Seguidores-Creyentes-Discípulos (1era Parte) Transición

La vida del ser humano se compone de relaciones con otros seres humanos. Estas relaciones pueden ser de carácter paternal/filial, matrimonial, laboral, escolar, eclesiástica, etc. Cada una de ellas está regulada por las leyes e instituciones de la interpretación social.

Para que las relaciones interpersonales sean efectivas, cada una de las partes debe tener un conocimiento claro y definido de su rol específico en tal relación. Esto ayuda a evaluar, balancear, apreciar o rechazar dicha relación. Estas relaciones permiten alcanzar ciertos objetivos necesarios para el desarrollo en una sociedad, y también se utiliza como un medio para obtener ciertos beneficios.

Ninguna relación es estática, de lo contrario sería monotona, repetitiva, y hasta fastidiosa. Por lo tanto, toda relación transiciona; no se queda igual, se mueve hacia cosas mejores.

Transición es la acción y efecto de pasar de un modo de ser a otro distinto. Significa que una etapa o proceso termina para darle paso a otro. Toda transición involucra cambios drásticos los cuales son necesarios para llevar esa relación a otro nivel.

Desde el principio de la creación, Dios ha querido relacionarse con el ser humano que fue formado con sus manos a su imagen y semejanza. Siendo él quien creó y formó todas las cosas, se reserva el derecho de establecer cuáles serán las reglas de esa relación. Se puede estar seguro de que Dios llevará al hombre y a la mujer en ese proceso de transición de escalón a escalón. Por esa razón, cuando Dios forma al hombre, le da ordenanzas e instrucciones de cómo mantener esa relación con él. Lo mismo sucedió más adelante con el pueblo de Israel. Dios, a través de su siervo Moisés, les dio leyes, mandamientos y ordenanzas para así formar un pueblo que estuviera en conformidad con los estándares de conducta que Dios exigía.

Muchos años más adelante, llega Jesús-el Emanuel, «Dios con nosotros» para restablecer la relación que el hombre había roto con Dios reconciliándole a través de su sacrificio. Esa relación ahora con Dios, debe ser de su agrado para que se pueda transicionar a niveles más elevados. Hay que ajustarse a sus demandas y ser obedientes en todo aquello que él pide.

«Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:17). «Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús» (Romanos 8:1).

Los seres humanos se enfocan mucho en la acción, en lo que se puede lograr y en las metas personales y así obtener reconocimiento de los demás. El slogan del mundo es «dime qué haces; qué estudiaste; dónde trabajas; cuánto dinero tienes y entonces definiré quién eres’. Le da más importancia a lo que se hace más que a la persona que realiza las cosas. Por el contrario, en la relación con Cristo, lo que define no es lo que se hace sino quién eres en él.

¿Por qué enfocarse tanto en lo que se hace si lo más importante es quién eres ante él?

Continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho