Seguidores-Creyentes-Discípulos (1era Parte) Transición

La vida del ser humano se compone de relaciones con otros seres humanos. Estas relaciones pueden ser de carácter paternal/filial, matrimonial, laboral, escolar, eclesiástica, etc. Cada una de ellas está regulada por las leyes e instituciones de la interpretación social.

Para que las relaciones interpersonales sean efectivas, cada una de las partes debe tener un conocimiento claro y definido de su rol específico en tal relación. Esto ayuda a evaluar, balancear, apreciar o rechazar dicha relación. Estas relaciones permiten alcanzar ciertos objetivos necesarios para el desarrollo en una sociedad, y también se utiliza como un medio para obtener ciertos beneficios.

Ninguna relación es estática, de lo contrario sería monotona, repetitiva, y hasta fastidiosa. Por lo tanto, toda relación transiciona; no se queda igual, se mueve hacia cosas mejores.

Transición es la acción y efecto de pasar de un modo de ser a otro distinto. Significa que una etapa o proceso termina para darle paso a otro. Toda transición involucra cambios drásticos los cuales son necesarios para llevar esa relación a otro nivel.

Desde el principio de la creación, Dios ha querido relacionarse con el ser humano que fue formado con sus manos a su imagen y semejanza. Siendo él quien creó y formó todas las cosas, se reserva el derecho de establecer cuáles serán las reglas de esa relación. Se puede estar seguro de que Dios llevará al hombre y a la mujer en ese proceso de transición de escalón a escalón. Por esa razón, cuando Dios forma al hombre, le da ordenanzas e instrucciones de cómo mantener esa relación con él. Lo mismo sucedió más adelante con el pueblo de Israel. Dios, a través de su siervo Moisés, les dio leyes, mandamientos y ordenanzas para así formar un pueblo que estuviera en conformidad con los estándares de conducta que Dios exigía.

Muchos años más adelante, llega Jesús-el Emanuel, «Dios con nosotros» para restablecer la relación que el hombre había roto con Dios reconciliándole a través de su sacrificio. Esa relación ahora con Dios, debe ser de su agrado para que se pueda transicionar a niveles más elevados. Hay que ajustarse a sus demandas y ser obedientes en todo aquello que él pide.

«Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:17). «Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús» (Romanos 8:1).

Los seres humanos se enfocan mucho en la acción, en lo que se puede lograr y en las metas personales y así obtener reconocimiento de los demás. El slogan del mundo es «dime qué haces; qué estudiaste; dónde trabajas; cuánto dinero tienes y entonces definiré quién eres’. Le da más importancia a lo que se hace más que a la persona que realiza las cosas. Por el contrario, en la relación con Cristo, lo que define no es lo que se hace sino quién eres en él.

¿Por qué enfocarse tanto en lo que se hace si lo más importante es quién eres ante él?

Continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho

Mayordomos Incompletos

¿Te acuerdas de la parábola narrada por Jesús del hombre rico que se jactaba de la ganancia de sus bienes? Esta se encuentra en Lucas 12 versos 12 al 21.

Allí se nos presenta a un hombre rico, con una hacienda muy productiva y por lo tanto, con un futuro halagador. Él había preparado el terreno de tal manera que éste era muy fértil. Lo que sembró produjo una cosecha inesperada abundante de tal manera que puso a este hombre a pensar qué haría con tanta cosecha. Se dio cuenta de que sus almacenes eran muy limitados en espacio para la nueva cosecha. En su mente trazó un plan de derribar los graneros actuales y construirlos más grandes, con más capacidad de almacenaje. Este hombre no solo tenía una cosecha abundante, su capacidad e inteligencia lo habían llevado a adquirir muchos bienes.

Cada uno de nosotros es un mayordomo que tiene a disposición diferentes recursos que no necesariamente son finanzas. Estos pueden ser el matrimonio, el trabajo, el ministerio, el tiempo, la casa, el carro y usted puede nombrar muchas más.

¿Que tenía este hombre digno de imitar?

Primero, era sabio pues aplicó el conocimiento adquirido en cuanto a la agricultura para obtener buenas cosechas. La sabiduría es tener la capacidad de aplicar el conocimiento a las diferentes situaciones de la vida para obtener mejores resultados. Lo segundo en este hombre era su visión. Preparó un plan para el futuro de su cosecha y su sustento. La preparación para seguir obteniendo resultados favorables en nuestra mayordomía depende de un buen plan a seguir. Lo tercero que vemos en este hombre es que entendió que lo que tenía lo llevaría a estar libre de preocupaciones, sustento a granel, complacencia y reposo.

¿Cuál fue su problema? ¡Su egocentrismo! Creyó que la vida giraba en torno a él solamente. No le dio gloria a Dios por los resultados obtenidos y se entronó; no pensó en compartir c on aquellos desamparados a su alrededor, y según él, su inteligencia y sabiduría eran innatas en él y debido a ello obtuvo el resultado de una gran cosecha.

Nos convertimos en mayordomos incompletos cuando no pensamos en los demás. Si tienes un matrimonio exitoso, ayuda a quien está lidiando con situaciones difíciles en su matrimonio. Si tienes un buen trabajo, trata de ayudar a tu hermano o amigo que no tiene. Si estás cómodo financieramente, procura extender tu mano hacia el necesitado.

No te creas el autosuficiente. Las aves de los cielos son alimentadas por Dios; los lirios del campo son embellecidos por Dios. Lo que tienes es producto no necesariamente por tu fidelidad, pero si por la fidelidad de Dios que nos bendice.

Para ser un mayordomo completo se necesita reconocer nuestra dependencia de Dios, hacer uso de los principios bíblicos, tener amor sincero, reconocer que la sabiduría comienza con el temor a Dios, echar a un lado la arrogancia y el orgullo, entender de que aún nosotros le pertenecemos a Dios.

Ten cuidado porque puedes hoy escuchar la misma voz y el mismo mensaje que escuchó este rico de la parábola.

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Qué Aprendiste de tu Error?

¿Cuál deporte es tu favorito? ¿Soccer, béisbol, baloncesto, futból americano, hockey, boxeo? Si eres un fanático del deporte conoces acerca de lo que es ser un apasionado por un equipo o un atleta. ¡Cómo se sufre cuando un jugador comete un error y se pierde por causa de ello! Cuando mi equipo pierde, no quiero saber nada de deportes hasta 3 ó 4 días después. Es como un sabor amargo en la boca. Un error por un jugador de un equipo o por un atleta en deportes individuales, puede llevar a la ruina a muchos. Tiene que esperar hasta la próxima temporada o hasta la próxima oportunidad para rectificar el error cometido.

En la vida al igual que el deporte se cometen errores que cuestan lágrimas, dolor y sufrimiento. Lo más doloroso es que en algunos casos no hay una segunda oportunidad.

Cuando pienso en Dios y leo acerca de él en la Biblia, lo veo como un Dios de segundas y hasta terceras oportunidades. Es como si Dios nos da un espacio en nuestras vidas para meditar en nuestras acciones pasadas y también en aquellas palabras que han salido por nuestra boca para que hagamos un análisis sincero y rectifiquemos el error cometido.

En Génesis 17 verso 1, Dios se le revela a Abram cuando tenía nada más y nada menos que ¡99 años! El Señor le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de mí y se íntegro». Si no supiéramos las historia de este personaje, no podríamos entender por qué Dios le pide que sea íntegro. Permíteme contarte.

Catorce años antes, Abram junto con su esposa Saraí habían llegado a un acuerdo. Se estaban poniendo viejos y Dios no había cumplido la promesa de darles un hijo. ¡Decidieron entonces darle una ayuda a Dios! Abram se acostaría con Agar, quien era la esclava de Saraí, tendría relaciones sexuales con ella y esperaban que quedara encinta. Así tendrían descendencia y verían las promesas de Dios cumplirse. Pero se les olvidó lo más importante, ¡consultar a Dios!

Los errores más grandes se cometen cuando planeamos y ejecutamos planes de vida olvidándonos que ya Dios diseñó un plan para cada uno. No se puede realizar una construcción sin unos planos pues se olvidarían u omitirían detalles importantes que luego saldrían a la luz y el costo seria mucho más que si hubiéramos prestado atención a los planos.

El salmista expresó lo siguiente: «El Señor dirige los pasos del hombre y lo pone en el camino que a él le agrada; aun cuando caiga, no quedará caído, porque el Señor lo tiene de la mano» (Salmos 37:23-24).

Es muy probable que hoy leyendo este blog digas ya es muy tarde, el mal ya está hecho. Es cierto, que no podemos arreglar 100% los errores cometidos PERO se puede aprender de ellos y no cometerlos en el futuro. Abram y Saraí tuvieron que sufrir por el error cometido pero luego Dios cumplió su promesa dándoles a Isaac.

Dios dirige tus pasos si tu entregas tu voluntad a él. En una ocasión el rey David quiso traer el arca del pacto a Jerusalén pero no siguió las indicaciones y un hombre pagó con su vida. Esto trajo mucha tristeza al corazón de David. Lo intentó una vez más, pero esta vez siguió las indicaciones de Dios y fue un día glorioso en la historia del pueblo y del rey.

Puede ser que necesites buscar a esa persona que ofendiste y pedirle perdón o necesitas devolver lo que tomaste sin permiso. Posiblemente por tus acciones se rompió una relación, pide perdón y aunque no puedas rehacerla, aprende de tus errores para que en la próxima no los repitas. Alguien dijo que quien no aprende de sus errores, los volverá a repetir.

Dios te pide que andes delante de él o sea que tus acciones sean congruentes con Su palabra y también te pide que le sirvas llevando una vida intachable. No permitas que tu pasado empañe tu presente y distorsione tu futuro. Lo más importante que puedes aprender de tus errores, es que no eres autosuficiente. ¡Necesitas depender de Dios!

«Piensa y Acciona»

Nacho

Comienza a Mirar Desde Arriba (Conclusión)

El águila es la única ave que puede sobrevolar las tormentas, remontarse a las alturas, ver por encima de la tempestad, y no ser arrastrada por los vientos. Ella no se escapa de la tormenta, simplemente usa la tormenta para levantarse más alto. Antes de que la tormenta comience, su instinto se activa y esta se prepara. ¡Es impresionante como un ave puede predecir y saber qué hacer en la tormenta! Podemos aprender del águila y elevarnos por encima de todo para tener una visión más clara de los asuntos importantes de la vida.

Hay tormentas que se han levantado contra los hijos de Dios y ha arrastrado algunos de ellos. Las iglesias de Galacia fueron arrastradas por la tormenta de un nuevo y diferente evangelio. El apóstol Pablo cuando les escribe les da a conocer su asombro porque habían abandonado el evangelio de la gracia del Señor y ahora estaban confundidos (Gálatas 1:6,7).

Son muchos los que hoy predican un evangelio que es solo apariencia y muchos están siendo engañados. Tenemos el evangelio del espectáculo y show, el evangelio de la falsa prosperidad, el de reglamentos humanistas y hasta el de pirámides.

Hoy, al igual que en el tiempo del profeta Isaías, Dios vuelve a reprender la hipocresía de muchos en su pueblo. Vivamos a Cristo y dejemos las apariencias religiosas; reflejemos a Cristo en nuestras acciones, palabras y pensamientos y retomemos el compromiso de vivir la Palabra siendo dirigidos por el Espíritu Santo.

Cuando Saúl fue reprendido por el profeta Samuel, esto fue lo que escuchó: El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de los carneros (1 Samuel 15:22-23).

Aunque lo que hacemos en el Señor nos hace sentir bien, esa no es la meta. La meta es agradar a Dios en todo lo que hacemos, decimos y pensamos. Colosenses 3:23-24 dice lo siguiente, «Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor».

Cuando nuestra única satisfacción es sentirnos bien, lucir bien y enfocarnos en nosotros, hemos perdido el sentido correcto de nuestra relación con Dios. Necesitamos re-enfocarnos y comenzar a mirar desde arriba.

¿Qué necesitamos?

Necesitamos una visión de futuro para reconstruir, que tenga nuevos modelos que puedan aguantar el embate del tiempo, los elementos de la naturaleza y el ataque del enemigo. Busquemos las causas por las cuales se deterioró nuestra visión, rompamos lo que ya no rinde buenos resultados, utilicemos los mejores materiales, dejemos nuestros caminos, nuestras formas, nuestras malas actitudes y sigamos las instrucciones de Dios para que podamos vivir una vida de altura y desde allá veamos claramente el escenario donde nos estaremos moviendo.

«Piensa y Acciona»

Nacho

Comienza a Mirar Desde Arriba

¡No siempre tenemos la razón!

Tener razón y demostrar que estamos en lo cierto es algo que a todos satisface. Es un refuerzo a la autoestima y un modo aparente de equilibrio. La necesidad de tener siempre la razón es un mal moderno capaz de afectar nuestra salud física y emocional. Quizás porque lo necesitamos o porque nos hace sentir seguros, muchas veces nos hace falta pensar que tenemos razón, que lo que vemos y lo que oímos es lo que sucede realmente y estamos dispuestos a defenderlo frente a cualquiera.

¿Sabes lo que es el síndrome de hubris? Es un concepto griego que significa «desmesura» (exagerar). Alude al ego desmedido, a la sensación de omnipotencia, al deseo de transgredir los límites que los dioses inmortales impusieron al hombre frágil y mortal. Y lleva implícito el desprecio hacia el espacio de los demás (segurosnews.com).

David Owen y el psiquiatra Jonathan Davidson propusieron que este síndrome fuera contemplado como un nuevo trastorno psiquiátrico. Según ellos, tiene 5 síntomas que lo caracterizan: propensión narcisista a ver el mundo como un escenario donde ejercitar el poder y buscar la gloria, tendencia a realizar acciones para autoglorificarse y ensalzar y mejorar su propia imagen, preocupación desmedida por la imagen y la presentación, excesiva confianza en su propio juicio y desprecio por el de los demás y autoconfianza exagerada (feuso.es).

Isaías 58: 11, 12 «El Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá a tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no agotan. Tu pueblo reconstruirá las ruinas antiguas y levantará los cimientos de antaño; serás llamado «reparador de muros destruidos», restaurador de calles transitables». Esta es una promesa de Dios para su pueblo pero tenían que arreglar sus vidas para que esto fuera una realidad.

Dios seleccionó para sí un pueblo en el cual depositaría su amor, el cual seguiría sus mandamientos y sería un pueblo que reflejara a Dios en sus acciones y de esta manera le mostraría a las demás naciones la grandeza de este Dios provocando que estos quisieran conocer al Dios de este pueblo.

La historia de este pueblo es fascinante pues vemos su trayectoria desde que solo era un hombre hasta convertirse en una nación con un territorio estable contando con el respeto de sus enemigos. Pasaron por momentos de esclavitud, en ocasiones fueron sacados de su propia tierra. Por otro lado, desobedecieron a Dios en múltiples ocasiones. Aún con su mal comportamiento, Dios le dice a través del profeta Jeremías, «Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí» (Jeremías 31:3). Oseas , el profeta les dice, «Lo atraje con cuerdas de ternura, lo atraje con lazos de amor. Le quité de la cerviz el yugo, y con ternura me acerqué para alimentarlo» (Oseas 11:4). Aún cuando estaban en cautiverio, Dios le dice, «Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes-afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza» (Jeremías 29:11).

Con toda esa manifestación de amor hacia ellos, el pueblo perpetuó conductas inapropiadas, pero mantenían una religiosidad pensando que podían engañar a Dios. El Señor tuvo que reprenderlos fuertemente pues querían chantajearlo. A través del profeta Isaías, dice el Señor, «Por cuanto este pueblo se me acerca con sus palabras y me honra con sus labios, pero aleja de mí su corazón, y su temor para conmigo fue enseñado por mandamientos de hombres» (Isaías 29:13). Su conducta reflejaba el síndrome de hubris pues querían exagerar lo poco que hacían en cuanto a cumplir con los mandamientos. Era como decirle a Dios, «mira todo lo que estamos haciendo para ti. Deberías de sentirte contento».

Vemos en este capítulo 58 de Isaías cómo ayunaba el pueblo y qué esperaban de Dios. Hacían negocios explotando a los obreros, ayunaban para pelear. Su ayuno llevaba el propósito de mostrar su aflicción, con cabeza baja, haciendo duelo y cubriéndose la cabeza de ceniza. Eran unos opresores, acusadores y tenían una lengua maliciosa. Luego de esto entraban en pelea con Dios acusándole de no prestarles atención a todo estos sacrificios que ellos realizaban.

¡Cuán equivocados estamos al tomar lo santo, livianamente y rutinario! Nuestra perspectiva de los asuntos espirituales si no está alineada a la Palabra de Dios está completamente errónea. Necesitamos enfocarnos en la voluntad agradable y perfecta de Dios.

La pureza del evangelio es suficiente y eficaz ya que se basa en la persona de Jesús y su obra de salvación. No hay necesidad de aparentar una vida piadosa a través de obras o actos religiosos. Dios siempre reprenderá esta actitud. Lo vemos cuando Juan recibió la visión y el Señor le dice que escriba al ángel de la iglesia de Éfeso: a pesar de las obras que realizaban, se olvidaron de lo más importante, ¡la pasión motivada por el amor a Dios! La reprensión del Señor tenía el propósito de redirigirles hacia lo que verdaderamente importa y esto es estar apasionados por Jesús.

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Tentación, Sabiduría y Santidad

¿Cuántas veces nos preguntamos si hacer tal o cual cosa es malo o pecado? ¿No te ha ocurrido que después de decir o hacer algo te quedas con la sensación de que pecaste contra Dios? ¡No hay sensación más fuerte que aquella en la que sentimos culpabilidad y un fuerte palpitar en nuestro corazón después de hacer o no hacer tal cosa!

Algunos piensan que la vida fuera del culto que rendimos a Dios con nuestra comunidad de fe no es de relevancia en lo concerniente a lo espiritualidad y el compromiso con Dios. ¡Cuán equivocados están! Si así no fuera, David no hubiera exclamado «Ten piedad de mi, oh Dios, conforme a tu gran amor… borra mis transgresiones. Lávame de mi maldad» (Salmo 51). La vida de los hijos de Dios no está divida en compartimientos donde se pueda escoger vivir de una manera en el trabajo, en la escuela, en la vida familiar, en el trato hacia los demás y en lo espiritual. El apóstol Pedro citando a Levítico 19 dice lo siguiente: Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: «sean santos, porque yo soy Santo» (1 Pedro 1:15, 16).

No se puede permitir ser moldeados por las persistentes presiones que vienen dentro de la persona; aquellos anhelos que son provocados por un mundo carente de normas absolutas de moralidad (Estudios Bíblicos ELA: Remando contra la corriente).

Cuando nuestro corazón no está alineado a la voluntad de Dios, se convierte en lo más engañoso del ser humano. Nuestras decisiones frente al pecado y a la tentación tiene repercusión eterna. ¡Se nos va la vida!

El escritor Santiago, lo pone de esta manera: «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará; pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie» (Santiago 1:5). Y, como la Biblia es un libro recurrente, el proverbista dijo lo siguiente al respecto: «No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal» (3:7).

Santiago está escribiendo tocante a la tentación sin negar que todos estamos expuestos a ella.

¿Qué es la tentación? Puede ser definida como aquel acto de los hombres que desafían a Dios para que este muestre su veracidad y justicia. Describe las ideas y hechos inicuos a través de los cuales, los hombres por medio de la duda, desobediencia e incredulidad se oponen a la voluntad revelada de Dios, poniendo a prueba de esta manera sus perfecciones (Tomado de Diccionario de teología, Libros desafío, Everett F. Harrison) Pág. 513, tentación. Otro entendimiento de tentación es circunstancias exteriores que prueban la fe del creyente y que están encaminadas a fortalecer la fe. Debemos entender de que Dios no es el autor de las tentaciones del pecado que algunas pruebas parecen traer consigo. La tentación debe ser vista como una oportunidad de crecimiento y madurez de la fe que hay en todo aquel que sirve a Dios. Según Santiago, vencer la tentación trae como resultado perseverancia y en su resultado final es perfección e integridad sin que falte cosa alguna (1:4). Para que todo esto suceda, Santiago nos dice que la sabiduría en este proceso es muy importante. La palabra que Santiago usa para sabiduría es «Sophia». Esta se refiere al conocimiento de las cosas desde su raíz; es saber cómo responder ante las pruebas y desafíos de la vida cotidiana. Esta sabiduría es manifestada cuando estamos en Cristo y su vida se manifiesta en nosotros a través de nuestras acciones, palabras y pensamientos. Para poder hacer lo que es correcto, debemos tener entendimiento y convicción de lo que Dios quiere en nuestra vida y para nuestra vida. Vivir la vida de Cristo es morir a los deseos mundanos y pecaminosos que solo satisfacen la carne y como resultado trae culpabilidad. La sabiduría que procede de Dios nos lleva al conocimiento y obediencia a la palabra de Dios. Cuando la tentación viene desde la maldad, es presentada como la solución temporera a un asunto interno de deseo. Santiago lo llama concupiscencia que no es otra cosa que un ardiente deseo de algo pecaminoso. El apóstol Pablo nos advierte, «Todo me está permitido, pero no todo es para bien. Todo me está permitido, pero no dejaré que nada me domine» (1 Corintios 6:12).

Cuando nuestros primeros padres, Adán y Eva fueron tentados, el escritor bíblico expresa lo siguiente: La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que era atractivo a la vista y era deseable para adquirir sabiduría;… (Génesis 3:6) Note que la mujer pensó que primero debía de comer del fruto prohibido y luego obtener sabiduría. Este orden es inverso al que Santiago nos dice. Siglos más tarde, el apóstol Juan dijo lo siguiente: Porque nada de lo que hay en el mundo-los malos deseos de la carne, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida-, proviene del Padre, sino del mundo (1 Juan 2:16).

Finalizando el consejo de Santiago, debemos de tener la confianza de pedir a Dios que nos dé la sabiduría necesaria para conocer la raíz espiritual de los asuntos que se nos presentan en nuestro camino. Usemos esa sabiduría para entender todas las artimañas de nuestro enemigo y no estar desprevenidos.

«Piensa y Acciona»

Nacho

Necesitas a Elí (Última Parte)

Cada persona que es comisionada por Dios a un ministerio tiene un trasfondo de experiencias, conocimientos y posiblemente estudios que le ayudarán a realizar con eficacia esa asignación. Moisés salió del cuido de ovejas al igual que David. Este joven ya había enfrentado leones, osos que en un momento querían matar sus ovejas. David tuvo experiencias maravillosas que le llevaron a escribir hermosos salmos.

Samuel, apenas era un niño muy pequeño cuando fue traído por su madre al tabernáculo. Fue muy obediente en las tareas que se le asignaron y estoy seguro que las realizó al pie de la letra. Su madre le dedicó a Dios y le instruyó mientras estuvo con él. Pero, ¿quién le tomó luego y lo instruyó? ¡El anciano Elí!

Elí es el que siempre es presentado como el villano de la película. El hombre descuidado quien permitía a sus hijos hacer lo que bien les parecía. Fue duramente reprendido por Dios y años más tarde, tanto él como sus hijos murieron.

Elí, posiblemente viendo que sus hijos ya grandes le iba hacer difícil enderezarlos, vio en el joven Samuel una esperanza. Tomó muy en serio el capacitar a este jovencito y prepararlo para que fuera su sucesor. Quizás al leer esta parte dirás, “no aparece en la historia bíblica tal cosa como Elí educando a Samuel salvo cuando le dijo la respuesta que le tenía que dar a Dios”.

Elí fue el instructor de Samuel en cuanto al orden, limpieza y tareas en el tabernáculo. Le preparó en cuanto a la diligencia y el trabajo para Dios. Aunque Elí había perdido el contacto y la noción del tiempo, no vaciló en decirle a Samuel que estuviera listo para responder al llamado De Dios. Samuel fue obediente y cuando Dios le llamó por tercera vez, ya estaba listo para escuchar a Dios.

No pierdas de vista que muchos de los hombres de Dios mencionados en las Escrituras tuvieron quienes los dirigieran a manera de mentores preparándoles para sus ministerios.

Necesitamos hombres y mujeres de Dios que tomen la responsabilidad de educar a los más jóvenes para que estén listos para escuchar y conocer la voz de Dios en este tiempo. Un tiempo donde el mundo está ganando ventaja y engañándoles con ideologías y líneas de pensamiento alejadas de lo correcto y bíblico, vamos a levantarnos a mentorear a esta generación.

Aunque Elí falló en su responsabilidad con sus hijos, podemos imitarle en lo que hizo correcto y esto fue tomar al joven Samuel y conducirlo hacia el propósito de Dios.

“Piensa y Acciona”

Nacho

Necesitas a Elí (Segunda Parte)

La historia del llamado de Dios al joven Samuel es una muy fascinante en las Escrituras. Allí vemos cómo Dios siempre tiene cuidado de su pueblo proveyendo líderes que conducirán al pueblo en el plan y propósito de Dios. A Dios nada le toma por sorpresa pues él conoce las cosas como son y sabe cuál es el desarrollo futurístico de todo aunque ante la vista humana las cosas se observen en su más bajo nivel. Dios es el Gran Arquitecto que hace funcionar todas las piezas del edificio de tal manera que caen en su lugar correcto.

En la historia que se desarrolla en estos primeros capítulos del primer libro de Samuel, el líder religioso del pueblo estaba en una edad muy avanzada y no había quien lo sustituyera. Sus hijos no andaban de acuerdo a lo que Dios había establecido. El sacerdocio seguiría pero un líder que dirigiera al pueblo faltaría. Y, ¿qué hace Dios? Interviene en el escenario de una mujer llamada Ana y por unos años después de casada, Dios cierra su vientre. Esto provoca que un día en las subidas anuales que hacía ella junto a su familia al tabernáculo, desborde su alma ante Dios y le pide a Dios un hijo varón el cual ella dedicaría al Señor trayéndole a este lugar y dejándole allí. Dios la llevó al lugar donde había la necesidad y ella sería el instrumento que Dios usaría para proveer el próximo líder del pueblo de Israel.

Dios le da un hijo varón a Ana. Ella lo cría durante un tiempo y cuando el niño tiene alrededor de 5 años, es llevado delante del sacerdote Elí y allí se queda a vivir con él. Años después sucede lo que narra 1 de Samuel 3, «Samuel era joven, servía-ministraba al Señor (en otras versiones)-bajo el cuidado de Elí.

«Servía al Señor»

Esta información nos da a entender que el joven Samuel hacía algunos quehaceres que podríamos llamar menores en el tabernáculo. Estaba adiestrado para realizar tareas que no tenían que ver directamente con los sacrificios y ofrendas que se realizaban allí. Desde el tiempo que le trajeron hasta el momento de este relato, posiblemente habían pasado entre 8 a 10 años. Samuel dominaba muy bien lo que se le había encargado. Estaba siempre ocupado en lo que le correspondía. No tenía una relación con el Señor en el sentido de que Dios le hablaba continuamente, no le conocía pero entendía que lo que estaba realizando era del agrado de Dios.

Dios siempre nos prepara, nos equipa a través de aquellas tareas cotidianas para luego utilizarnos en un llamado superior. David fue preparado en el campo cuidando las ovejas para luego convertirse en rey de Israel; Moisés estuvo en el desierto durante 40 años pastoreando las ovejas de su suegro para luego llegar a ser el gran libertador de Israel. Los discípulos que eran pescadores más tarde fueron llamados pescadores de hombres. El apóstol Pablo le escribe a la iglesia en Colosas y les aconseja lo siguiente: Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven al Señor (3:23, 24).

Mientras los hijos de Elí hacían lo que estaba mal ante los ojos de Dios, el joven Samuel se ocupaba de lo correcto. Dios lo estaba preparando para algo mucho más grande e impactante. Tenemos que mostrar fidelidad en los asuntos que consideramos sin importancia o relevancia porque nuestra actitud puede abrir puertas hacia cosas extraordinarias.

No te pierdas la tercera parte de este escrito para que consideres a Elí como pieza clave en todo este llamado de Samuel

«Piensa y Acciona»

Nacho

Necesitas a Elí

Aquellos que han sido enseñados en una escuela bíblica o en algún momento fueron a visitar una congregación cristiana, de seguro que escucharon la historia del niño Samuel. Aquel niño que había sido dedicado por su madre, Ana, al Señor y desde los 5 años aproximadamente, fue a vivir al Tabernáculo y una noche Dios le llamó y él no reconoció la voz confundiéndola con la del sumo sacerdote Elí. Cuando escuchas acerca de esta historia, ¿qué es lo más que llama tu atención? o ¿en quién te enfocas? ¿No es verdad que las enseñanzas tocante a esta historia giran alrededor de por qué Samuel no conocía la voz de Dios?

¿Por qué no me acompañas en esta lectura a mirar desde otro ángulo? ¿Que tal si por un momento nos enfocamos en Elí? ¡Sí, Elí, el sumo sacerdote! Posiblemente preguntarás, ¿Y qué importancia tiene Elí si era un anciano de 98 años? Te diré que sí tiene importancia y no necesariamente por lo que es señalado.

Miremos 1 de Samuel 3 verso 1, la primera parte.

Samuel, que todavía era joven, servía al Señor bajo el cuidado de Elí…

¿Qué puedes notar en esa 13 palabras? Samuel era joven; servía al Señor; bajo el cuidado de Elí. Antes de llegar Elí, veamos estos elementos presentados en el verso bíblico.

Era joven

Es muy probable que Samuel tenía aproximadamente 12 años. Apenas un «pibe» como dicen en mi barrio. Imagínate a un niño de 12 años en un lugar fuera de su entorno familiar. Los hijos de Elí eran ya adultos; Elí era un anciano. Es muy probable que Samuel tuviera a cargo algunos encargos menores en el Tabernáculo. Elí era el hombre de Dios que por mucho tiempo no solo sirvió como sumo sacerdote, también fue juez en Israel o sea, fue el gobernante. Era un hombre de una vasta experiencia, el que dirigía al pueblo en asuntos religiosos. Conocía la ley y la historia del pueblo de Dios.

Ahora tenemos en escena a un joven el cual no es de la tribu de Levi, no es hijo de profeta más sin embargo tendrá una experiencia que marcará su vida para siempre. Ser joven es sinónimo de falta de experiencia, falta de pericia-mi abuelo paterno decía «falta de malicia». Equivale a una persona a la que no se le puede delegar asuntos que requieren madurez y pensamiento crítico. ¿Cuántos errores se cometen en la juventud que trascienden en el tiempo de los cuales no hay marcha atrás?

Cuando Dios me habló por primera vez, yo tenía alrededor de 9 años y en realidad a quien le habló fue a mi padre. Este evangelista descrito por mi padre como un loco, dijo lo siguiente: «Este será un evangelista -refiriéndose a mi hermano- y este será pastor-refiriéndose a mi-. No me acuerdo de ese momento pero mi padre todavía lo tiene vivo en su memoria. Pasaron 27 años hasta que se cumplió esa palabra. No solo se cumplió para mí, también se cumplió para mi hermano.

Nuestros jóvenes son el blanco de nuestro enemigo Satanás quien con sutileza tiene sus agentes en las diferentes agencias gubernamentales, sociales y hasta religiosas para engañarlos. Les quiere hacer creer que no importan sus acciones siempre que encuentren satisfacción y complacencia. Muchos se pierden en los vicios, sufren una crisis de identidad que los está llevando a creer cualquier cosa aunque sea dañina para ellos. Algunos no tiene un trabajo, no estudian y viven la vida día a día esperando que las cosas se den por arte de magia. Se nos pierden nuestros jóvenes y aún aquellos que son parte de una congregación se están alejando para nunca más regresar.

Se desgarra el corazón de los padres, de los pastores, las familias son afectadas y nos preguntamos, ¿qué podemos hacer? Mirando esta historia de Samuel, tenemos una respuesta contundente y que sí funciona.

Y, ¿qué tiene esto que ver con Elí? Tienes que leer el próximo escrito.

Continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Cómo se mide el Éxito?

¡Cuán importante es poder alcanzar las metas deseadas! Es una manera de sentirse realizado y ¿por qué no? Sentirse exitoso o exitosa. Los jóvenes que después de años de estudio y graduarse dan con el trabajo que va de acuerdo a lo que estudiaron; poder realizar el negocio soñado y no tener que depender de otros; casarse con la mujer deseada; comprar el carro lujoso; tener dinero en la cuenta bancaria y muchas otras cosas más para algunos es sinónimo de éxito.

La sociedad en la que vivimos define el éxito como riqueza, respeto, fama y en algunos casos se obtienen estas cosas sin tener mérito alguno o sin importar a quiénes se desplaza en el camino. Muchos son destruidos por otros que sin respeto alcanzan lo que quieren por los medios menos convencionales.

En un tiempo atrás el éxito estaba de la mano con una vida moral de excelencia y admiración. Los valores y los principios éticos llevaban a las personas camino al éxito en sus carreras o metas de vida. Esto dice leadersofnow.org

El verdadero éxito social es aquel que se fundamenta en los valores. Es lo que te permite cada día mirarte al espejo y saber que has jugado limpio, aunque para ello hayas perdido tu posición social o la disposición en poder estar arriba del organigrama.

Hoy vemos artistas, políticos, líderes religiosos, gobernantes, presidentes de compañías, deportistas gozando de una fama adquirida por medios nebulosos. Lo más asombroso de esto es ¡que son admirados por las masas!

Creo que ya te he presentado el panorama del mal llamado éxito. Me preguntarás, ¿dice la Biblia algo al respecto? Porque después de todo este blog es de reflexiones bíblicas aplicadas a la vida diaria.

Respondiendo a un pedido de alguien entre la multitud, Cristo dijo lo siguiente:

¡Tengan cuidado con toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen. Lucas 12:15

La vida de Cristo reflejada en los que lo han aceptado como Señor y Salvador no anula las aspiraciones a ser personas exitosas. Lo que sí anula es el deseo ambicioso de lograr aquellas cosas que no se ajustan al propósito de Dios. El deseo de tener dinero no es malo pero si al tenerlo éste nos domina, pecamos contra Dios. Si alcanzamos la fama y luego pensamos que somos mejores que los demás, estaríamos violentando el consejo bíblico que dice: «Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realisttas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios lea haya dado Romanos 12:13 NTV

El apóstol Pablo fue exitoso porque inundó Asia Menor con el evangelio de Jesucristo y éste ha llegado a nosotros. Somos exitosos cuando podemos aportar un buen consejo a un matrimonio en problemas y son restaurados; cuando un joven es rescatado del vicio de las drogas o cualquier otro vicio; cuando se le predica a vidas sin Cristo y se entregan sinceramente al Señor; cuando una congregación se preocupa por la comunidad y provee los medios beneficiosos para ésta. Nuestro éxito es medido en la medida de que traigamos gloria al nombre de Jesús. Nuestro Señor fue exitoso porque cumplió a cabalidad el plan perfecto de Dios para proveer salvación. Somos salvos por su gracia y esto es don de Dios (Efesios 2:8,9).

¿Cómo se mide el éxito? Viviendo vidas que agraden a Dios haciendo su voluntad.

«Piensa y Acciona»

Nacho