu Santo (Romanos 8:9-11).
- Sus miembros son interdependientes (1 Corintios 12:12-27).
- Crece, madura y se desarrolla (Efesios 4:15-16).
- Produce fruto (Juan 15:1-8).
Los organismos se reproducen y continúan un ciclo de vida. Los organismos están compuestos por diferentes sistemas y órganos que trabajan juntos para mantener su vida y llevar a cabo funciones vitales. Tienen la capacidad de crecer, reproducirse, responder a estímulos del entorno y adaptarse a los cambios. Cada organismo tiene sus propias características y necesidades, y depende de su entorno para obtener alimento, agua y energía. Los organismos pueden variar en tamaño, forma y complejidad, pero todos comparten la característica fundamental de estar vivos (proferecursos.com, consultado en 6-15-2026).
Aunque la iglesia se organiza en congregaciones locales con liderazgo, orden y principios de gobierno, su identidad no puede reducirse a una institución religiosa. Cuando la iglesia se define únicamente por sus estructuras, reglamentos, edificios o programas, corre el riesgo de sustituir su naturaleza espiritual por un modelo organizacional semejante al de cualquier institución humana. La iglesia fue llamada a estar en el mundo, pero no a conformarse a él (Romanos 12:2); es el pueblo redimido de Dios, el cuerpo de Cristo y el templo del Espíritu Santo, cuya razón de ser no es su propia conservación, sino la glorificación de Dios mediante el cumplimiento de su misión.
Continuará…
Piensa y Acciona
Nacho
