¿Te acuerdas de la parábola narrada por Jesús del hombre rico que se jactaba de la ganancia de sus bienes? Esta se encuentra en Lucas 12 versos 12 al 21.

Allí se nos presenta a un hombre rico, con una hacienda muy productiva y por lo tanto, con un futuro halagador. Él había preparado el terreno de tal manera que éste era muy fértil. Lo que sembró produjo una cosecha inesperada abundante de tal manera que puso a este hombre a pensar qué haría con tanta cosecha. Se dio cuenta de que sus almacenes eran muy limitados en espacio para la nueva cosecha. En su mente trazó un plan de derribar los graneros actuales y construirlos más grandes, con más capacidad de almacenaje. Este hombre no solo tenía una cosecha abundante, su capacidad e inteligencia lo habían llevado a adquirir muchos bienes.

Cada uno de nosotros es un mayordomo que tiene a disposición diferentes recursos que no necesariamente son finanzas. Estos pueden ser el matrimonio, el trabajo, el ministerio, el tiempo, la casa, el carro y usted puede nombrar muchas más.

¿Que tenía este hombre digno de imitar?

Primero, era sabio pues aplicó el conocimiento adquirido en cuanto a la agricultura para obtener buenas cosechas. La sabiduría es tener la capacidad de aplicar el conocimiento a las diferentes situaciones de la vida para obtener mejores resultados. Lo segundo en este hombre era su visión. Preparó un plan para el futuro de su cosecha y su sustento. La preparación para seguir obteniendo resultados favorables en nuestra mayordomía depende de un buen plan a seguir. Lo tercero que vemos en este hombre es que entendió que lo que tenía lo llevaría a estar libre de preocupaciones, sustento a granel, complacencia y reposo.

¿Cuál fue su problema? ¡Su egocentrismo! Creyó que la vida giraba en torno a él solamente. No le dio gloria a Dios por los resultados obtenidos y se entronó; no pensó en compartir c on aquellos desamparados a su alrededor, y según él, su inteligencia y sabiduría eran innatas en él y debido a ello obtuvo el resultado de una gran cosecha.

Nos convertimos en mayordomos incompletos cuando no pensamos en los demás. Si tienes un matrimonio exitoso, ayuda a quien está lidiando con situaciones difíciles en su matrimonio. Si tienes un buen trabajo, trata de ayudar a tu hermano o amigo que no tiene. Si estás cómodo financieramente, procura extender tu mano hacia el necesitado.

No te creas el autosuficiente. Las aves de los cielos son alimentadas por Dios; los lirios del campo son embellecidos por Dios. Lo que tienes es producto no necesariamente por tu fidelidad, pero si por la fidelidad de Dios que nos bendice.

Para ser un mayordomo completo se necesita reconocer nuestra dependencia de Dios, hacer uso de los principios bíblicos, tener amor sincero, reconocer que la sabiduría comienza con el temor a Dios, echar a un lado la arrogancia y el orgullo, entender de que aún nosotros le pertenecemos a Dios.

Ten cuidado porque puedes hoy escuchar la misma voz y el mismo mensaje que escuchó este rico de la parábola.

«Piensa y Acciona»

Nacho

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