La Misión de la Iglesia 

En 1996 llegó a la pantalla grande una película que daría origen a una de las sagas de espionaje más exitosas del cine: Misión: Imposible. Desde entonces, Ethan Hunt ha enfrentado una sucesión de desafíos que parecen imposibles de superar. En la primera entrega fue acusado de traición y obligado a descubrir al verdadero culpable mientras huía de sus propios compañeros. En la segunda tuvo que impedir que un virus mortal cayera en manos equivocadas. En la tercera arriesgó todo para proteger a su esposa y enfrentar a un despiadado traficante internacional. 

La misión continuó cuando el gobierno desmanteló su propia agencia y él tuvo que evitar una guerra nuclear sin apoyo oficial. Más adelante se enfrentó a una organización secreta formada por antiguos agentes que operaban en las sombras, y luego a un grupo terrorista dispuesto a utilizar armas nucleares para sembrar el caos mundial. Cuando parecía que nada podía superar esas amenazas, apareció un enemigo invisible: una inteligencia artificial capaz de manipular la información, controlar sistemas enteros y poner en peligro el equilibrio del planeta. La historia concluye con una carrera contra el tiempo para impedir que esa fuerza alcance un poder absoluto. 

Cada película presenta un escenario diferente, nuevos adversarios y mayores riesgos, pero todas conservan un elemento común: existe una misión que debe cumplirse, un propósito que no puede abandonarse y un compromiso que exige valentía, sacrificio, estrategia, perseverancia y trabajo en equipo. 

La iglesia, diseñada desde la eternidad en el propósito soberano de Dios y establecida públicamente en Pentecostés, existe para cumplir una misión divina. Esa misión no puede ser abortada por el desánimo, descuidada por la indiferencia ni alterada por las corrientes culturales de cada época. Su llamado es permanecer fiel a las palabras de Jesucristo y ejecutar con obediencia el encargo que Él mismo le encomendó hasta el fin de los tiempos. 

Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo (Mateo 28:19 NVI). 

Les dijo: —Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas noticias a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado (Marcos 16:15-16). 

La misión de la iglesia está claramente definida por Jesucristo: ir a todas las naciones, proclamar las buenas nuevas del reino, hacer discípulos, bautizar a quienes creen y enseñarles a obedecer todo lo que Él ha mandado. No es una misión ambigua ni sujeta a interpretación cultural; es un mandato directo, específico y permanente. 

Si la misión es tan clara, surge una pregunta inevitable: ¿por qué la iglesia, en muchos lugares y momentos de su historia, ha perdido su enfoque? ¿En qué punto sustituyó el mandato de hacer discípulos por la comodidad, el activismo, el crecimiento numérico o las preferencias humanas? Más importante aún, ¿cómo puede reencontrarse con su propósito original y volver a cumplir con fidelidad el encargo que su Señor le encomendó? 

¿Cómo nace la iglesia? 

La expresión en griego ekklesía significa en general, “convocación”. En el AT, el vocablo correspondiente es qahal y designa a la congregación de Israel. La LXX traduce qahal por ekklesía y emplea la expresión ekklesía tu theu, “Iglesia de Dios”, referida a la asamblea del pueblo en el Sinaí; otro tanto hace Esteban al referirse a “la congregación” que estuvo con Moisés en el desierto (Hechos 7:38). Es probable que el uso de ekklesía en la LXX influyera en su utilización por parte de los cristianos.  

En el NT el vocablo ekklesía se constata 114 veces, y suele referirse a los fieles mismos, estén reunidos en un lugar determinado o no. En este sentido puede referirse a:  

  1. La totalidad de los que profesan la fe en Cristo, sin fronteras de tiempo y espacio (1 Corintios 12:13; Efesios 1:22-23; Hebreos 12:23). 
  1. Comunidades cristianas particulares en determinadas ciudades: Jerusalén (Hechos 8:1; Gálatas 1:2); Corinto, Éfeso, Tesalónica, etc.; o regiones: Iglesias de Judea (gálatas 1:22; 1 Tesalonicenses 2:14). 
  1. Asambleas de esas comunidades y los lugares donde se reunían (Romanos 16:5; 1 Corintios 11:18; 14:19,28). Una asamblea particular en una casa, por ejemplo, la de Aquila y Priscila (1 Corintios 16:19);o una familia de creyentes (Romanos 16:5; Colosenses 4:14 y Filemón v 2). 

(Toda esta información fue tomada de Gran Diccionario Enciclopédico de La Biblia, editor general, Alfonso Ropero Berzosa, páginas 1220 y 1221). 

La iglesia nace como resultado de la obra redentora de Jesucristo y se manifiesta públicamente cuando el Espíritu Santo es derramado sobre los discípulos el día de Pentecostés (Hechos 2). A partir de ese momento, la comunidad de los creyentes deja de ser un grupo de seguidores atemorizados para convertirse en un cuerpo vivo, capacitado por el Espíritu para proclamar el evangelio, hacer discípulos y dar testimonio de Cristo hasta lo último de la tierra. 

Sin embargo, el nacimiento de la iglesia no debe entenderse únicamente como un acontecimiento histórico, sino como la materialización en el tiempo de un propósito concebido desde la eternidad. Jesús afirmó: «Edificaré mi iglesia» (Mateo 16:18), revelando que ella no es una invención humana ni el resultado de una organización religiosa, sino una comunidad establecida por Dios, edificada sobre la persona y la obra de Cristo, sostenida por el Espíritu Santo y enviada al mundo con una misión específica. 

Por ello, Pentecostés no representa el inicio de una institución, sino el comienzo visible de un pueblo redimido, llamado a vivir en comunión con Dios, a reflejar el carácter de Cristo y a extender el reino de los cielos mediante la proclamación del evangelio (1 Pedro 2:9).  Desde sus primeros días, la iglesia nació con una identidad clara y con una misión inseparable de su existencia: glorificar a Dios y anunciar la salvación en Jesucristo a todas las naciones. 

Propósito de existencia de la iglesia 

El propósito de existencia de algo es la razón fundamental por la cual ese algo existe, su objetivo principal o la misión que vino a cumplir (RAE). Es el “para qué” que justifica el hecho de que algo o alguien esté presente en el mundo. Si todo aquello que existe posee un propósito que define su razón de ser, entonces resulta indispensable preguntarnos cuál es la naturaleza de la iglesia y cómo esa naturaleza determina su misión en el mundo. La respuesta a esta interrogante no solo aclarará su identidad, sino también la manera en que debe vivir, organizarse y cumplir el mandato que recibió de su Señor. 

¿Es la iglesia un organismo o una institución? ¿Cómo puede preservar la vida que recibe de Cristo mientras mantiene un orden bíblico que le permita cumplir fielmente la misión que él le encomendó? 

La iglesia es la comunidad de todos los creyentes unidos a Jesucristo por la fe y regenerados por la obra del Espíritu Santo. En su dimensión universal constituye el cuerpo de Cristo (Efesios 1:22-23; 1 Corintios 12:13), mientras que en su dimensión visible se manifiesta en congregaciones locales que se reúnen para adorar a Dios, proclamar el evangelio, administrar las ordenanzas y edificar a los santos (Hechos 2:42-47; Romanos 16:5). La iglesia es un organismo vivo porque tiene la vida de Cristo como centro y su misión tiene como núcleo la resurrección de Jesús, dominio y autoridad. La iglesia posee características propias de un ser vivo: 

  • Tiene una cabeza: Jesucristo (Colosenses 1:18). 
  • Tiene vida espiritual impartida por el Espíritu Santo (Romanos 8:9-11). 
  • Sus miembros son interdependientes (1 Corintios 12:12-27). 
  • Crece, madura y se desarrolla (Efesios 4:15-16). 
  • Produce fruto (Juan 15:1-8). 

Los organismos se reproducen y continúan un ciclo de vida. Los organismos están compuestos por diferentes sistemas y órganos que trabajan juntos para mantener su vida y llevar a cabo funciones vitales. Tienen la capacidad de crecer, reproducirse, responder a estímulos del entorno y adaptarse a los cambios. Cada organismo tiene sus propias características y necesidades, y depende de su entorno para obtener alimento, agua y energía. Los organismos pueden variar en tamaño, forma y complejidad, pero todos comparten la característica fundamental de estar vivos (proferecursos.com, consultado en 6-15-2026). 

Aunque la iglesia se organiza en congregaciones locales con liderazgo, orden y principios de gobierno, su identidad no puede reducirse a una institución religiosa. Cuando la iglesia se define únicamente por sus estructuras, reglamentos, edificios o programas, corre el riesgo de sustituir su naturaleza espiritual por un modelo organizacional semejante al de cualquier institución humana. La iglesia fue llamada a estar en el mundo, pero no a conformarse a él (Romanos 12:2); es el pueblo redimido de Dios, el cuerpo de Cristo y el templo del Espíritu Santo, cuya razón de ser no es su propia conservación, sino la glorificación de Dios mediante el cumplimiento de su misión. 

Continuará…

Piensa y Acciona

Nacho

Quiero Cambiar

Cada nuevo año llega cargado de expectativas, sueños, ilusiones y anhelos de superación, pero también de incertidumbres y cambios que deben asumirse y enfrentarse. A lo largo de sus 365 días, cada persona intenta discernir qué acciones, decisiones y ajustes son necesarios para que, al llegar su final, pueda considerarse un año verdaderamente fructífero. Al aproximarse el cierre del año, surge de manera natural la retrospección: se evalúa lo logrado, lo intentado y aquello que no se alcanzó. Este ejercicio de balance produce satisfacción y gratitud en algunos, mientras que en otros despierta sentimientos de frustración o derrota.

Este ejercicio se repite año tras año en el intento de identificar las razones principales detrás de los logros alcanzados o de los desaciertos experimentados. Las causas que suelen señalarse para los desaciertos son diversas: falta de tiempo, escasez de recursos, no era el momento adecuado, malas decisiones, temor al fracaso, entre muchas otras. Sin embargo, ¿qué ocurriría si, en lugar de centrarnos únicamente en estos factores externos, comenzáramos a preguntarnos qué está alimentando nuestra mente, dando origen a nuestros pensamientos y moldeando nuestros patrones de conducta? Si logramos identificarlo, la mente se convierte en el primer espacio de trabajo, de modo que pensamiento, conducta y acción puedan alinearse en una sincronía que produzca transformación y resultados sostenibles.

La mente es alimentada por las experiencias vividas, la educación recibida, la cultura, el entorno familiar y social, así como por el círculo de amistades que nos rodea. Cada uno de estos elementos aporta la materia prima que, con el tiempo, va dando forma a los valores, creencias y actitudes que, de manera consciente o inconsciente, modelan la conducta de los individuos. Por ello, el simple deseo de cambiar para alcanzar metas o realizar sueños no es suficiente si no existe una actitud interior genuina que confronte la complacencia y elimine el acceso a aquellas fuentes que no aportan para el bien ni contribuyen al crecimiento.

Según la Palabra de Dios, existen criterios claros de discernimiento que pueden adoptarse como reglas para filtrar las fuentes que intentan alimentar nuestra mente. Estos criterios se agrupan en tres áreas fundamentales: la verdad y la rectitud —todo lo verdadero, respetable y justo—; la pureza y el afecto saludable —todo lo puro y amable—; y la excelencia con propósito —todo lo digno de admiración, excelente y digno de alabanza— (Filipenses 4:8).

Verdad y rectitud implican vivir en coherencia con la realidad y con los principios correctos. La rectitud es la decisión de actuar con integridad, honestidad y justicia, manteniéndose fiel a lo que se sabe que es correcto, tanto en el pensamiento como en la conducta diaria.

Según la Palabra de Dios, este compromiso no solo nos llama a escoger lo bueno, sino también a rechazar aquello que no edifica. Por eso, la Escritura exhorta a abstenernos de toda forma de mal (1 Tesalonicenses 5:22) y nos recuerda que la voluntad de Dios es nuestra santificación (1 Tesalonicenses 4:3). Querer cambiar, entonces, requiere una actitud interior decidida a filtrar lo que alimenta la mente, cerrar el acceso a influencias que distorsionan el pensamiento y alinear mente, conducta y acción con los valores de Dios.

Pureza y afecto saludable implica mantener pensamientos, emociones y deseos libres de influencias que contaminan, permitiendo que los sentimientos se expresen de manera equilibrada, correcta y edificante, de modo que fortalezcan las decisiones, la conducta y las relaciones.

La Palabra de Dios los presenta como aquello que implica mantener pensamientos, emociones y deseos libres de influencias que contaminan, permitiendo que los sentimientos se expresen de manera equilibrada, correcta y edificante. Por ello, la exhortación: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Cuidar el corazón significa vigilar aquello que permitimos entrar en nuestra mente y emociones, ya que de allí surgen las decisiones, las actitudes y los patrones de conducta que dan forma a nuestra manera de vivir.

Excelencia y propósito implican vivir con una determinación clara de hacer las cosas de la mejor manera posible, orientando pensamientos, decisiones y acciones hacia metas que dan sentido a la vida y honran los valores que se han asumido. La Escritura nos exhorta a que todo lo que hagamos, sea de palabra o de hecho, lo hagamos para Dios y no para agradar a los hombres (Colosenses 3:23). Cuando el propósito está alineado con Dios, la búsqueda de la excelencia deja de ser un esfuerzo por reconocimiento humano y se convierte en un acto de fidelidad, adoración y obediencia.

¿Quieres cambiar en el 2026? Tienes que comenzar por tu mente. Acuérdate que «Los pensamientos crean actitudes, las actitudes forman acciones y las acciones definen el rumbo de la vida». Lo que permitimos en la mente termina manifestándose en la manera en que vivimos.

«Piensa Y Acciona»

Nacho

Del Encuentro a la Misión:Transformación y Compromiso en el Discipulado de Cristo (última parte)

El paso del encuentro a la misión puede tornarse en un camino complejo, inquietante, exigente y, por qué no decirlo, profundamente desafiante. Esta travesía adquiere aún mayor intensidad cuando nos enfrentamos a las palabras de Jesús sobre el discipulado: ‘Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.’ (Mateo 16:24, LBLA).

Aceptar este llamado implica mucho más que emoción o convicción inicial; exige renuncia, perseverancia y una profunda transformación interior. Seguir a Jesús no es simplemente una adhesión ideológica o emocional, sino una entrega total que confronta nuestras comodidades, cuestiona nuestras prioridades y redefine nuestra identidad. Es en ese proceso de negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz cada día y perseverar en el seguimiento, donde el encuentro con Cristo se convierte verdaderamente en misión.

La misión cobra su verdadero sentido y se convierte en la prioridad fundamental cuando comprendemos que no es una opción entre muchas, sino el encargo central de Jesús a sus discípulos. Así lo expresó con claridad al decir: ‘Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones…’ (Mateo 28:19, LBLA), y lo reafirmó antes de ascender al cielo: ‘pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.’ (Hechos 1:8, LBLA).»

La misión no es una tarea accesoria ni un ministerio exclusivo para algunos; es el corazón del llamado cristiano. Es el movimiento natural y sobrenatural de quienes han tenido un verdadero encuentro con Cristo. No nace de un esfuerzo humano, sino del poder capacitador del Espíritu Santo, quien nos impulsa, transforma y equipa para dar testimonio eficaz de Jesús. La misión se realiza con autenticidad cuando el testimonio no solo se proclama con palabras, sino que se encarna en vidas rendidas al servicio del Reino. Y su propósito final es claro: que toda la tierra conozca a Jesús, su amor redentor y su obra salvífica.

El compromiso con el discipulado cristiano nos confronta con una realidad espiritual desafiante: enfrentamos enemigos que trascienden nuestras capacidades humanas y naturales. No se trata de adversarios visibles ni de seres humanos, sino de fuerzas espirituales malignas, entidades demoníacas que buscan obstaculizar el avance del evangelio de Jesucristo. Esta lucha, aunque invisible, es intensamente real.

A simple vista, puede parecer una batalla imposible de ganar. Sin embargo, no estamos desprovistos de recursos. Dios nos ha provisto de una poderosa y abundante gama de armas espirituales, plenamente eficaces para derribar fortalezas y resistir toda oposición del enemigo. Estas armas no son físicas, sino espirituales, y su poder proviene directamente del Espíritu Santo.

En estos tiempos, más que nunca, necesitamos un nuevo revestimiento del poder del Espíritu Santo. Es urgente que rindamos por completo nuestra voluntad a Su dirección y propósito. Solo así podremos vivir una vida de obediencia genuina y comprometida con la Gran Comisión: hacer discípulos en todas las naciones. La victoria es posible, pero requiere una entrega total, una dependencia constante de Dios y una fe activa en su poder para vencer lo que nosotros no podríamos enfrentar por cuenta propia.

”Piensa y Acciona”

Nacho



¡Estás en el lugar equivocado! (segunda parte)

Estar en el lugar equivocado desata un caos interno: la mente se desvía, las emociones se desbordan y, aunque físicamente estás presente, mentalmente estás a kilómetros de distancia. La sensación de vacío, soledad, inconformidad y desaliento se intensifica tanto que terminas tomando la decisión de abandonar lo que percibes como el lugar equivocado.

Encontrar sentido en lo que se hace, reflexionar sobre cómo alcanzar los sueños y visión de vida, y evaluar las oportunidades de progreso son elementos clave para obtener una perspectiva clara de lo que se quiere lograr y cómo hacerlo. Sin embargo, este análisis, aunque valioso, a veces puede estar equivocado y generar sentimientos de pertenencia o falta de ella en el lugar donde se encuentra la persona. Es en ese punto donde surge la duda: ¿estás realmente en el lugar correcto para alcanzar el potencial de vida que anhelas?

Este joven, conocido como el hijo pródigo, estaba considerando dejar su hogar en busca de lo que creía ser el lugar correcto. Su visión de vida no coincidía con la de su padre; no quería estar bajo control ni tener que rendir cuentas cada día a su padre. Se sentía como un ave enjaulada, incapaz de volar libremente. Si deseaba alcanzar sus sueños, ilusiones y la libertad que anhelaba, sabía que debía irse, y cuanto antes, mejor.

Quizá sientas que matrimonio no es lo que esperabas, que tu trabajo no cumple con tus expectativas, que tu familia está en crisis, y que tu relación con Dios se ha enfriado. Has llegado a ese punto crítico donde dentro de ti te grita que estás en el lugar equivocado, y la tentación de abandonarlo todo es abrumadora: romper con tu pareja, renunciar al trabajo, alejarte de tu familia y darle la espalda a Dios. Y pensar que, en su momento, creíste que tu pareja era la persona ideal para compartir tu vida, te preparaste con esmero para tener el trabajo de tus sueños, planificaste una familia unida y llena de amor , y dejaste atrás el pecado para acercarte a Dios. Pero ahora todo parece desmoronarse a tu alrededor, y no ves una salida. ¡Qué desesperante es sentir que has llegado al lugar equivocado!

Atrapado en un mundo desconocido, hostil y traumático, el hijo pródigo volvió a sentir que estaba en el lugar equivocado. Lo que antes consideraba como ataduras y control por parte de su padre, ahora lo veía como lo mejor, y la casa de su padre como el lugar correcto. ¡Que infeliz se sentía! ¿Cómo pudo llegar a pensar que estaba en el lugar equivocado? ¿Sabes cuál es realmente el lugar equivocado? Es ese escenario, relación, profesión o visión de vida que te atrapa y te aleja del propósito para el cual Dios te creó.

Continuará…

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Qué Aprendiste de tu Error?

¿Cuál deporte es tu favorito? ¿Soccer, béisbol, baloncesto, futból americano, hockey, boxeo? Si eres un fanático del deporte conoces acerca de lo que es ser un apasionado por un equipo o un atleta. ¡Cómo se sufre cuando un jugador comete un error y se pierde por causa de ello! Cuando mi equipo pierde, no quiero saber nada de deportes hasta 3 ó 4 días después. Es como un sabor amargo en la boca. Un error por un jugador de un equipo o por un atleta en deportes individuales, puede llevar a la ruina a muchos. Tiene que esperar hasta la próxima temporada o hasta la próxima oportunidad para rectificar el error cometido.

En la vida al igual que el deporte se cometen errores que cuestan lágrimas, dolor y sufrimiento. Lo más doloroso es que en algunos casos no hay una segunda oportunidad.

Cuando pienso en Dios y leo acerca de él en la Biblia, lo veo como un Dios de segundas y hasta terceras oportunidades. Es como si Dios nos da un espacio en nuestras vidas para meditar en nuestras acciones pasadas y también en aquellas palabras que han salido por nuestra boca para que hagamos un análisis sincero y rectifiquemos el error cometido.

En Génesis 17 verso 1, Dios se le revela a Abram cuando tenía nada más y nada menos que ¡99 años! El Señor le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de mí y se íntegro». Si no supiéramos las historia de este personaje, no podríamos entender por qué Dios le pide que sea íntegro. Permíteme contarte.

Catorce años antes, Abram junto con su esposa Saraí habían llegado a un acuerdo. Se estaban poniendo viejos y Dios no había cumplido la promesa de darles un hijo. ¡Decidieron entonces darle una ayuda a Dios! Abram se acostaría con Agar, quien era la esclava de Saraí, tendría relaciones sexuales con ella y esperaban que quedara encinta. Así tendrían descendencia y verían las promesas de Dios cumplirse. Pero se les olvidó lo más importante, ¡consultar a Dios!

Los errores más grandes se cometen cuando planeamos y ejecutamos planes de vida olvidándonos que ya Dios diseñó un plan para cada uno. No se puede realizar una construcción sin unos planos pues se olvidarían u omitirían detalles importantes que luego saldrían a la luz y el costo seria mucho más que si hubiéramos prestado atención a los planos.

El salmista expresó lo siguiente: «El Señor dirige los pasos del hombre y lo pone en el camino que a él le agrada; aun cuando caiga, no quedará caído, porque el Señor lo tiene de la mano» (Salmos 37:23-24).

Es muy probable que hoy leyendo este blog digas ya es muy tarde, el mal ya está hecho. Es cierto, que no podemos arreglar 100% los errores cometidos PERO se puede aprender de ellos y no cometerlos en el futuro. Abram y Saraí tuvieron que sufrir por el error cometido pero luego Dios cumplió su promesa dándoles a Isaac.

Dios dirige tus pasos si tu entregas tu voluntad a él. En una ocasión el rey David quiso traer el arca del pacto a Jerusalén pero no siguió las indicaciones y un hombre pagó con su vida. Esto trajo mucha tristeza al corazón de David. Lo intentó una vez más, pero esta vez siguió las indicaciones de Dios y fue un día glorioso en la historia del pueblo y del rey.

Puede ser que necesites buscar a esa persona que ofendiste y pedirle perdón o necesitas devolver lo que tomaste sin permiso. Posiblemente por tus acciones se rompió una relación, pide perdón y aunque no puedas rehacerla, aprende de tus errores para que en la próxima no los repitas. Alguien dijo que quien no aprende de sus errores, los volverá a repetir.

Dios te pide que andes delante de él o sea que tus acciones sean congruentes con Su palabra y también te pide que le sirvas llevando una vida intachable. No permitas que tu pasado empañe tu presente y distorsione tu futuro. Lo más importante que puedes aprender de tus errores, es que no eres autosuficiente. ¡Necesitas depender de Dios!

«Piensa y Acciona»

Nacho

Cambio De Identidad (Última Parte)

Todos nosotros nos miramos en el espejo de nuestros padres y allí encontramos los no y los sí para construir una identidad y entender el propósito de vida.

El tener la experiencia de salvación es el comienzo de una nueva vida con una nueva identidad conectada al propósito de Dios. Esa experiencia arropa toda mi vida da tal manera que afecta todo mi ser desde adentro hacia afuera. Aquellos que te conocen comienzan a notar cambios en la manera como actúas, hablas y cómo resuelves tus asuntos.

Esa nueva identidad no trae cambios físicos, no cambia el timbre de voz, no altera la estatura, no resta edad, pero sí conecta con un nuevo escenario. Este nuevo escenario es un proceso que se va perfeccionando día tras día. La conducta, el pensamiento y la palabra deben ser afectados por esta nueva identidad.

Pensamiento

Un estudio realizado por un grupo de expertos en psicología de la Universidad de Queen en Canada, descubrió que una persona tiene sobre 6 mil pensamientos al día. Esto fue publicado por la revista Nature Communications en 2020. ¿Cómo llegaron a esa conclusión? Gracias a algo que se llama gusanos del pensamiento, lo cual son registros o patrones de actividad cerebral que se activan cuando la persona inicia un nuevo pensamiento.

Nuestra identidad es afectada por la forma de pensar, analizar, reflexionar y planear. La Biblia dice que cual es el pensamiento del hombre , así es. El pensamiento es afectado por lo que los ojos ven, afectando los sentimientos a tal manera que se llega a aceptar unas aparentes realidades y esto comienza a moldear nuestra identidad. Gedeón, este personaje bíblico registrado en Jueces 6 versos doce al dieciséis, es un claro ejemplo de cómo la mente es afectada ante las situaciones que se contemplan a nuestro alrededor. Esto lo llevo a no creer en él aunque Dios le estaba diciendo que era fuerte y valiente. El joven David es otro ejemplo pero esta vez positivo. Aunque un gigante amenazaba al ejército de Israel, David veía a un Dios Todopoderoso que peleaba sus batallas.

Tenemos que proveerle a nuestra mente el material apropiado sobre el cual pensar. Los buenos pensamientos también afectan la conducta, al igual que las acciones y el carácter natural. Para esto el apóstol Pablo nos dice que debemos considerar todo lo que es verdadero, respetable, justo, puro, amable, y todo lo que es digno de admiración (Filipenses 4:8).

Conducta

La conducta son aquellas acciones que desarrollamos frente a los estímulos que recibimos y a los vínculos que establecemos con nuestro entorno. Es la expresión de los modelos de vida que nuestra mente ha creado y llegan a convertirse en un estilo de vida. La conducta refleja la percepción que tenemos de nosotros, de los demás y de nuestro mundo.

Nos comportamos de acuerdo a los valores que sostenemos, los cuales adquirimos sobre la base de la experiencia. Yesenia Sánchez de Ética Virtual (Blog) define los valores morales como las cuestiones que llevan al hombre a defender y a crecer en su dignidad como persona.

Hablar

El hablar es la articulación en palabras de lo que está en la mente. Cuando Cristo está presente en nuestras vidas, la manera de hablar es afectada no solo en el contenido sino en la gracia con que hablamos.

Dios nos ha dado identidad y propósito para que caminemos y disfrutemos de una vida plena en él. Él nos ha provisto de un manual en el que encontramos su hermosa voluntad, agradable y perfecta. No hay razones sostenibles para no disfrutar de esa provisión. Yo soy lo que Dios dice que soy; tengo lo que Dios dice que tengo. Yo anunciaré con mi vida las maravillas de Dios porque para un tiempo como este él me ha llamado. Lo haré con seguridad y firmeza porque sé quién soy y sé cuál es mi propósito.

¡Piensa y Acciona!

Nacho

Cambio De Identidad (3era Parte)

¡Tú y yo estuvimos siempre en la mente de Dios antes de nuestra gestación! No eres un accidente ni tampoco eres un fracaso. Eres una joya en las manos de Dios (2nda Parte).

Propósito

Cuando hablamos de propósito e identidad en términos bíblicos/cristiana, estamos hablando de aspectos que trascienden el tiempo y el espacio; son eternos, pero a la vez son temporales. ¿Por qué? Porque tu propósito antecede a tu identidad. Si usamos por ejemplo una fábrica de neveras, esta definió con anterioridad la utilidad de su producto aunque este no está hecho. El propósito de nuestra vida está en la manifestación de Cristo en nosotros. Ahora ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi… (Ga.2:20).

Vamos tomando conciencia de quienes somos mientras vamos creciendo y pasamos las diferentes etapas de desarrollo hasta alcanzar la madurez. Ser niño debe ser una experiencia de vida agradable, de disfrute, de alegría, de formación de valores y de una moral buena. Lamentablemente, no siempre es el caso. Hay quienes perdieron su inocencia de la niñez al ser abusados de diferentes maneras a tal grado que su identidad fue distorsionada. Viven con el recuerdo de malas experiencias y algunos no han podido recuperarse y viven dañando a otros.

Aquellos que estudian la conducta, dicen que cambiamos de identidad cada cinco años hasta que llegamos más a menos a los 45 años. Los pensamientos, sueños e ilusiones de la niñez se van convirtiendo en un estilo de vida; las desilusiones, abusos y vacíos, se convierten en una marca para toda la vida. No es hasta que llega un momento en la vida cuando despertamos a la realidad y entendemos de que nuestra vida debe tener sentido y propósito. Cuando entendemos propósito se nos hace más fácil saber quiénes somos y de qué somos capaces. Para algunos, la niñez es una etapa que dura toda la vida porque hoy en día son niños encerrados en cuerpos adultos.

El famoso exbaloncelista Michael Jordan dijo en una ocasión que después de su retiro definitivo de las canchas, se encontraba perdido porque la vida no tenía sentido fuera del baloncesto.

«Cuando yo era niño…» (1 Corintios 13:11). Esto implica no tener conocimiento de quién soy y qué hago aquí. El mundo del niño no solo está en su ambiente, también está en su mente y es muy difícil reconciliar ambos cuando son diferentes.

El pensamiento y la capacidad de razonar en el niño son limitadas. Hoy quiere ser doctor, mañana quiere ser policía y seguirá cambiando hasta llegar a cierto punto en su vida. Su identidad es formada de acuerdo a cómo los demás le traten en cuanto a estima e imagen.

«Cuando llegué a ser adulto…) (1 Corintios 13:11). El ser adulto puede implicar tener la capacidad de tomar decisiones basadas en lo que entendemos lo que nuestra vida será. ¿Qué pasa cuando no se entiende o desconoce el propósito de vida? ¡La vida se nos complica!

Conocer tu propósito te ayuda a evaluar las cosas que son verdaderamente necesarias y cuáles no lo son de lo contrario el tomar decisiones será difícil, no sabras usar el tiempo sabiamente ni tampoco cómo invertir tus recursos. Quien no conoce su propósito vive tomando decisiones basadas en circunstancias, en las presiones del día y en el estado de ánimo del momento. Somos efectivos cuando conocemos nuestro propósito de vida.

Continuará…

«Piensa y Acciona»

Nacho

Cambio De Identidad (2nda Parte)

Si hay crisis de identidad, el propósito de vida se distorsiona y no se puede cumplir con la encomienda asignada por Dios; la vida deja de tener sentido, nos movemos y actuamos por instinto y no por raciocinio (Tomado de la Primera Parte).

En la película Face/Off, John Travolta, hace el papel de un agente del FBI y Nicholas Cage, hace el papel de un terrorista. Después que Cage asesina al hijo de Travolta, es perseguido por este y atrapado, pero queda en muy mal estado con el secreto de que ha ubicado una bomba en un lugar muy concurrido. Travolta toma la decisión de realizarse una operación y cambiar su rostro por el de Cage para poder infiltrarse con los enemigos que saben de la ubicación de la bomba. ¡Asume la identidad de su enemigo! Hay personas asumiendo una identidad que no se alinea al propósito de Dios, privándoles de alcanzar su máximo potencial de vida.

El apóstol Pablo expresa lo siguiente cuando escribió a la iglesia de Corinto: «Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 2 Corintios 5:17 NVI.

Pedro escribe en su primera carta, «Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable» 1 Pedro 2:9.

Comencemos por definir identidad y propósito: 

¿Qué es identidad? 

  • Es un conjunto de características propias de una persona que permite distinguirlos del resto. Hay tres fuentes que determinan nuestra identidad y estas son: cosmovisión, historia propia y el contexto en el que se vive. 
  • Son los rasgos y características que diferencian a un individuo.  
  • La identidad moldea a las personas, determina sus gustos, necesidades, prioridades y acciones. 

¿Qué es propósito? 

  • Propósitoes laintencióno elánimo por el que se realiza o se deja de realizar una acción. 
  • Es la finalidad, la meta de una acción. Es lo que se quiere alcanzar. 
  • Es lo que mueve a una persona a llevar a cabo cierta acción. 

El libro de Jeremías en su capítulo 1 nos relata acerca de un joven que nació en una familia sacerdotal. En el caso de que fuera descendiente directo de Aarón y sus hijos, recibiría las ofrendas y sacrificios del pueblo; se presentaría en el lugar santo para oficiar el incienso ofrecido a Dios; cambiaría los panes de la mesa de la propiciación. Si no era descendiente de Aarón, entonces era un levita que se encargaba de la música, de la enseñanza, de ser juez en asuntos legales, ayudar en los sacrificios y ofrendas. A los 50 años terminaba su función activa. Él sabía cómo sería su vida en términos de ministrar al pueblo, pero ¡hay un de repente de Dios que interrumpe la vida de este joven! y Dios le dice lo siguiente: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido (propósito); antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones (identidad)” (Jeremías 1:5). ¡Tú y yo estuvimos siempre en la mente de Dios antes de nuestra gestación! No eres un accidente ni tampoco eres un fracaso. Eres una joya en las manos de Dios. 

Jacob fue un hombre que mucha parte de su vida la vivió siendo un mentiroso y engañador. ¡Ese era el significado de su nombre! Engañó a su hermano Esaú en dos ocasiones y también engañó a su anciano padre. Cuando salió huyendo por causa del engaño a su hermano, llegó a la casa de su tío donde vivió 20 años y allí fue engañado en múltiples ocasiones. Cuando huía para salvar su vida, Dios le dijo: No te abandonaré hasta cumplir con todo lo que te he prometido. Jacob necesitaba un cambio de identidad y de eso se encargó Dios cuando su nombre fue cambiado a Israel. Ahora tenía una nueva identidad que lo conectaba a su propósito. 

Cuando Samuel llega a la casa de Isaí para ungir al nuevo rey de Israel, ninguno de los 7 hijos mayores tenía el corazón alineado a Dios. El menor quien no era importante para su familia, el que estaba todo el día fuera cuidando ovejas, era el señalado por Dios para ser el nuevo rey de Israel y esto fue lo que hizo el profeta: derramó el aceite sobre la cabeza de David y el Espíritu del Señor vino sobre él para capacitarle en la tarea que Dios le asignaba. ¡Su identidad fue cambiada! 

Dios quiere darte una nueva identidad que te conecte al propósito divino. No te pierdas la tercera parte de esta serie Cambio de Identidad. 

¡Piensa y Acciona!

Nacho