¡No siempre tenemos la razón!

Tener razón y demostrar que estamos en lo cierto es algo que a todos satisface. Es un refuerzo a la autoestima y un modo aparente de equilibrio. La necesidad de tener siempre la razón es un mal moderno capaz de afectar nuestra salud física y emocional. Quizás porque lo necesitamos o porque nos hace sentir seguros, muchas veces nos hace falta pensar que tenemos razón, que lo que vemos y lo que oímos es lo que sucede realmente y estamos dispuestos a defenderlo frente a cualquiera.

¿Sabes lo que es el síndrome de hubris? Es un concepto griego que significa «desmesura» (exagerar). Alude al ego desmedido, a la sensación de omnipotencia, al deseo de transgredir los límites que los dioses inmortales impusieron al hombre frágil y mortal. Y lleva implícito el desprecio hacia el espacio de los demás (segurosnews.com).

David Owen y el psiquiatra Jonathan Davidson propusieron que este síndrome fuera contemplado como un nuevo trastorno psiquiátrico. Según ellos, tiene 5 síntomas que lo caracterizan: propensión narcisista a ver el mundo como un escenario donde ejercitar el poder y buscar la gloria, tendencia a realizar acciones para autoglorificarse y ensalzar y mejorar su propia imagen, preocupación desmedida por la imagen y la presentación, excesiva confianza en su propio juicio y desprecio por el de los demás y autoconfianza exagerada (feuso.es).

Isaías 58: 11, 12 «El Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá a tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no agotan. Tu pueblo reconstruirá las ruinas antiguas y levantará los cimientos de antaño; serás llamado «reparador de muros destruidos», restaurador de calles transitables». Esta es una promesa de Dios para su pueblo pero tenían que arreglar sus vidas para que esto fuera una realidad.

Dios seleccionó para sí un pueblo en el cual depositaría su amor, el cual seguiría sus mandamientos y sería un pueblo que reflejara a Dios en sus acciones y de esta manera le mostraría a las demás naciones la grandeza de este Dios provocando que estos quisieran conocer al Dios de este pueblo.

La historia de este pueblo es fascinante pues vemos su trayectoria desde que solo era un hombre hasta convertirse en una nación con un territorio estable contando con el respeto de sus enemigos. Pasaron por momentos de esclavitud, en ocasiones fueron sacados de su propia tierra. Por otro lado, desobedecieron a Dios en múltiples ocasiones. Aún con su mal comportamiento, Dios le dice a través del profeta Jeremías, «Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí» (Jeremías 31:3). Oseas , el profeta les dice, «Lo atraje con cuerdas de ternura, lo atraje con lazos de amor. Le quité de la cerviz el yugo, y con ternura me acerqué para alimentarlo» (Oseas 11:4). Aún cuando estaban en cautiverio, Dios le dice, «Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes-afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza» (Jeremías 29:11).

Con toda esa manifestación de amor hacia ellos, el pueblo perpetuó conductas inapropiadas, pero mantenían una religiosidad pensando que podían engañar a Dios. El Señor tuvo que reprenderlos fuertemente pues querían chantajearlo. A través del profeta Isaías, dice el Señor, «Por cuanto este pueblo se me acerca con sus palabras y me honra con sus labios, pero aleja de mí su corazón, y su temor para conmigo fue enseñado por mandamientos de hombres» (Isaías 29:13). Su conducta reflejaba el síndrome de hubris pues querían exagerar lo poco que hacían en cuanto a cumplir con los mandamientos. Era como decirle a Dios, «mira todo lo que estamos haciendo para ti. Deberías de sentirte contento».

Vemos en este capítulo 58 de Isaías cómo ayunaba el pueblo y qué esperaban de Dios. Hacían negocios explotando a los obreros, ayunaban para pelear. Su ayuno llevaba el propósito de mostrar su aflicción, con cabeza baja, haciendo duelo y cubriéndose la cabeza de ceniza. Eran unos opresores, acusadores y tenían una lengua maliciosa. Luego de esto entraban en pelea con Dios acusándole de no prestarles atención a todo estos sacrificios que ellos realizaban.

¡Cuán equivocados estamos al tomar lo santo, livianamente y rutinario! Nuestra perspectiva de los asuntos espirituales si no está alineada a la Palabra de Dios está completamente errónea. Necesitamos enfocarnos en la voluntad agradable y perfecta de Dios.

La pureza del evangelio es suficiente y eficaz ya que se basa en la persona de Jesús y su obra de salvación. No hay necesidad de aparentar una vida piadosa a través de obras o actos religiosos. Dios siempre reprenderá esta actitud. Lo vemos cuando Juan recibió la visión y el Señor le dice que escriba al ángel de la iglesia de Éfeso: a pesar de las obras que realizaban, se olvidaron de lo más importante, ¡la pasión motivada por el amor a Dios! La reprensión del Señor tenía el propósito de redirigirles hacia lo que verdaderamente importa y esto es estar apasionados por Jesús.

Continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho

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