¡Estás en el lugar equivocado! (última parte)

¡Este no es mi lugar! reflexionó el hijo pródigo. En la casa de su padre, tenía todo lo que necesitaba: abrigo, cama, alimentos y sobre todo, el amor de su padre. Ahora, no tenía nada. Desesperado, buscaba a alguien que lo contratara para conseguir siquiera un bocado de alimento. Este joven representa a quienes, en momentos cruciales , deciden abandonar el lugar donde lo tenían todo pero no supieron valorarlo, pues su mirada estaba puesta en aquello que creían alcanzar en otros lugares.

Al tocar fondo, el hijo pródigo comenzó a ver con claridad lo que antes no valoraba: la estabilidad, el amor y el cuidado que siempre tuvo en casa. Su necesidad lo llevó a comprender que lo que había despreciado en su afán por experimentar algo «mejor» era, en realidad, lo más valioso. Fue entonces cuando, arrepentido y con el corazón humillado, decidió regresar a su hogar, reconociendo que había desperdiciado una vida plena por perseguir ilusiones pasajeras.

¿Qué hará falta para que comprendas que lo que tienes no es lo que realmente buscabas? ¿Cuánto tiempo más hasta reconocer que has tocado fondo? Dentro de ti, esa voz clama por ayuda y te susurra: «Regresa». El hijo pródigo no solo pensó en volver a casa, ideó un plan y eligió cuidadosamente las palabras para dirigirse a su padre. Su único deseo era ser recibido, aunque fuera como un sirviente, pues sabía que ni siquiera merecía el lugar de hijo.

Hoy quizá te sientes avergonzado, cabizbajo y triste, no solo porque estás en el lugar equivocado, sino porque antes de marcharte, ignoraste el consejo de quienes te amaban. Creías que el lugar en el que estabas te limitaba, que las personas allí frenaban tus deseos de superación y que el calor de ese hogar te asfixiaba. Decidiste irte y comenzar una nueva vida. Lo intentaste, viste la vida desde otra perspectiva, pero descubriste que aquello que tanto anhelabas no es lo que realmente te conecta con el propósito de vida para el cual Dios te creó.

La duda y la ansiedad sobre cómo serás recibido te invaden, y la preocupación sofoca tu ánimo. Sin embargo, el hijo pródigo, a pesar de su temor, emprendió su regreso sin imaginar que su padre ya lo esperaba. Fue recibido con un abrazo y un beso, y su padre organizó una gran fiesta, devolviéndole el lugar de honor que había perdido.

Tal vez, el regreso que necesitas no sea un lugar físico. Quizá se trate de restaurar una relación que se quebró por falta de comprensión o de reencontrarte con Dios. Tal vez pensaste que cambiar ciertas cosas te traerían felicidad, pero has descubierto que no es así. Cualquiera que sea tu situación, hay una solución. Dios te ama tal como eres, y nunca te rechazará. Él está esperando en el mismo lugar donde lo dejaste. Hoy, levántate y vuelve a ese lugar; tu Padre te espera con los brazos abiertos.

«Piensa y Acciona»

Nacho