¿Por Qué Me Abandonaste? última parte

¡Un samaritano en el camino de Jerusalén a Jericó! En la parábola del buen samaritano, Jesús revela al intéprete de la Ley que el verdadero prójimo es aquel que trasciende los estereotipos y estigmas puestos por la sociedad. Este prójimo se dedica a ayudar a los demás empleando su tiempo y recursos para asistir a quienes más lo necesitan. Los personajes anteriores en la parábola pasaron de largo, ignorando el dolor y sufrimiento del hombre herido. En contraste, un samaritano a pesar de las barreras impuestas por la sociedad, se detuvo para evaluar la situación, actuó con compasión y brindo ayuda. Curó sus heridas y le llevó a un lugar donde recibiría el cuidado necesario hasta tanto estuviera recuperado.

Este samaritano entendía por experiencia lo que significaba ser abandonado pues él y su gente estaban cargando con el peso de los pecados de generaciones pasadas de la nación de Israel. La desobediencia de la nación había llevado a su derrota y a la entrega de su territorio a extranjeros, quienes se mezclaron con los judíos y ahora eran señalados como personas no deseadas y alejadas de la salvación ofrecida a los judíos. Estas circunstancias aunque adversas no detuvieron a este hombre a brindar ayuda no midiendo el resultado que podía obtener.

El pensamiento posmoderno que prevalece en la sociedad actual impulsa a las personas a valorar a los demás según criterios de medición social. En este contexto, la amistad, el compromiso, el compañerismo y los actos bondadosos se reservan para quienes se ajustan a este pensamiento. La cultura del valor social se centra en posesiones, popularidad y en aquellos que son marionetas del status quo. Este tipo de comportamiento es de esperarse por aquellos que no tienen a Dios en su noticia, es motivo de alarma cuando incluso la iglesia adopta esta cultura.

Este hombre, que yace al borde la muerte, representa a aquellos que se acercan a Jesús después de haber sido marcados por el pecado y la maldad, habiendo salido de una vida de esclavitud. El pecado les ha arrebatado la felicidad, ha roto sus relaciones, y ha dejado cicatrices en sus cuerpos debido a una vida entregada al placer y los vicios. Sin embargo, Jesús se presenta en medio de su situación, les ofrece perdón,y les da una nueva naturaleza. Así, comienza un proceso de transformación y renovación.

El samaritano que encontramos en la parábola es una viva representación del ministerio de la iglesia hacia aquellos que son rescatados por Dios. Este ministerio no se detiene en el pasado de las personas que recibieron heridas causadas por el pecado y los errores cometidos; en cambio se basa en el proceso de restauración que Dios ha comenzado en sus vidas. El samaritano aunque prometió regresar, el tiempo en que estuvo ausente, fue cubierto por otros. Ocurre de igual forma en el contexto de la familia de la fe; todos están comprometidos en el hermoso proceso de restauración.

El ministerio de la iglesia, guiado por el Espíritu Santo, se manifiesta a través de las herramientas proporcionadas por Dios: el vino y el aceite. Estos elementos representan curación, deleite, gozo, sanidad y restauración. Algunos individuos requieren un cuidado breve, mientras que otros necesitan un apoyo prolongado y atento. En todos los casos, lo esencial es ofrecer sanidad y restauración con el amor y la gracia que Dios nos ha dado.