¿Por Qué Me Abandonaste? 2nda parte

En los medios de comunicación, tanto sociales como noticiosos, a menudo nos informan sobre casos desgarradores de recién nacidos, ancianos y animales que han sido abandonados por sus familias o cuidadores. La angustia que deben experimentar estos seres es difícil de imaginar. Ser dejado a la intemperie, al azar o a la benevolencia de un extraño debe ser una experiencia extremadamente dolorosa y desoladora.

Los seres humanos no están diseñados para vivir en soledad ni para sentirse abandonados por la sociedad. Estamos hechos para convivir y relacionarnos con otros seres humanos. Este principio se refleja en las Escrituras cuando Dios crea al primer ser humano, Adán. El escritor bíblico señala que “para Adán no se halló ayuda que le fuera idónea” (Génesis 2:20). Esta afirmación sugiere que el plan divino para el ser humano incluye la compañía y el apoyo de otros seres humanos, destacando que la existencia plena y significativa se encuentra en la relación y la interacción con nuestros semejantes.

En la parábola del Buen Samaritano, Jesús describe a un hombre que, tras ser asaltado y dejado casi muerto en el camino de Jerusalén a Jericó, se enfrenta a una agonía extrema. Este hombre probablemente experimentó pensamientos aterradores sobre su posible muerte, temores sobre si su familia alguna vez conocería su destino, y una profunda desesperanza mientras yacía herido, ensangrentado y sin poder moverse.

¿Te has sentido alguna vez en una situación de tal vulnerabilidad, inseguro y abandonado, con pensamientos tan oscuros como el deseo de rendirte o de acabar con tu vida.? Aún en esos momentos más desesperados, hay un tenue rayo de esperanza que persiste, sosteniendo la creencia de que la situación puede mejorar y que el futuro puede ofrecer algo mejor.

Afortunadamente para el hombre en la parábola, se encontraba en un camino transitado por viajeros. Esto le daba la posibilidad de recibir ayuda de alguien movido por la compasión. Aunque la espera probablemente fue larga y llena de dolor, y aunque la vida parecía desvanecerse con cada segundo, el hecho de que la ayuda pudiera estar cerca mantenía viva una chispa de esperanza.

Finalmente, se oyen los pasos de un individuo descrito como un sacerdote del Templo. Aunque el relato no detalla si el moribundo pudo identificar a este sacerdote en ese momento de debilidad y vulnerabilidad, es natural pensar que al escuchar estos pasos, el herido recuperó por un instante la esperanza de ser auxiliado.

Este sacerdote se encuentra con el hombre herido, casi muerto, y decide no ayudarle. Es razonable suponer que el sacerdote podría estar regresando a su hogar tras cumplir con sus deberes en el Templo, donde su rol era crucial para la vida espiritual del pueblo: ofrecer sacrificios, ministrar y mantener la relación entre el pueblo y Dios.

La Ley de Moisés, como se menciona en Levítico 21:1-4, prohibía a los sacerdotes tocar cadáveres o estar en contacto con cuerpos muertos, salvo en casos de familiares cercanos. El sacerdote en la parábola, al no acercarse al herido, podría estar intentando cumplir con esta ordenanza y evitar el riesgo de contaminación ritual. Por lo tanto, aunque su acción puede parecer falta de misericordia, podría interpretarse como un intento de mantener su pureza ritual.

Después del sacerdote, pasa por allí un levita, también miembro de la tribu de Leví, cuyo papel era asistir al sacerdote en sus funciones. Al igual que el sacerdote, los levitas estaban sujetos a las mismas leyes de pureza respecto a los muertos. El levita, a diferencia del sacerdote, se acerca al herido pero, en lugar de ofrecer ayuda, continúa su camino.

Tanto el sacerdote como el levita decidieron continuar hacia su hogar y entorno cotidiano en lugar de ofrecer ayuda al hombre herido. Su adhesión rígida a las leyes rituales los cegó ante la necesidad inmediata del prójimo, llevándolos a ignorar los dos mandamientos fundamentales que Jesús destacó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-40). Estos mandamientos, según Jesús, son la base de toda la Ley y los Profetas, y deberían guiar nuestras acciones y decisiones.

La actitud de estos personajes puede reflejar una crítica hacia aquellos que, enfocados en el cumplimiento de normas religiosas, pierden de vista la esencia del amor y la compasión. En este contexto, el cumplimiento estricto de las reglas rituales se convierte en una barrera que impide la verdadera práctica de la misericordia.

Es comprensible que, si has tenido experiencias dolorosas con personas o instituciones que se autodenominan religiosas, puedas sentir un resentimiento hacia todo lo que representan. Esa sensación de abandono y la falta de compasión que has experimentado pueden haber herido profundamente tu confianza en la iglesia o en las prácticas religiosas en general. Es natural que estas experiencias aisladas puedan afectar tu percepción y provocar un desinterés o rebelión hacia las instituciones que te han causado dolor.

Sin embargo, es importante recordar que estas experiencias, aunque dolorosas, no representan la totalidad de la fe o la comunidad religiosa. La verdadera esencia del amor y el cuidado, como se enseñó en la parábola, va más allá de las normas y rituales. A veces, es en el ejercicio de la misericordia y el amor genuino donde podemos encontrar un sentido más profundo de conexión y sanación, tanto con los demás como con nuestra propia espiritualidad.

No te pierdas la tercera parte de este escrito…

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Por Qué Me Abandonaste?

¿Alguna vez te has sentido abandonado o abandonada? ¿Qué causó esa sensación? Al reflexionar sobre estas preguntas, el sentimiento de abandono vuelve a apoderarse de ti. Tal vez fue el abandono de tus padres o de uno de ellos; el divorcio inesperado; la traición de un pastor o líder en quien confiabas; los hermanos que te dieron la espalda cuando pecaste y te etiquetaron como hijo del diablo; los amigos que dejaron de hablarte porque no querías participar en sus actividades. La lista puede podría seguir, pero ya entiendes a lo que me refiero.

El abandono deja marcas imborrables en los seres humanos especialmente cuando dependías de esa persona. ¿Qué pasa si quien que te abandono fue la iglesia? ¿Sientes que falló al no hacer lo más importante–amar y tener misericordia–cuande más lo necesitabas? En este escrito, examinaremos detenidamente la parábola del buen samaritano, que se encuentra en Lucas 10:25-37.

En un diálogo sobre cómo heredar la vida eterna, un joven inquieto se acerca a Jesús en busca de orientación. Jesús le plantea dos preguntas cruciales: ¿qué está escrito en la ley? ¿cómo la interpretas? El joven rápido en su respuesta , resume la ley con las palabras que conocemos: amarás al Señor con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Jesús le responde, ve y haz esto para que vivas. Al parecer este joven estaba buscando una respuesta de confirmación más específica o quizás una aclaración y le pregunta a Jesús ¿quién es mi prójimo? Veremos cómo el Señor le responde.

En la narración que sigue, se ilustra el abandono por parte de aquellos encargados de proteger y velar por los menos afortunados. Sin embargo, antes de apresurarnos, observemos al personaje en cuestión, quien no está definido por su nacionalidad, posición o estatus. El texto bíblico menciona que descendía de Jerusalén hacia Jericó, lo que nos permite suponer que podría estar regresando de adorar en el templo o de una actividad cotidiana en el mercado. En última instancia, la procedencia del personaje no es relevante para el mensaje central de lo que queremos resaltar.

En la vida, todos seguimos un rumbo hacia un destino que creemos conveniente, eligiendo las rutas que consideramos más adecuadas para alcanzarlo. Sin embargo, no podemos prever los obstáculos que retrasarán nuestra llegada. La parábola ilustra un hombre que, tras ser robado, golpeado y abandonado como muerto, enfrenta una dura realidad: el abandono total. Esta imagen refleja una paradoja de la vida que muchos han experimentado, donde la dignidad, la virginidad, la identidad, los bienes materiales, los sueños, las ideas y las metas son despojados. La sensación de haber sido robado y golpeado es palpable, como lo expresa la frase «me diste un golpe bajo,» que denota acciones malintencionadas destinadas a causar daño y dificultar el logro de nuestros deseos. Estos golpes no solo han dejado a muchas personas irreconocibles, sino que también han apagado la luz en sus ojos, el deseo de vivir y luchar, y han endurecido sus corazones, llevándolos a un estado casi de muerte en vida.

En ese estado casi de muerte en vida, aún mantenemos la esperanza de que en nuestro camino aparecerán personas capaces de ayudarnos a salir del abandono. Estas personas se identifican por su nivel de vida, sus proyecciones, su trayectoria, su posición y otros aspectos relevantes. La incertidumbre persiste: ¿nos decepcionarán o, por el contrario, nos brindarán la ayuda que necesitamos para recuperarnos?

No te pierdas la segunda parte de este escrito…

«Piensa y Acciona»

Nacho

Bajo Nueva Administración

Armando, iba todos los sábados a la bodega de la esquina a comprar los víveres para la semana siguiente. Él sabía donde estaba cada artículo, conocía a los empleados y al dueño y estaba al tanto de cuándo llegaban los productos frescos. Se sentía cómodo y en familia en esta bodega.

Armando se fue de viaje fuera de la ciudad por un tiempo con su familia y además estuvo un tiempo enfermo. Varias semanas pasaron y nuevamente como acostumbraba fue a la bodega. Esta vez notó que el nombre de la bodega había cambiado; habían algunos empleados nuevos; los artículos habían sido cambiados de lugar y notó que su amigo Daniel–dueño de la tienda– ya no estaba allí. Al preguntar le fue informado que el negocio fue vendido y estaba bajo nueva administración.

¿Te ha pasado a ti? De seguro que has visto el letrero de «Bajo Nueva Administración» en muchos lugares a través del tiempo. Cuando esto sucede lo esperado es ver implementación de cambios, nuevos métodos de mercadeo, nuevos productos y posiblemente nuevos precios.

¿Sabes que todo aquel que ha venido a Jesús para salvación está «Bajo Nueva Administración»? El apóstol Pablo lo expresa de esta manera, «Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:17 NVI). Tenemos una nueva naturaleza, el viejo hombre y mujer han muerto, tenemos la vida de Cristo, ya no hay condenación, tenemos paz con Dios y vemos la vida desde otra perspectiva (Rom.5:1; 8:1).

En otro tiempo teníamos otro dueño que la Biblia lo describe como aquel que dejó el mundo hecho un desierto, arrasaba ciudades y nunca dejó libres a sus presos (Isaías 14:17). Sus nombres son: padre de mentira, dios de este siglo, el engañador, el tentador, príncipe de este mundo, diablo, Satanás y muchos más que describen su oscura personalidad.

El nuevo dueño es descrito como: príncipe de paz, Dios de justicia, Padre eterno, Dios fuerte, Padre de las luces y muchos otros que describen su amor, cuidado y protección para los suyos.

«Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¿Por gracia ustedes han sido salvados!» (Efesios 3:4,5).

Esta Nueva Administración está continuamente haciendo obras maravillosas en nuestras vidas; renueva nuestras fuerzas aun cuando no tenemos ninguna; nos inunda de una paz que se manifiesta en momentos de adversidad. La obra que ha sido comenzada en nuestras vidas por la Nueva Administración seguirá siendo perfeccionada hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6)

Hay propietarios que al momento de la ciudad querer comprales su propiedad para algún nuevo proyecto, se niegan y se aferran a esa esctructura que por tiempo ha sido su sustento. ¿Qué sucede al tiempo? Todo se ve renovado, PERO esa propiedad se ve fuera de lugar. ¿Qué tal si le permitimos al Nuevo Inversionista llamado Jesús de Nazareth comprar nuestra propiedad y embellecer toda nuestra vida? Sería muy imprudente no ceder nuestra propiedad y terreno a este Nuevo Inversionista.

Estar bajo esta Nueva Administración tiene implicaciones trascendentales y eternas. Al ser transformados a nuevas criaturas entramos en un proceso de cambios que redundan en beneficio no solo personal sino que alcanza a todos los que están a nuestro alrededor. Las malas costumbres comienzan a desaparecer, la perspectiva de la vida cambia, el pensamiento es renovado, el hablar y el caminar son diferentes, el trato hacia los demás es amable y sobretodo, se comienza a vivir y a disfrutar la vida de Cristo.

A través de este escrito te hago una invitación con esta pregunta, ¿por qué no entregas tu propiedad–tu vida–a una Nueva Administración? Cristo Jesús te ofrece el perdón de tus pecados y te garantiza que serás una nueva criatura.

Estoy Bajo Nueva Administración.

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Entiendes lo que lees?

¿Alguna vez has tenido que leer un libro, documento, mensaje o alguna otra cosa que requiere comprensión más de una vez? A todos nos ha pasado que la primera vez no entendimos el mensaje o dudamos del contenido y eso nos llevó a una segunda o tercera lectura. ¿Sabes? Dios quiere que entendamos Su Palabra y la interpretemos correctamente.

Un personaje importante le preguntó a Jesús qué cosas podía hacer para heredar la vida eterna (Lucas 10:25-37). Este era un escriba quien era parte del grupo que se dedicaba a interpretar la ley. Esta interpretación salía en parte del consejo y sabiduría de los ancianos del pueblo y también de las discusiones de la ley de parte de los rabínos. Se recurría a esa sabiduría que se iba adquiriendo a través de las experiencias de vida y al conocimiento de la ley dada por Moisés. Todo esto luego fue recogido y plasmado en lo que se conoce como el Talmud.

Un escriba debía de tener el mensaje claro y no tener tal interrogante. Una de dos cosas puede ser posible aquí: tenía una respuesta que le daba seguridad y buscaba una afirmación ó no había entendido el mensaje la primera vez. Hay dos preguntas que Jesús le hace a este escriba: ¿qué está escrito en la ley? ¿cómo lees? Jesús no está interesado en lo que dice sino en cómo el escriba la interpretaba. La lectura junto con la interpretación modifica la conducta del individuo y es allí donde Jesús quiere llegar.

El pensamiento judío concerniente a la salvación se concentraba en qué acciones garantizaban la vida eterna. Jesús le pregunta a este personaje si conocía la ley a lo que rápido contestó que sí. Pero, Jesús lo redirige de la lectura a la interpretación. Jesús le dice «ve y haz lo que dice la ley». Aquí el escriba se quiere pasar de listo–así decían en mi barrio. Y, ¿quién es mi prójimo? Él tenía un concepto de quién era su prójimo. Solo estaba buscando aprobación de Jesús. Para él, su prójimo eran aquellos iguales a él; que podían devolver un favor hecho. Los enfermos, niños, mujeres, vagabundos y mucho menos los samaritanos eran excluidos de ese grupo de privilegio.

Jesús pasa a narrar una parábola que conocemos como la del buen samaritano. ¿Quién es el personaje principal? Alguien odiado por los escribas, ¡los samaritanos! Jesús quería que este escriba entendiera el mensaje y el corazón de Dios. No se trata de conocer lo que se lee, se trata de una buena interpretación.

La Palabra de Dios está al alcance de todos nosotros y necesitamos leerla, pero más que todo darle una buena interpretación que sea práctica. Los fariseos no creían en Jesús, pero entendían que el escudriñar las Escrituras los conducía a la salvación. Jesús le dice «ellas son las que dan testimonio de mi». Es imposible creen en la Biblia y no creer en Jesús. El diácono Felipe le preguntó al etíope– que iba leyendo las Escrituras– si entendía lo que estaba leyendo a lo que este le respondió, «no hay quien me la explique» (Hechos 8:26-38).

Una interpretación correcta de lo que Dios nos está diciendo nos lleva a realizar su voluntad la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). ¿Estás entendiendo lo que Dios te ha hablado? ¿Cómo lo estás interpretando? Permite al Espíritu Santo que moldee tu manera de pensar, tu manera de ver las cosas y tu interpretación de las mismas. Una buena interpretación nos lleva a una mejor conducta y nos ayuda a practicar la justicia.

¡Piensa y Acciona!

Nacho

Perdí El Deseo De Vivir

¿Te has encontrado en alguna situación de vida en la que has pensado que mejor sería morir que vivir? Parece una locura que alguien tenga semejante pensamiento. Hay momentos que ha nuestro parecer la vida es injusta y nos pasa facturas de deudas de otras personas; nos despiden del trabajo; perdemos un familiar; el banco reposesiona nuestras inmuebles; una relación de años se va al suelo y cuántas cosas más.

No solo está el pensamiento de que la vida es injusta, nos llega el pensamiento de que Dios también es injusto. Esta etapa es el resultado de muchas situaciones pasadas en las cuales nuestra fe fue probada y nuestra resistencia comenzó a desaparecer. Dios cerró sus oídos a nuestro clamor; no contestó en el momento más difícil y para colmo, aún aquellos en quienes confíabamos, se alejaron de nuestro lado.

Esto trae a mi memoria una historia bíblica de un hombre llamado Job. Esta narración se encuentra en el libro del mismo nombre. La narración comienza con una conversación en el cielo entre Dios y Satanás. Lo más curioso y contraproducente es que Dios le pregunta a Satanás acerca de la fidelidad de Job. El primer capítulo de ese libro lo describe como un hombre justo, perfecto, temeroso de Dios y apartado del mal. Aunque la narración bíblica no lo dice, parece ser que Satanás había intentado quitarle a este hombre todo, pero no pudo. Él le dice a Dios que la razón por lo que Job le sirve es porque Dios ha puesto un cerco de protección alrededor de él y de todo lo que tiene.

No miente la Escritura cuando dice en el evangelio de Juan que Satanás solo vino para robar, destruir y matar (10:10). Este personaje no quiere que los seres humanos gocen de una vida de abundancia y prosperidad. Él y su séquito de demonios son los responsables del mal en la tierra. Claro está que la determinación final la toman los seres humanos, pero son incitados por esta huested satánica.

La conversación entre Dios y Satanás continuó y finalmente el enemigo recibe autorización para quitarle todo a Job, matar a sus hijos y enviar a su cuerpo una enfermedad terrible. A pesar de todo esto, Job no renunció a Dios y expresó, «Dios dio, Dios quitó sea el nombre de Jehová bendito» (1:21). No fue fácil pues Job no pudo entender por qué si él era un hombre justo, temeroso de Dios, amante de su familia y de su gente. Parece que lo que dicen acerca del karma no es tan cierto como lo proclaman.

Los amigos de Job–tres de ellos–vinieron a consolarlo, pero lo que hicieron fue acusarle de pecador y condenar el pecado que había cometido, según ellos. No solo el dolor de la enfermedad, sino el dolor de que aquellos en los que podía encontrar palabras de apoyo lo condenaron. Todo esto fue mermando las fuerzas de este hombre y llegó al punto de maldecir el día de su nacimiento y querer morirse (3).

Las situaciones que te han llevado a desear morirte no se pueden negar y algunas de ellas tampoco se pueden evitar. Dios se le reveló a Job en medio de su prueba y le sanó, le restituyó todo lo que había perdido, incluyendo sus hijos. En medio de la miseria, angustia y prueba ¡hay esperanza! Es cierto que el panorama actual se ve incierto, pero Dios está contigo a pesar de que crees que está lejos.

No te puedo prometer que todas las situaciones adversas y negativas se arreglan siempre, pero te puedo prometer que en medio del proceso Dios te da paz y seguridad. Posiblemente la enfermedad no se vaya, o la relación no se arreglé; puede ser que el problema continue, pero hay una esperanza firme en Dios. El profeta Habacuc lo pudo ver a pesar de la situación difícil en la que estaba. Él dijo lo siguiente y ojalá tú también lo puedas expresar:

Aún después de tanta destrucción; cuando la higuera se seque y no haya flores ni fruto; cuando los olivos no produzcan y los campos permanezcan estériles; cuando el ganado muera en el campo y los corrales estén sin vacas, yo me regocijaré en el Señor y me alegraré en el Dios que nos salva. ¡El Señor Dios es quien me hace estar fuerte! Me dará la velocidad de un venado y me conducirá con seguridad sobre la altura de las montañas (Habacuc 3:17-19).

«Piensa y Acciona»

Nacho

Silencios Que Matan

Ermenejildo estaba para dar su último suspiro de vida. Un cáncer en el hígado fue descubierto ocho años atrás. Se agotaron todos los recursos, pero nada se pudo hacer. Él pidió a su esposa Almagia e hijos que se acercaran pues quería darles sus últimas palabras. Con lágrimas en sus ojos, todos esperaban escuchar las últimas palabras de su padre y esposo. Estas fueron sus palabras: «les pido perdón por todo el daño que les causé», ellos interrumpieron diciéndole «papá, tú has sido un hombre ejemplar y nunca hiciste algo que nos causará daño». «Permitanme terminar mis palabras hijos» replicó Ermenejildo. «Al principio de nuestro matrimonio conocí a una señorita que conquistó mi corazón. A pesar de que amaba a su madre comencé una relación amorosa con ella. Ella tuvo un hijo mío». Todos abrieron su boca asombrados, desilusionados y en ‘shock’. «Por favor Almagia, perdoname por este daño que hice. Hijos míos no saben el dolor que he cargado por tantos años. Me arrepiento con todo mi corazón». Todos quedaron desbatados sin saber qué pensar. Ermenejildo murió y la buena reputación y ejemplo mostrado a lo largo de los años se vino al suelo.

Esta historia es ficticia, pero reflejada en la vida de muchas familias. ¡Hay silencios que matan!

David, el rey que Dios escogió para dirigir a la nación hebrea exclamó lo siguiente: «Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mi tu mano; mi vigor se convirtió en sequedales de verano» (Salmos 32:3,4).

David había cometido adulterio y se mantuvo callado. Dios tuvo que confrontarlo y de esta manera David confesó. Durante un año se mantuvo en silencio pensando que así podía callar la voz de la conciencia. Por causa de ese silencio experimentó soledad, enfermedad y sufrimiento. Sintió que su cuerpo se moría lentamente. No fue hasta que confesó que recibió sanidad y puede declarar «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y ha sido cubierto su pecado» (Salmos 32:1).

Posiblemente tu silencio no es porque pecaste, puede que hayas sido lastimado, herido, abusado y traicionado. Callas tu agonía y decides sufrir solo o sola sin darte cuenta que estás haciendo más daño a tu salud emocional, mental, física y espiritual. David y su familia se mantuvieron callados ante el abuso sexual de Amnón–primogéntito de David– hacia su hermana Tamar. ¡Que ironía que un rey tan justo callara ante el abuso de su propia hija!

Hay quienes guardan silencio ante la culpa que sienten por los errores cometidos o por no ser juzgados por los demás.

El salir del silencio es un proceso posiblemente doloroso, pero al final, muy beneficioso. Dios quiere sanar tus heridas; quiere restaurar tu corazón herido y te quiere rodear de personas que te ayudarán en el proceso. Si tu silencio es por causa de algún pecado cometido, Dios está dispuesto a perdonarte, limpiarte de toda culpa y restituirte a tu posición.

Y ahora, que el Dios de paz–quien levantó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, y que ratificó un pacto eterno con su sangre–los capacite con todo lo que necesiten para hacer su voluntad. Que él produzca en ustedes, mediante el poder de Jesucristo, todo lo bueno que a él le agrada. ¡A él sea toda la gloria por siempre y para siempre! Amén. Hebreos 13:21

«Piensa y Acciona»

Nacho

Borrando La Realidad

¡Qué ironía el pensar que la realidad se puede borrar! La realidad es la suma de los sucesos y circunstancias presentes en la vida o escenario de los seres vivos, naturaleza y universo. Aunque la realidad que se viva sea dura, triste y sofocante, se necesita resilencia, sabiduría y tacto para enfrentarla y salir adelante con las metas trazadas.

Jesús, en una ocasión les habló a la gente acerca de un jovencito que quiso salir de su realidad. Te cuento. Este joven vivía con su padre y tenía un hermano mayor. Por ser el menor, su padre tenía el control de todo y requería un sometimiento a las reglas establecidas en la casa. Llegó un momento en que este joven decidió que la realidad que vivía necesitaba ser cambiada y comenzó a preparar un plan en su mente. Cuando llegó el momento adecuado–de acuerdo a este joven, le pidió a su padre que le diera la herencia que tenía reservada para él.

Este joven pensó que cambiando de escenario su realidad sería diferente. Al principio pareció que la decisión tomada fue atinada y precisa. Pero el tiempo pasó y la realidad nuevamente chocó con este joven. Se dio cuenta de que la realidad no se puede borrar y se debe vivir día a día. Regresó con su padre pero con actitud diferente.

Hay quienes desean desaparecer para borrar su realidad; otros se sumergen en vicios; otros, se quitan la vida; se rompen relaciones de toda una vida y algunos prefieren una vida solitaria. La realidad presente no se da en un vacío, tiene un pasado que le dio base y solidez. Son decisiones tomadas buenas o malas que tienen trascendencia eterna.

El final del joven del relato de Jesús fue muy bueno pues su padre lo recibió y le dio todo lo que necesitaba. Debes entender de que Dios te ama a pesar de tu realidad presente. Él no te juzgará por tu pasado, solo toma la desición de servirle y pedirle dirección.

Pedro negó a Jesús y es muy probable que estuviera siendo atormentado por esa realidad. ¡Había sido parte del círculo ítimo de Jesús! Estuvo tres años con él viendo las grandes maravillas que hizo. Al llegar el momento difícil, Pedro determinó que si decía que conocía a Jesús, su realidad cambiaría drásticamente. ¡Ciertamente cambió, pero no de la manera que quizás esperaba! Después que Jesús resucita tiene una conversación con Pedro y lo restaura (Juan 21).

Tu realidad no cambiará, pero tu fe te sostendrá y te mostrará un camino que tus ojos carnales no pueden ver. «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman» (1 Corintios 2:9).

«Piensa y Acciona»

Nacho

Un Templo Construido, Una Ciudad En Ruinas

Nehemías lloró cuando se enteró de que la ciudad todavía estaba en ruinas sin un muro de protección (Nehemías 1:3-4). Cuando el rey Ciro, movido por Dios, dio la orden de que los judíos podían regresar a su ciudad, fueron dirigidos por Zorobabel y Josué el sacerdote.

La prioridad era levantar sus casas y el templo y reanudar los sacrificios y ofrendas prescritas por la ley. ¡Imagínate que escena tan alegre de tener la oportunidad de reconstruir lo que había sido derribado por el enemigo. Hubieron luchas, tropiezos y oposición, pero nada los detuvo. Cuando Nehemías logra llegar a Jerusalén, la escena era desgarrante, ¡La ciudad no estaba protegida por un muro!

Los muros protegían a las ciudades de los enemigos; daban sentido de seguridad y protección. Nehemías junto con los líderes se dieron a la tarea de reconstruir la muralla y lo lograron en tan solo 52 días. Todas las familias trabajaron para lograr dicho objetivo.

¿Sabes? Hoy en muchas de nuestras ciudades vemos la misma escena: templos construidos y ciudades en ruinas. No es la ruina física de edificios y casas; es la ruina de los valores, los principios, el temor a Dios y el hundimiento en la maldad.

Es muy cierto que cada congregación necesita un lugar específico para reunirse, nutrirse, ser edificados y desde ahí salir a evangelizar y proclamar las buenas nuevas de salvación. Pero, cuando se le da más importancia a las facilidades físicas antes de procurar proclamar a Jesucristo en la ciudad, la ciudad se deteriora y se convierte en ruinas.

Nuestra sociedad carece de valores absolutos que rijan la conducta. Cada cual alega tener una verdad personal que nadie puede refutar. Todos dicen estar en el camino correcto creyendo en ellos mismos como centro de adoración. Los matrimonios siguen divorciandose, las familias se siguen rompiendo, los niños y jóvenes se adentran a un mundo obscuro que les ofrece felicidad, pero al final los esclaviza. Nuestras jovencitas se nos pierden en la prostitución, en las drogas y en el lesbianismo; nuestros jóvenes se sumergen en el mundo de las drogas y las gangas. Seguimos perdiendo vidas que apenas comienzan a vivir; madres solteras abandonadas por la sociedad y cada día el mal arropa nuestras ciudades.

¿Cómo es posible que nuestras ciudades estén en ruinas mientras tenemos templos bellos, majestuosos y voluminosos? La salvación de nuestras ciudades no está en lo material que podamos ofrecer, está en la persona de Jesucristo de quien la iglesia es el cuerpo. Hay que seguir proclamando a Jesús como el único camino de salvación. Hay que llegar al necesitado y extenderle la mano; el mensaje tiene que llegar aún aquellos que han sido marginados por la sociedad. Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Deseamos que nuestras ciudades sean levantadas de la ruina; que nuestros ciudadanos sean gente de provecho; que nuestros jóvenes tengan una larga vida y que nuestros gobernantes dirijan con integridad.

Es tiempo de llorar como hizo Nehemías pero también es tiempo de actuar y levantarnos. ¡Edifiquemos nuestra ciudad!

¡Piensa y Acciona!

Nacho

El Evangelio Que No Me Predicaron

El evangelio es el mensaje cristiano, su proclamación, o las «buenas nueva», referidas especialmente a las enseñanzas de Jesús acerca del reino de Dios y a la predicación de la iglesia en cuanto a Jesús. Él es la buena noticia dándose en sacrificio por nuestros pecados, pagando nuestra culpa, perdonándonos y dándonos acceso al Padre. Somos sus hijos bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales (Efesios 1:3).

El evangelio es sencillo; no hay nada complicado que no pueda ser entendido y aceptado. En Mateo 11 verso 30, el Señor Jesús dijo, «Mi yugo es fácil, y ligera mi carga». Hay muchos «evangelios» que han surgido, pero hay un solo «evangelio de Jesucristo». ¿Por qué dentro de las congregaciones se predica y enseña un evangelio diferente? ¿Por qué se quiere privar a muchos de conocer el evangelio de Jesucristo?

Se ha predicado un evangelio de fe sin arrepentimiento resultando en una religión hipócrita y presuntuosa. Esto ha producido personas que están aferradas a una creencia, la defienden, la manipulan y articulan en palabras de tal manera que quienes le escuchan son acusados de infieles y merecedores del infierno. Por otro lado, se ha predicado un evangelio de arrepentimiento sin fe resultando en remordimiento inútil y frustrante. Estos son acusados constantemente por su conciencia y por sus «hermanos en la fe». A este evengelio se le tiene que añadir constantemente una dosis de buenas obras que calmen la conciencia de toda culpabilidad.

El evangelio de Jesucristo ofrece perdón de pecados a todos aquellos que ponen su fe en Jesús; trae liberación de ataduras y conductas pecaminosas a quienes ponen su confianza en él. Es capaz de perdonar a una mujer sorprendida en el acto de adulterio (Juan 8); restaura a quienes lo niegan (Juan 21: 15-17); transforma a los perseguidores de la iglesia (Hechos 9). El evangelio no solo llega al pobre también alcanza al rico; llega al esclavo y al amo; no importa la raza, el color o la etnia. Por cuanto el evangelio es Jesús, transforma a todos aquellos que lo aceptan en su corazón. No hay verdad tan liberadora que sentir el perdón de los pecados y tener la seguridad de que Dios está dispuesto a restaurar lo que se ha perdido (Lucas 19:10).

Ese es el evangelio que debe ser predicado a este mundo que busca identidad, reconocimiento y aceptación. Ese es el evangelio que debe ser sostenido en las congregaciones; predicado desde los altares y desde la esquina en la calle. Este es el evangelio que no me predicaron: Este mensaje es verdadero y todo el mundo debe creerlo: Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero (1 Timoteo 1:15).

«Piensa y Acciona»

Nacho

Rompiendo Esquemas-crecimiento cristiano sostenible última parte

En el último escrito mencionamos al apóstol Pedro a quien dejamos con todas esas estructuras mentales estropeadas. Veamos lo que Dios hizo en él.

Días después de la resurrección de Jesús, hubo un encuentro en la playa, Jesús y sus discípulos. Posiblemente Pedro se sentía frustrado, culpable, angustiado y posiblemente confuso por causa de negas a Jesús en el momento más difícil. Jesús lo toma y lo restaura dándole una gran encomienda, «apacienta mis ovejas».

Luego del derramamiento del Espíritu Santo, notamos a Pedro que aunque sigue siendo intrépido, pero ahora en un sentido más relevante y beneficioso para el avance del evangelio en la región. Todas las cualidades que tenía cuando vino a Jesús fueron transformadas en favor del ensanchamiento del evangelio de Jesús.

Pedro ya no tiene miedo de morir por Jesús. En un episodio desafia a la corte religiosa judía quienes le prohibían hablar en nombre de Jesús. En sus dos escritos vemos un cambio radical en su vida y lo encontramos aconsejando y orientando a una iglesia perseguida.

Al igual que Pedro, Dios toma hombres y mujeres ordinarios para una labor extraordinaria. Trabaja en ellos derrumbando estructuras, esquemas mentales carnales y levanta estructuras mentales espirituales.

Crecer y sostener una vida cristiana de altura requiere una negación diaria y una dependencia total de Dios. La mentalidad de querer alcanzar éxito, grandeza, reconocimiento y gloria tiene que morir. La manera de pensar tiene que ser transformada permitiendo al Espíritu Santo romper con paradigmas y comportamientos carnales que en nada aportan al propósito de Dios.

Romper, destruir y abandonar los comportamientos que siempre has tenido los cuales te llevaron a una vida de desilusión, no es fácil. El Espíritu Santo quiere obrar en ti pues Dios tiene grandes bendiciones para ti y los tuyos. Entregale todo tu ser, somete tu voluntad a la suya y deja que haga una nueva criatura.

Se hace necesario destruir la vieja casa en nosotros y tener la disponibilidad de construir lo nuevo de Dios en nosotros. Bien lo dijo el apóstol Pablo al escribirle a la iglesia de Corinto, «Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!

«Piensa y Acciona»

Nacho