Un Templo Construido, Una Ciudad En Ruinas

Nehemías lloró cuando se enteró de que la ciudad todavía estaba en ruinas sin un muro de protección (Nehemías 1:3-4). Cuando el rey Ciro, movido por Dios, dio la orden de que los judíos podían regresar a su ciudad, fueron dirigidos por Zorobabel y Josué el sacerdote.

La prioridad era levantar sus casas y el templo y reanudar los sacrificios y ofrendas prescritas por la ley. ¡Imagínate que escena tan alegre de tener la oportunidad de reconstruir lo que había sido derribado por el enemigo. Hubieron luchas, tropiezos y oposición, pero nada los detuvo. Cuando Nehemías logra llegar a Jerusalén, la escena era desgarrante, ¡La ciudad no estaba protegida por un muro!

Los muros protegían a las ciudades de los enemigos; daban sentido de seguridad y protección. Nehemías junto con los líderes se dieron a la tarea de reconstruir la muralla y lo lograron en tan solo 52 días. Todas las familias trabajaron para lograr dicho objetivo.

¿Sabes? Hoy en muchas de nuestras ciudades vemos la misma escena: templos construidos y ciudades en ruinas. No es la ruina física de edificios y casas; es la ruina de los valores, los principios, el temor a Dios y el hundimiento en la maldad.

Es muy cierto que cada congregación necesita un lugar específico para reunirse, nutrirse, ser edificados y desde ahí salir a evangelizar y proclamar las buenas nuevas de salvación. Pero, cuando se le da más importancia a las facilidades físicas antes de procurar proclamar a Jesucristo en la ciudad, la ciudad se deteriora y se convierte en ruinas.

Nuestra sociedad carece de valores absolutos que rijan la conducta. Cada cual alega tener una verdad personal que nadie puede refutar. Todos dicen estar en el camino correcto creyendo en ellos mismos como centro de adoración. Los matrimonios siguen divorciandose, las familias se siguen rompiendo, los niños y jóvenes se adentran a un mundo obscuro que les ofrece felicidad, pero al final los esclaviza. Nuestras jovencitas se nos pierden en la prostitución, en las drogas y en el lesbianismo; nuestros jóvenes se sumergen en el mundo de las drogas y las gangas. Seguimos perdiendo vidas que apenas comienzan a vivir; madres solteras abandonadas por la sociedad y cada día el mal arropa nuestras ciudades.

¿Cómo es posible que nuestras ciudades estén en ruinas mientras tenemos templos bellos, majestuosos y voluminosos? La salvación de nuestras ciudades no está en lo material que podamos ofrecer, está en la persona de Jesucristo de quien la iglesia es el cuerpo. Hay que seguir proclamando a Jesús como el único camino de salvación. Hay que llegar al necesitado y extenderle la mano; el mensaje tiene que llegar aún aquellos que han sido marginados por la sociedad. Cristo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Deseamos que nuestras ciudades sean levantadas de la ruina; que nuestros ciudadanos sean gente de provecho; que nuestros jóvenes tengan una larga vida y que nuestros gobernantes dirijan con integridad.

Es tiempo de llorar como hizo Nehemías pero también es tiempo de actuar y levantarnos. ¡Edifiquemos nuestra ciudad!

¡Piensa y Acciona!

Nacho

Pensando Desde La Fe 

La fe vivida por unos cristianos en un lugar concreto de la tierra, da, ciertamente, identidad y ensanchamiento al corazón de los hombres y hace mirar más allá de las propias fronteras de uno (ReligiónDigital.org, Carlos, Arzobispo de Valencia). 

El mundo en el que vivimos, la sociedad de la que somos parte, tiene, sostiene y promueve valores que constantemente están cambiando. Es por eso que hoy no se piensa lo mismo que el ayer y ciertamente no será lo mismo mañana. Hay una hambre y sed de identidad comunitaria y no de una identidad genuina y única; existe un deseo de identificar a los demás de acuerdo al pensamiento “libre sin restrinciones”. La identidad es fluida y va de acuerdo a qué día de la semana es. 

Los valores nos permiten orientar nuestro comportamiento para realizarnos como personas y nos ayudan a mirar los escenarios de la vida de manera diferente y única a los demás seres humanos. Podemos describer los valores como principios y creencias fundamentals que nos ayudan a preferir, apreciar y elegir unas cosas en lugar de otras, o un comportamiento en lugar de otro (AQ, Ana Caldas). 

El apóstol Pablo cuando escribe la carta a la iglesia en Roma, les dice que no imiten las conductas ni costumbres del mundo, sino que permitan que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar (Rom.12:2). La mente es un componente muy importante y poderoso en el ser humano. Todo lo que es captado por los ojos, escuchado a través de nuestros oídos, percibido por nuestro olfato, tocado por nuestras manos y pies y hablado por nuestra boca, es procesado en nuestra mente e interpretado de acuerdo a esos valores que rigen nuestra vida. Es entonces cuando manifestamos un comportamiento definido. 

¿Qué tal sería si nuestro comportamiento, valores, principios y acciones fueran el resultado de una mente que piensa desde la fe? 

Pensar desde la fe, es tener en mente lo que Dios dice en Su palabra tocante a los asuntos relevantes de la vida que tienen repercusión en lo eterno. Pensar desde la fe es vivir las instrucciones de Dios desde nuestro ser interior. Pensar desde la fe es el resultado de una vida llena del Espíritu Santo que busca glorificar a Dios a través de los pensamientos, acciones y palabras. 

Cuando Jesús le preguntó a sus discípulos quién era él de acuerdo a ellos, ninguno pudo contestar hasta tanto Pedro no recibió revelación del Padre. Pensar desde la fe se convierte en un reto porque aunque no anula nuestras ideas o perspectiva de vida, nos ayuda a canalizar nuestra vida dando como resultado una vida productiva. 

Jesús nos enseñó a pensar desde la fe cuando enseñó el reglamento del reino conocido como el Sermón del Monte. En las bienaventuranzas vemos unos principios establecidos tales como: la justicia, la dependencia de Dios, la humildad, la compasión, la pureza del corazón, la paz y aún la persecusión (Mateo 5). 

Cuando pensamos desde la fe sabemos cuál es nuestra identidad; sabemos el propósito de vida por el cual existimos, aprendemos a depender de Dios más que de nuestras habilidades y conocimientos. Pensar desde la fe es manifestar a Jesús en nuestras vidas de modo que seamos invisibles ante el mundo y revelemos a Dios. 

Pensar desde la fe es aplicar el consejo del apóstol Pablo a la iglesia de Filipos: Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrese en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza (4:8). 

Tenemos ante nosotros un gran reto y es de pensar desde la fe. La iglesia debe ser el status quo del mundo y son ellos quienes deberían unirse a nosotros. Seamos el resultado de personas que han visto a Dios, lo han conocido y han permitido un cambio de naturaleza.  

…todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado! 2 Corintios 5:17 

«Piensa y Acciona»

Nacho