«En nuestra relación con Cristo, lo que nos define no es qué hacemos sino quiénes somos en él» (Primera Parte).
Miremos de cerca cómo nos relacionamos con el Señor y cómo cada relación nos debe llevar a una transición hasta que «lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo» (Efesios 4:13).
La forma de vida del cristiano tiene que estar en armonía con las verdades que profesa creer.
¿Qué es un seguidor?
Es un esclavo del status quo del mundo; carecedor de una visión; no motivador de personas que le rodean con el fin de que mejoren sus vidas. Un seguidor es un simpatizante de una ideología o campaña presentada por un líder. Podríamos decir que ser seguidor es el inicio de todo aquel que se entrega al Señor y que es alcanzado por su amor y misericordia.
¿Qué tipo de seguidor eres tú?
Hay seguidores que muestran baja participación más tienen un alto pensamiento crítico. Se sienten robados y menospreciados porque después de haber realizado un trabajo excelente nadie los ha reconocido. Son capaces de resolver problemas pero no tienen la disposición para hacerlo. A este seguidor le conocemos como el enajenado.
Otros, son altos en participación pero no tienen un pensamiento crítico. Hacen lo que se les manda pero no piensan en las consecuencias. Estos son conformistas. Los seguidores pasivos son aquellos que observan y esperan que sean los demás los que tomen la iniciativa. Los pragmáticos están condicionados por las circunstancias; conocen cómo se hacen las cosas pero están de lejos. Al contrario de estos, tenemos al seguidor efectivo que tiene pensamiento crítico, participa, tiene valor para iniciar cambios y enfrentar conflictos. Es alguien en quien se puede confiar.
¿Qué hacen los seguidores?
Se juntan para eventos, quieren ser partícipes de milagros pero no tienen un compromiso profundo con Dios. No tienen como prioridad las cosas de Dios. Toda diversión, evento, amistad, trabajo los distrae y se cumple lo que Cristo señaló en la parábola del sembrador; unos son ahogados por los afanes del mundo; a otros, el enemigo le arrebata la enseñanza recibida y otros por no tener raíz mueren.
Jesús llamó a doce hombres a un proceso de transición que comenzó como seguidores y los llevó hacia discípulos transformados. Aunque los evangelios registran que Jesús les hizo tres llamados: primero los invita a seguirle, segundo dejan todo y tercero los hace apóstoles.
Si eres un seguidor, estás en la primera parte del llamado. No te desanimes y continúa dejando que el Maestro te moldee a su manera. Ahora, no te acostumbres a ser un seguidor, hay más para ti.
Continúa…
«Piensa y Acciona»
Nacho