La historia del llamado de Dios al joven Samuel es una muy fascinante en las Escrituras. Allí vemos cómo Dios siempre tiene cuidado de su pueblo proveyendo líderes que conducirán al pueblo en el plan y propósito de Dios. A Dios nada le toma por sorpresa pues él conoce las cosas como son y sabe cuál es el desarrollo futurístico de todo aunque ante la vista humana las cosas se observen en su más bajo nivel. Dios es el Gran Arquitecto que hace funcionar todas las piezas del edificio de tal manera que caen en su lugar correcto.
En la historia que se desarrolla en estos primeros capítulos del primer libro de Samuel, el líder religioso del pueblo estaba en una edad muy avanzada y no había quien lo sustituyera. Sus hijos no andaban de acuerdo a lo que Dios había establecido. El sacerdocio seguiría pero un líder que dirigiera al pueblo faltaría. Y, ¿qué hace Dios? Interviene en el escenario de una mujer llamada Ana y por unos años después de casada, Dios cierra su vientre. Esto provoca que un día en las subidas anuales que hacía ella junto a su familia al tabernáculo, desborde su alma ante Dios y le pide a Dios un hijo varón el cual ella dedicaría al Señor trayéndole a este lugar y dejándole allí. Dios la llevó al lugar donde había la necesidad y ella sería el instrumento que Dios usaría para proveer el próximo líder del pueblo de Israel.
Dios le da un hijo varón a Ana. Ella lo cría durante un tiempo y cuando el niño tiene alrededor de 5 años, es llevado delante del sacerdote Elí y allí se queda a vivir con él. Años después sucede lo que narra 1 de Samuel 3, «Samuel era joven, servía-ministraba al Señor (en otras versiones)-bajo el cuidado de Elí.
«Servía al Señor»
Esta información nos da a entender que el joven Samuel hacía algunos quehaceres que podríamos llamar menores en el tabernáculo. Estaba adiestrado para realizar tareas que no tenían que ver directamente con los sacrificios y ofrendas que se realizaban allí. Desde el tiempo que le trajeron hasta el momento de este relato, posiblemente habían pasado entre 8 a 10 años. Samuel dominaba muy bien lo que se le había encargado. Estaba siempre ocupado en lo que le correspondía. No tenía una relación con el Señor en el sentido de que Dios le hablaba continuamente, no le conocía pero entendía que lo que estaba realizando era del agrado de Dios.
Dios siempre nos prepara, nos equipa a través de aquellas tareas cotidianas para luego utilizarnos en un llamado superior. David fue preparado en el campo cuidando las ovejas para luego convertirse en rey de Israel; Moisés estuvo en el desierto durante 40 años pastoreando las ovejas de su suegro para luego llegar a ser el gran libertador de Israel. Los discípulos que eran pescadores más tarde fueron llamados pescadores de hombres. El apóstol Pablo le escribe a la iglesia en Colosas y les aconseja lo siguiente: Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven al Señor (3:23, 24).
Mientras los hijos de Elí hacían lo que estaba mal ante los ojos de Dios, el joven Samuel se ocupaba de lo correcto. Dios lo estaba preparando para algo mucho más grande e impactante. Tenemos que mostrar fidelidad en los asuntos que consideramos sin importancia o relevancia porque nuestra actitud puede abrir puertas hacia cosas extraordinarias.
No te pierdas la tercera parte de este escrito para que consideres a Elí como pieza clave en todo este llamado de Samuel
«Piensa y Acciona»
Nacho