¡Estás en el lugar equivocado!

Sentir que estás en el lugar equivocado puede ser profundamente desalentador. Rodearte de personas que no valoran tu presencia, trabajar en un entorno donde no te sientes cómodo, elegir una carrera que no te apasiona o relacionarte con quienes no comparten tus intereses, puede ser emocional y mentalmente agotador. Cuando no estás donde realmente perteneces, es difícil que tu corazón encuentre paz.

La Biblia nos narra una parábola sobre un hombre que tenía dos hijos. Este hombre era próspero, poseía muchas tierras que producían abundantemente y contaba con numerosos trabajadores a su disposición. Vivía de manera acomodada junto a sus hijos, lo que podría llevar a pensar en ese hogar no faltaba nada. Sin embargo, el hijo menor, rodeado de comodidades materiales, experimentaba carencias emocionales y anhelaba una vida distinta. En su percepción, ¡él estaba en el lugar equivocado!

El hijo menor finalmente convenció a su padre de entregarle la parte de la herencia que le correspondía, y sin pensarlo mucho, se marchó de su hogar. Al alejarse, sintió una inmensa sensación de libertad y alivio. Estaba convencido de que el mundo más allá de su hogar era el lugar adecuado para él. Ahora podía disfrutar de una vida sin la mirada vigilante de su padre, hacer lo que quisiera sin restricciones, rodearse de amigos, disfrutar de placeres y no rendir cuentas a nadie. Esa era la vida que siempre había soñado, y al fin la estaba viviendo a su manera.

Este joven decidió irse lejos de su hogar porque no quería estar cerca de quienes lo conocían; deseaba comenzar una vida nueva en la que pudiera encontrar satisfacción. Aunque en su casa no le faltaba nada material, su anhelo de independencia lo hacía sentir incómodo. Buscaba estar en lugares donde lo apreciaran y reconocieran su verdadero valor. Son muchas las personas que comparten este sentimiento y , motivadas por el deseo de algo diferente, deciden abandonar lo conocido para aventurarse en un mundo desconocido, pero a sus ojos, lleno de promesas y fascinación.

Pronto, personas interesadas comenzaron a rodearlo; las mujeres llegaban sin demora, y las bebidas nunca faltaban. Era como vivir un sueño hecho realidad. ¡Estas eran precisamente las cosas que había deseado cuando vivía con su padre! Ahora que podía disfrutar de esa libertad sin restricciones, sintiéndose dueño de su vida, ¿quién podría detenerlo? Todo aquello que había anhelado parecía estar al alcance de su mano.

La perspectiva de lo que realmente es importante puede verse distorsionada por pensamientos ilusorios que no consideran lo desconocido. Estos pensamientos suelen ignorar no las desilusiones que inevitablemente surgen, así como la falta de sinceridad en quienes rodean a la persona. Sumergirse en la creencia de estar atrapado en un mundo lleno de barreras puede llevar a un profundo muy desencanto. La realidad, lejos de cumplir con las expectativas idealizadas, suele mostrar que lo que parecía ser libertador y perfecto puede estar lleno de vacíos y decepciones.

Este joven abandonó no solo dejó atrás su hogar, sino también a su padre y los valores que realzaban su belleza interior. Se convenció de que era capaz de gestionar no solo su vida, sino también sus pertenencias. Sin embargo, sentirse fuera de lugar no debería ser motivo suficiente para tomar decisiones permanentes en un entorno en constante cambio.

Esto continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho

Una Fe Sencilla

¡Que frustrante es intentar ensamblar un escritorio que, a simple vista, parece sencillo pero se convierte en una odisea! Aún peor es terminar y descubrir que han sobrado piezas. Entonces hay que desarmarlo, leer las instrucciones con atención y tomarse el tiempo necesario para hacerlo correctamente. Esta complicación no es culpa del fabricante, sino de no seguir las indicaciones adecuadamente.

De manera similar, la fe que define al hijo de Dios, no es complicada en esencia; son los hombres quienes la han enredado con distintivos innecesarios y complejidades.

Judas, el escritor bíblico, escribe la siguiente: «Pero ustedes, mis amados, edifíquense a sí mismos practicando una fe de identidad, conectados con el Espíritu Santo […]» (verso 20 TCB). «Esta fe se fundamenta en el conocimiento de Dios por medio de Cristo Jesús, conocimiento que va a regir la vida y el carácter de la persona, y ésta va adquiriendo la identidad de Dios por medio de Cristo» (Yattenciy Bonilla, Diccionario Griego-Español).

A lo largo de los siglos, la fe que define nuestra identidad ha sido atacada y, en consecuencia, ha perdido su originalidad, diluyéndose en aguas turbias. Tras el tercer sigo de nuestra era, la iglesia se vio cada vez más absorbida por la búsqueda de poder y esplendor, lo que resultó en la pérdida de su autoridad espiritual. Siglos después, Martin Lutero advirtió que los fundamentos bíblicos de la fe habían sido erosionados, reemplazados por capas de traición, superstición y razón.

Durante la Era de Iluminación, la fe de identidad fue relegada a un segundo plano, cediendo su lugar a la razón como principal fuente de iluminación. Con el advenimiento del modernismo, se comenzó a priorizar los logros personales, metas, deseos y pensamientos del individuo, elevando el «Yo» por encima de la fe de identidad. Posteriormente, el postmodernismo desechó tanto la fe de identidad como la noción de verdad absoluta, dando cabida a un relativismo que permitía todo tipo de comportamientos, evaluados únicamente por quien los cometía, cada uno determinando su propia verdad.

La fe sencilla que define una relación con Dios a través de Cristo no admite ninguna forma de alteración. Se fundamenta en vivir una vida apartada del pecado, abrazando principios y valores morales bíblicos que reflejan a Jesús. No debe estar influenciada por el status quo de nuestra época, que promueve un libertinaje desenfrenado. Esta fe sencilla permite al cristiano confiar en Dios, sustentándose en lo que Su palabra promete: Su poder, Su presencia y la certeza de que sostiene a sus hijos en tiempos de adversidad, enfrentando perspectivas e ideologías que desvían a la humanidad de Su modelo ético bíblico.

La fe sencilla brinda seguridad al cristiano, incluso cuando no obtiene respuestas a sus peticiones, ya que se aferra a las maravillas que Dios ha realizado en el pasado. Esta fe genera en la vida del hijo de Dios una declaración de victoria en medio de las dificultades, una fortaleza en las pruebas, una esperanza inquebrantable frente al caos y un ancla firme en medio de las tormentas más violentas.

¿Por qué complicar esta fe?

«Piensa y Acciona»

Nacho

Disfruta El Café

¿En serio que no te gusta el café? ¡Parece que el cielo solo recibirá a quienes beben y disfrutan de esta maravillosa bebida! Aunque esto no es literalmente cierto, ciertamente resalta la pasión que muchos sienten por el café. Esta bebida, originaria de las mesetas etíopes, es una de las más apreciadas en todo el mundo. Hoy en día, se cultiva y exporta desde muchos países tropicales en África, Asia, y América Latina. La riqueza de su sabor y su aroma ha conquistado paladares globales, haciéndo el café una verdadera joya en el mundo de las bebidas. He aquí algunos datos acerca del café:

  1. El grano de café es la segunda mercancíamás comercializada en el mundo- 150 millones de sacos al año–sacos de 60 kilos= 132.277 libras.
  2. Más de 25 millones de agricultores en el mundo se dedican a su cultivo- 25 millones de personas viven directamente del cultivo, pero unos 100 millones participan en el sector agrícola.
  3. América Latina representa el 70% de la producción mundial.
  4. Después del agua, el café es la segunda bebida más consumida.

Muchas personas prefieren su café por la mañana para empezar el día con energía, mientras otras lo disfrutan a lo largo del día, o incluso durante todo el día. Beber café no solo es cuestión de gusto, sino también de experiencia. Es sinónimo de complacencia, paz, tranquilidad, momento de relajación y buen estado de ánimo. Disfrutar del café puede ser una metafóra de esos instantes agradables en la vida que brindan paz al alma. Para quienes aprecian esta bebida, lo último que desean es terminarlo rápido. Hoy, estás invitado a tomarte tu tiempo y disfrutar de tu café plenamente.

Las exigencias de la vida, las agendas apretadas, el cuidado de la familia , el mantenimiento del matrimonio, la educación de los hijos y muchas otras responsabilidades pueden generar estrés y dificultar el pleno disfrute de la vida. Para enfrentar todas estas demandas con fortaleza, es crucial contar con una vida de oración, considerar la palabra de Dios como fuente de sabiduría y el meditar en ella como recursos esenciales. A pesar de tener una agenda cargada en su ministerio–enseñar, sanar, confortar a los afligidos–, Jesús encontraba momentos para recargar energías y seguir adelante (Marcos 1:35; Lucas 5:15, 16).

La palabra de Dios advierte sobre cómo el afán puede apoderarse de las personas y robarles la capacidad de disfrutar la vida, ya que están constantemente preocupados por un futuro que aún no ha llegado. Como se menciona en las Escrituras: «Así que, no se afanen por el día de mañana , porque el día de mañana traerá su propio afán» (Mateo 6:34). Esta enseñanza recuerda la importancia de vivir en el presente y no permitir que las preocupaciones por el futuro impidan el disfrutar el momento actual.

Disfruta de tu café con tranquilidad, confiando en la promesa de Dios de que nada ni nadie podrá arrebatarte la paz que experimentas hoy. Incluso en en los momentos más difíciles de la vida, la paz de Dios continuará envolviendo tu vida y dándote consuelo y fortaleza. Permítete saborear tu café, sabiendo que su paz te acompará siempre (Filipenses 4:9, 19).

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Por Qué Me Abandonaste? última parte

¡Un samaritano en el camino de Jerusalén a Jericó! En la parábola del buen samaritano, Jesús revela al intéprete de la Ley que el verdadero prójimo es aquel que trasciende los estereotipos y estigmas puestos por la sociedad. Este prójimo se dedica a ayudar a los demás empleando su tiempo y recursos para asistir a quienes más lo necesitan. Los personajes anteriores en la parábola pasaron de largo, ignorando el dolor y sufrimiento del hombre herido. En contraste, un samaritano a pesar de las barreras impuestas por la sociedad, se detuvo para evaluar la situación, actuó con compasión y brindo ayuda. Curó sus heridas y le llevó a un lugar donde recibiría el cuidado necesario hasta tanto estuviera recuperado.

Este samaritano entendía por experiencia lo que significaba ser abandonado pues él y su gente estaban cargando con el peso de los pecados de generaciones pasadas de la nación de Israel. La desobediencia de la nación había llevado a su derrota y a la entrega de su territorio a extranjeros, quienes se mezclaron con los judíos y ahora eran señalados como personas no deseadas y alejadas de la salvación ofrecida a los judíos. Estas circunstancias aunque adversas no detuvieron a este hombre a brindar ayuda no midiendo el resultado que podía obtener.

El pensamiento posmoderno que prevalece en la sociedad actual impulsa a las personas a valorar a los demás según criterios de medición social. En este contexto, la amistad, el compromiso, el compañerismo y los actos bondadosos se reservan para quienes se ajustan a este pensamiento. La cultura del valor social se centra en posesiones, popularidad y en aquellos que son marionetas del status quo. Este tipo de comportamiento es de esperarse por aquellos que no tienen a Dios en su noticia, es motivo de alarma cuando incluso la iglesia adopta esta cultura.

Este hombre, que yace al borde la muerte, representa a aquellos que se acercan a Jesús después de haber sido marcados por el pecado y la maldad, habiendo salido de una vida de esclavitud. El pecado les ha arrebatado la felicidad, ha roto sus relaciones, y ha dejado cicatrices en sus cuerpos debido a una vida entregada al placer y los vicios. Sin embargo, Jesús se presenta en medio de su situación, les ofrece perdón,y les da una nueva naturaleza. Así, comienza un proceso de transformación y renovación.

El samaritano que encontramos en la parábola es una viva representación del ministerio de la iglesia hacia aquellos que son rescatados por Dios. Este ministerio no se detiene en el pasado de las personas que recibieron heridas causadas por el pecado y los errores cometidos; en cambio se basa en el proceso de restauración que Dios ha comenzado en sus vidas. El samaritano aunque prometió regresar, el tiempo en que estuvo ausente, fue cubierto por otros. Ocurre de igual forma en el contexto de la familia de la fe; todos están comprometidos en el hermoso proceso de restauración.

El ministerio de la iglesia, guiado por el Espíritu Santo, se manifiesta a través de las herramientas proporcionadas por Dios: el vino y el aceite. Estos elementos representan curación, deleite, gozo, sanidad y restauración. Algunos individuos requieren un cuidado breve, mientras que otros necesitan un apoyo prolongado y atento. En todos los casos, lo esencial es ofrecer sanidad y restauración con el amor y la gracia que Dios nos ha dado.

¿Por Qué Me Abandonaste? 4ta parte

En momentos de adversidad, como un accidente automovilístico en el que tres personas mueren y una sobrevive, o cuando un tornado arrasa con la mayoría de las casas en un barrio mientras otras permanecen intactas, o se suscita un incendio en el edificio y la mayoría de las unidades sufren averías mientras algunas no, es natural cuestionarse el por qué de las dificultades y el azar que marcan nuestras vidas. Nos preguntamos: ¿por qué me tuvo que pasar a mi? ¿Por qué siempre me ocurren situaciones díficiles?

Estas preguntas surgen cuando nos enfrentamos a eventos inesperados y dramáticos. Tomemos esta parábola del buen samaritano, donde el sacerdote y el levita, a pesar de su cercanía al peligro, no sufren daño, mientras que el hombre que fue asaltado queda en una situación crítica. ¿Cuántas personas estaban en el camino de Jerusalén a Jericó? ¿Por qué algunos parecen ser más protegidos o afortunados que otros?

Es fácil ofrecer consuelo con frases tales como «todo es parte del plan de Dios para tu vida» o «para los que aman a Dios todas las cosas obran para bien». Aunque estas palabras tienen gran sentido bíblico, en el momento difícil, su significado puede parecer lejano y difícil de comprender.

Imaginemos la vida del hombre asaltado: su existencia cambió en un instante. Estaba al borde de la muerte, quizás con la visión de un futuro halagador desveneciéndose mientras esperaba su último suspiro de vida. Al escuchar pasos que se acercaban, su mente temía lo peor, imaginando que los ladrones habían regresado para acabar con él o que nadie se atrevería a ayudarle por el peligro que implicaba. Sin embargo, de repente, escuchór una voz que le preguntaba: «¿Qué te sucedió? ¿Cuánto tiempo llevas aquí?». En ese momento, la esperanza renació y la vida volvió a su cuerpo, pero la voz parecía de un extranjero o la de un samaritano. A medida que este personaje hacía más preguntas, pudo identificar que el hombre que se había detenido en el camino era un samaritano, un grupo tradicionalmente despreciado por los judíos.

Nos preguntamos: ¿Por qué este extranjero se había detenido no solo para preguntar el estado de aquel hombre sino también para curarlo? Más aún, ¿qué hacía un samaritano en ese camino, lejos de su propia ciudad? Es muy difícil entender cómo Dios utiliza los eventos y situaciones más desafiantes de la vida para guiarnos hacia el cumplimiento de su propósito o por qué permite que el mal nos alcance. Intentar racionalizar estas circunstancias puede llevarnos a conclusiones erróneas y desatinadas.

El samaritano rompió con todo las normas religiosas y culturales de su entorno. Por su parte, el moribundo, en su desesperación, no permitió que el sentimiento de religiosidad y división se interpusiera en su necesidad de recibir ayuda. La bondad, la misericordia y la compasión de un ser humano hacia otro trascienden todas las divisiones que solemos establecer en nuestras relaciones con los demás. Estos actos de misericordia nos impulsan a ir más allá de las ayudas superficiales, motivándonos a ofrecer un apoyo más profundo y significativo.

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«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Por Qué Me Abandonaste? 3era parte

La expresión «A la verdad de que tú eres bravo», refleja la admiración por aquellos que, a pesar de enfrentar dificultades, críticas y obstáculos, mantienen su integridad y hacen lo que es correcto en el momento adecuado. No siempre se cuenta con todas las circunstacias favorables para realizar buenas acciones, ofrecer ayuda desinteresada o mostrar amor genuino hacia los demás.

El status quo que al fomentar una sociedad centrada en el egoísmo, el egocentrismo y el hedonismo, contribuye a la creación de una cultura de manipulación que ciega a sus miembros ante el sufrimiento y la necesidad ajena. Cuando alguien tiene el coraje de desafíar esas normas sociales, a menudo es percibido como débil, sin inteligencia o como alguien que desperdicia lo que ha obtenido con esfuerzo. La verdad es que la sociedad tiende a evaluar a las personas en función de lo que tienen y no lo que realmente son.

En la parábola del Buen Samaritano, observamos cómo dos personajes eligieron mantener el status quo en lugar de compadecerse de un ser humano en sufrimiento. Aunque es posible que el estado de esa persona fuera consecuencia de no tomar las precauciones necesarias, esto no justifica el abandono de quienes están llamados a practicar la justicia, la bondad y el amor. Estas virtudes son cada vez más escasas en nuestra sociedad, la cual a menudo valora la compensación personal por los logros alcanzados– lo cual no es negativo en si mismo– pero tiende a despreciar a aquellos que no alcanzan niveles sociales reconocidos.

Desafortunadamente, esta misma mentalidad también se manifiesta en ciertos círculos religiosos, las personas son admiradas en función de su tiempo en la iglesia, su posición ministerial o su grado de influencia. Sin embargo, cuando alguien de estos círculos comete un error o un pecado , suele ser abandonado, criticado y menospreciado. Y esto es sin mencionar la situación aún más grave para aquellos que careciendo de reconocimiento, enfrentan un trato aún más desfavorable.

El apóstol Pablo condena tal actitud en su epístola a los Gálatas,diciendo: «Hermanos, en caso de que alguien se encuentre enredado en alguna transgresión, ustedes que son espirituales restauren al tal con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado» (Gálatas 6:1). Aunque estas palabras se refieren a un contexto de pecado cometido, su esencia puede aplicarse a otros contextos, ya que en el siguiente versículo, Pablo exhorta a llevar las cargas de los demás, señalando que «de esta manera cumplirán la ley de Cristo» (verso 2).

No se puede abandonar a quienes han sido maltratados por las duras experiencias y circunstancias adversas de la vida. Sean culpables o no de su situación, la obligación no es convertirse en jueces que desestiman la responsabilidad de la misericordia y la compasión. ¿Cómo habría afectado la conciencia del sacerdote al seguir su camino e ignorar la necesidad del moribundo? Aquellos que han experimentado la salvación conocen el amor del Padre y disfrutan de la comunión con el Hijo. Como resultado, el Espíritu Santo transforma sus corazones, impulsándolos a actuar con verdadera compasión y misericordia.

No te pierdas la próxima parte. Esto continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Por Qué Me Abandonaste? 2nda parte

En los medios de comunicación, tanto sociales como noticiosos, a menudo nos informan sobre casos desgarradores de recién nacidos, ancianos y animales que han sido abandonados por sus familias o cuidadores. La angustia que deben experimentar estos seres es difícil de imaginar. Ser dejado a la intemperie, al azar o a la benevolencia de un extraño debe ser una experiencia extremadamente dolorosa y desoladora.

Los seres humanos no están diseñados para vivir en soledad ni para sentirse abandonados por la sociedad. Estamos hechos para convivir y relacionarnos con otros seres humanos. Este principio se refleja en las Escrituras cuando Dios crea al primer ser humano, Adán. El escritor bíblico señala que “para Adán no se halló ayuda que le fuera idónea” (Génesis 2:20). Esta afirmación sugiere que el plan divino para el ser humano incluye la compañía y el apoyo de otros seres humanos, destacando que la existencia plena y significativa se encuentra en la relación y la interacción con nuestros semejantes.

En la parábola del Buen Samaritano, Jesús describe a un hombre que, tras ser asaltado y dejado casi muerto en el camino de Jerusalén a Jericó, se enfrenta a una agonía extrema. Este hombre probablemente experimentó pensamientos aterradores sobre su posible muerte, temores sobre si su familia alguna vez conocería su destino, y una profunda desesperanza mientras yacía herido, ensangrentado y sin poder moverse.

¿Te has sentido alguna vez en una situación de tal vulnerabilidad, inseguro y abandonado, con pensamientos tan oscuros como el deseo de rendirte o de acabar con tu vida.? Aún en esos momentos más desesperados, hay un tenue rayo de esperanza que persiste, sosteniendo la creencia de que la situación puede mejorar y que el futuro puede ofrecer algo mejor.

Afortunadamente para el hombre en la parábola, se encontraba en un camino transitado por viajeros. Esto le daba la posibilidad de recibir ayuda de alguien movido por la compasión. Aunque la espera probablemente fue larga y llena de dolor, y aunque la vida parecía desvanecerse con cada segundo, el hecho de que la ayuda pudiera estar cerca mantenía viva una chispa de esperanza.

Finalmente, se oyen los pasos de un individuo descrito como un sacerdote del Templo. Aunque el relato no detalla si el moribundo pudo identificar a este sacerdote en ese momento de debilidad y vulnerabilidad, es natural pensar que al escuchar estos pasos, el herido recuperó por un instante la esperanza de ser auxiliado.

Este sacerdote se encuentra con el hombre herido, casi muerto, y decide no ayudarle. Es razonable suponer que el sacerdote podría estar regresando a su hogar tras cumplir con sus deberes en el Templo, donde su rol era crucial para la vida espiritual del pueblo: ofrecer sacrificios, ministrar y mantener la relación entre el pueblo y Dios.

La Ley de Moisés, como se menciona en Levítico 21:1-4, prohibía a los sacerdotes tocar cadáveres o estar en contacto con cuerpos muertos, salvo en casos de familiares cercanos. El sacerdote en la parábola, al no acercarse al herido, podría estar intentando cumplir con esta ordenanza y evitar el riesgo de contaminación ritual. Por lo tanto, aunque su acción puede parecer falta de misericordia, podría interpretarse como un intento de mantener su pureza ritual.

Después del sacerdote, pasa por allí un levita, también miembro de la tribu de Leví, cuyo papel era asistir al sacerdote en sus funciones. Al igual que el sacerdote, los levitas estaban sujetos a las mismas leyes de pureza respecto a los muertos. El levita, a diferencia del sacerdote, se acerca al herido pero, en lugar de ofrecer ayuda, continúa su camino.

Tanto el sacerdote como el levita decidieron continuar hacia su hogar y entorno cotidiano en lugar de ofrecer ayuda al hombre herido. Su adhesión rígida a las leyes rituales los cegó ante la necesidad inmediata del prójimo, llevándolos a ignorar los dos mandamientos fundamentales que Jesús destacó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-40). Estos mandamientos, según Jesús, son la base de toda la Ley y los Profetas, y deberían guiar nuestras acciones y decisiones.

La actitud de estos personajes puede reflejar una crítica hacia aquellos que, enfocados en el cumplimiento de normas religiosas, pierden de vista la esencia del amor y la compasión. En este contexto, el cumplimiento estricto de las reglas rituales se convierte en una barrera que impide la verdadera práctica de la misericordia.

Es comprensible que, si has tenido experiencias dolorosas con personas o instituciones que se autodenominan religiosas, puedas sentir un resentimiento hacia todo lo que representan. Esa sensación de abandono y la falta de compasión que has experimentado pueden haber herido profundamente tu confianza en la iglesia o en las prácticas religiosas en general. Es natural que estas experiencias aisladas puedan afectar tu percepción y provocar un desinterés o rebelión hacia las instituciones que te han causado dolor.

Sin embargo, es importante recordar que estas experiencias, aunque dolorosas, no representan la totalidad de la fe o la comunidad religiosa. La verdadera esencia del amor y el cuidado, como se enseñó en la parábola, va más allá de las normas y rituales. A veces, es en el ejercicio de la misericordia y el amor genuino donde podemos encontrar un sentido más profundo de conexión y sanación, tanto con los demás como con nuestra propia espiritualidad.

No te pierdas la tercera parte de este escrito…

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Por Qué Me Abandonaste?

¿Alguna vez te has sentido abandonado o abandonada? ¿Qué causó esa sensación? Al reflexionar sobre estas preguntas, el sentimiento de abandono vuelve a apoderarse de ti. Tal vez fue el abandono de tus padres o de uno de ellos; el divorcio inesperado; la traición de un pastor o líder en quien confiabas; los hermanos que te dieron la espalda cuando pecaste y te etiquetaron como hijo del diablo; los amigos que dejaron de hablarte porque no querías participar en sus actividades. La lista puede podría seguir, pero ya entiendes a lo que me refiero.

El abandono deja marcas imborrables en los seres humanos especialmente cuando dependías de esa persona. ¿Qué pasa si quien que te abandono fue la iglesia? ¿Sientes que falló al no hacer lo más importante–amar y tener misericordia–cuande más lo necesitabas? En este escrito, examinaremos detenidamente la parábola del buen samaritano, que se encuentra en Lucas 10:25-37.

En un diálogo sobre cómo heredar la vida eterna, un joven inquieto se acerca a Jesús en busca de orientación. Jesús le plantea dos preguntas cruciales: ¿qué está escrito en la ley? ¿cómo la interpretas? El joven rápido en su respuesta , resume la ley con las palabras que conocemos: amarás al Señor con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Jesús le responde, ve y haz esto para que vivas. Al parecer este joven estaba buscando una respuesta de confirmación más específica o quizás una aclaración y le pregunta a Jesús ¿quién es mi prójimo? Veremos cómo el Señor le responde.

En la narración que sigue, se ilustra el abandono por parte de aquellos encargados de proteger y velar por los menos afortunados. Sin embargo, antes de apresurarnos, observemos al personaje en cuestión, quien no está definido por su nacionalidad, posición o estatus. El texto bíblico menciona que descendía de Jerusalén hacia Jericó, lo que nos permite suponer que podría estar regresando de adorar en el templo o de una actividad cotidiana en el mercado. En última instancia, la procedencia del personaje no es relevante para el mensaje central de lo que queremos resaltar.

En la vida, todos seguimos un rumbo hacia un destino que creemos conveniente, eligiendo las rutas que consideramos más adecuadas para alcanzarlo. Sin embargo, no podemos prever los obstáculos que retrasarán nuestra llegada. La parábola ilustra un hombre que, tras ser robado, golpeado y abandonado como muerto, enfrenta una dura realidad: el abandono total. Esta imagen refleja una paradoja de la vida que muchos han experimentado, donde la dignidad, la virginidad, la identidad, los bienes materiales, los sueños, las ideas y las metas son despojados. La sensación de haber sido robado y golpeado es palpable, como lo expresa la frase «me diste un golpe bajo,» que denota acciones malintencionadas destinadas a causar daño y dificultar el logro de nuestros deseos. Estos golpes no solo han dejado a muchas personas irreconocibles, sino que también han apagado la luz en sus ojos, el deseo de vivir y luchar, y han endurecido sus corazones, llevándolos a un estado casi de muerte en vida.

En ese estado casi de muerte en vida, aún mantenemos la esperanza de que en nuestro camino aparecerán personas capaces de ayudarnos a salir del abandono. Estas personas se identifican por su nivel de vida, sus proyecciones, su trayectoria, su posición y otros aspectos relevantes. La incertidumbre persiste: ¿nos decepcionarán o, por el contrario, nos brindarán la ayuda que necesitamos para recuperarnos?

No te pierdas la segunda parte de este escrito…

«Piensa y Acciona»

Nacho

Bajo Nueva Administración

Armando, iba todos los sábados a la bodega de la esquina a comprar los víveres para la semana siguiente. Él sabía donde estaba cada artículo, conocía a los empleados y al dueño y estaba al tanto de cuándo llegaban los productos frescos. Se sentía cómodo y en familia en esta bodega.

Armando se fue de viaje fuera de la ciudad por un tiempo con su familia y además estuvo un tiempo enfermo. Varias semanas pasaron y nuevamente como acostumbraba fue a la bodega. Esta vez notó que el nombre de la bodega había cambiado; habían algunos empleados nuevos; los artículos habían sido cambiados de lugar y notó que su amigo Daniel–dueño de la tienda– ya no estaba allí. Al preguntar le fue informado que el negocio fue vendido y estaba bajo nueva administración.

¿Te ha pasado a ti? De seguro que has visto el letrero de «Bajo Nueva Administración» en muchos lugares a través del tiempo. Cuando esto sucede lo esperado es ver implementación de cambios, nuevos métodos de mercadeo, nuevos productos y posiblemente nuevos precios.

¿Sabes que todo aquel que ha venido a Jesús para salvación está «Bajo Nueva Administración»? El apóstol Pablo lo expresa de esta manera, «Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:17 NVI). Tenemos una nueva naturaleza, el viejo hombre y mujer han muerto, tenemos la vida de Cristo, ya no hay condenación, tenemos paz con Dios y vemos la vida desde otra perspectiva (Rom.5:1; 8:1).

En otro tiempo teníamos otro dueño que la Biblia lo describe como aquel que dejó el mundo hecho un desierto, arrasaba ciudades y nunca dejó libres a sus presos (Isaías 14:17). Sus nombres son: padre de mentira, dios de este siglo, el engañador, el tentador, príncipe de este mundo, diablo, Satanás y muchos más que describen su oscura personalidad.

El nuevo dueño es descrito como: príncipe de paz, Dios de justicia, Padre eterno, Dios fuerte, Padre de las luces y muchos otros que describen su amor, cuidado y protección para los suyos.

«Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¿Por gracia ustedes han sido salvados!» (Efesios 3:4,5).

Esta Nueva Administración está continuamente haciendo obras maravillosas en nuestras vidas; renueva nuestras fuerzas aun cuando no tenemos ninguna; nos inunda de una paz que se manifiesta en momentos de adversidad. La obra que ha sido comenzada en nuestras vidas por la Nueva Administración seguirá siendo perfeccionada hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6)

Hay propietarios que al momento de la ciudad querer comprales su propiedad para algún nuevo proyecto, se niegan y se aferran a esa esctructura que por tiempo ha sido su sustento. ¿Qué sucede al tiempo? Todo se ve renovado, PERO esa propiedad se ve fuera de lugar. ¿Qué tal si le permitimos al Nuevo Inversionista llamado Jesús de Nazareth comprar nuestra propiedad y embellecer toda nuestra vida? Sería muy imprudente no ceder nuestra propiedad y terreno a este Nuevo Inversionista.

Estar bajo esta Nueva Administración tiene implicaciones trascendentales y eternas. Al ser transformados a nuevas criaturas entramos en un proceso de cambios que redundan en beneficio no solo personal sino que alcanza a todos los que están a nuestro alrededor. Las malas costumbres comienzan a desaparecer, la perspectiva de la vida cambia, el pensamiento es renovado, el hablar y el caminar son diferentes, el trato hacia los demás es amable y sobretodo, se comienza a vivir y a disfrutar la vida de Cristo.

A través de este escrito te hago una invitación con esta pregunta, ¿por qué no entregas tu propiedad–tu vida–a una Nueva Administración? Cristo Jesús te ofrece el perdón de tus pecados y te garantiza que serás una nueva criatura.

Estoy Bajo Nueva Administración.

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Entiendes lo que lees?

¿Alguna vez has tenido que leer un libro, documento, mensaje o alguna otra cosa que requiere comprensión más de una vez? A todos nos ha pasado que la primera vez no entendimos el mensaje o dudamos del contenido y eso nos llevó a una segunda o tercera lectura. ¿Sabes? Dios quiere que entendamos Su Palabra y la interpretemos correctamente.

Un personaje importante le preguntó a Jesús qué cosas podía hacer para heredar la vida eterna (Lucas 10:25-37). Este era un escriba quien era parte del grupo que se dedicaba a interpretar la ley. Esta interpretación salía en parte del consejo y sabiduría de los ancianos del pueblo y también de las discusiones de la ley de parte de los rabínos. Se recurría a esa sabiduría que se iba adquiriendo a través de las experiencias de vida y al conocimiento de la ley dada por Moisés. Todo esto luego fue recogido y plasmado en lo que se conoce como el Talmud.

Un escriba debía de tener el mensaje claro y no tener tal interrogante. Una de dos cosas puede ser posible aquí: tenía una respuesta que le daba seguridad y buscaba una afirmación ó no había entendido el mensaje la primera vez. Hay dos preguntas que Jesús le hace a este escriba: ¿qué está escrito en la ley? ¿cómo lees? Jesús no está interesado en lo que dice sino en cómo el escriba la interpretaba. La lectura junto con la interpretación modifica la conducta del individuo y es allí donde Jesús quiere llegar.

El pensamiento judío concerniente a la salvación se concentraba en qué acciones garantizaban la vida eterna. Jesús le pregunta a este personaje si conocía la ley a lo que rápido contestó que sí. Pero, Jesús lo redirige de la lectura a la interpretación. Jesús le dice «ve y haz lo que dice la ley». Aquí el escriba se quiere pasar de listo–así decían en mi barrio. Y, ¿quién es mi prójimo? Él tenía un concepto de quién era su prójimo. Solo estaba buscando aprobación de Jesús. Para él, su prójimo eran aquellos iguales a él; que podían devolver un favor hecho. Los enfermos, niños, mujeres, vagabundos y mucho menos los samaritanos eran excluidos de ese grupo de privilegio.

Jesús pasa a narrar una parábola que conocemos como la del buen samaritano. ¿Quién es el personaje principal? Alguien odiado por los escribas, ¡los samaritanos! Jesús quería que este escriba entendiera el mensaje y el corazón de Dios. No se trata de conocer lo que se lee, se trata de una buena interpretación.

La Palabra de Dios está al alcance de todos nosotros y necesitamos leerla, pero más que todo darle una buena interpretación que sea práctica. Los fariseos no creían en Jesús, pero entendían que el escudriñar las Escrituras los conducía a la salvación. Jesús le dice «ellas son las que dan testimonio de mi». Es imposible creen en la Biblia y no creer en Jesús. El diácono Felipe le preguntó al etíope– que iba leyendo las Escrituras– si entendía lo que estaba leyendo a lo que este le respondió, «no hay quien me la explique» (Hechos 8:26-38).

Una interpretación correcta de lo que Dios nos está diciendo nos lleva a realizar su voluntad la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). ¿Estás entendiendo lo que Dios te ha hablado? ¿Cómo lo estás interpretando? Permite al Espíritu Santo que moldee tu manera de pensar, tu manera de ver las cosas y tu interpretación de las mismas. Una buena interpretación nos lleva a una mejor conducta y nos ayuda a practicar la justicia.

¡Piensa y Acciona!

Nacho