Ermenejildo estaba para dar su último suspiro de vida. Un cáncer en el hígado fue descubierto ocho años atrás. Se agotaron todos los recursos, pero nada se pudo hacer. Él pidió a su esposa Almagia e hijos que se acercaran pues quería darles sus últimas palabras. Con lágrimas en sus ojos, todos esperaban escuchar las últimas palabras de su padre y esposo. Estas fueron sus palabras: «les pido perdón por todo el daño que les causé», ellos interrumpieron diciéndole «papá, tú has sido un hombre ejemplar y nunca hiciste algo que nos causará daño». «Permitanme terminar mis palabras hijos» replicó Ermenejildo. «Al principio de nuestro matrimonio conocí a una señorita que conquistó mi corazón. A pesar de que amaba a su madre comencé una relación amorosa con ella. Ella tuvo un hijo mío». Todos abrieron su boca asombrados, desilusionados y en ‘shock’. «Por favor Almagia, perdoname por este daño que hice. Hijos míos no saben el dolor que he cargado por tantos años. Me arrepiento con todo mi corazón». Todos quedaron desbatados sin saber qué pensar. Ermenejildo murió y la buena reputación y ejemplo mostrado a lo largo de los años se vino al suelo.
Esta historia es ficticia, pero reflejada en la vida de muchas familias. ¡Hay silencios que matan!
David, el rey que Dios escogió para dirigir a la nación hebrea exclamó lo siguiente: «Mientras callé se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mi tu mano; mi vigor se convirtió en sequedales de verano» (Salmos 32:3,4).
David había cometido adulterio y se mantuvo callado. Dios tuvo que confrontarlo y de esta manera David confesó. Durante un año se mantuvo en silencio pensando que así podía callar la voz de la conciencia. Por causa de ese silencio experimentó soledad, enfermedad y sufrimiento. Sintió que su cuerpo se moría lentamente. No fue hasta que confesó que recibió sanidad y puede declarar «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y ha sido cubierto su pecado» (Salmos 32:1).
Posiblemente tu silencio no es porque pecaste, puede que hayas sido lastimado, herido, abusado y traicionado. Callas tu agonía y decides sufrir solo o sola sin darte cuenta que estás haciendo más daño a tu salud emocional, mental, física y espiritual. David y su familia se mantuvieron callados ante el abuso sexual de Amnón–primogéntito de David– hacia su hermana Tamar. ¡Que ironía que un rey tan justo callara ante el abuso de su propia hija!
Hay quienes guardan silencio ante la culpa que sienten por los errores cometidos o por no ser juzgados por los demás.
El salir del silencio es un proceso posiblemente doloroso, pero al final, muy beneficioso. Dios quiere sanar tus heridas; quiere restaurar tu corazón herido y te quiere rodear de personas que te ayudarán en el proceso. Si tu silencio es por causa de algún pecado cometido, Dios está dispuesto a perdonarte, limpiarte de toda culpa y restituirte a tu posición.
Y ahora, que el Dios de paz–quien levantó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, y que ratificó un pacto eterno con su sangre–los capacite con todo lo que necesiten para hacer su voluntad. Que él produzca en ustedes, mediante el poder de Jesucristo, todo lo bueno que a él le agrada. ¡A él sea toda la gloria por siempre y para siempre! Amén. Hebreos 13:21
«Piensa y Acciona»
Nacho