¿Por dónde Comenzamos? Parte 2

La iglesia debe retomar la iniciativa de revitalizar a las familias de una manera que toque a todos sus miembros y les provea dirección (Primera Parte). Comencemos por el noviazgo esa etapa tan romántica de exploración, de mariposas en el estómago y de primeros besos y abrazos.

Nuestra sociedad ha perdido el concepto puro del noviazgo ya que para algunos basta con salir una noche, tener una conversación, practicar el sexo sin tener una idea de cuáles son los gustos de esa otra persona o un compromiso serio de conocerse el uno al otro. Hoy no es un novio o una novia, es un «partner».

La iglesia tiene que enseñar el noviazgo como un tema bíblico, de compromiso moral como inicio de una relación que desemboca en el matrimonio. Es bíblico porque es mencionado no como noviazgo pero sí como desposorio. Esto era el compromiso hecho por dos familias en las cuales el muchacho y la jovencita se comprometían con vista a una futura convivencia matrimonial. Esta relación era tan firme como el matrimonio (Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, desposorio, página 601).

La Biblia nos señala del desposorio de José y María (Mateo 1:18; Lucas 1:27; 2:5). El desposorio comenzaba un año antes del matrimonio y era hecho mediante un contrato escrito o una cantidad de plata entregada delante de testigos como una prenda de compromiso mutuo. Tanto la jovencita como el muchacho, desde ese momento no podían mirar a ningún otro con fines a comenzar una relación pues se consideraba como si fuera adulterio.

Soy padre de tres hermosos hijos; un varón y dos hembras. Desde muy temprana edad su madre y yo comenzamos a enseñarles acerca de esta relación de noviazgo. Las reglas eran que tan pronto conocieran a un muchacho (en el caso de mis hijas) o una muchacha (en el caso de mi hijo), si deseaban establecer una amistad nosotros acompañaríamos a nuestro hijo a la casa de los padres de la jovencita y allí él les hablaría de sus amistad y sus intenciones de relación. En el caso de mis hijas, el muchacho tenía que venir a nuestra casa con sus padres y hablar con nosotros e informarnos de sus planes con nuestra hija. ¿Sabes algo? ¡Nos funcionó! En mi posición como pastor, también lo enseñé y de igual manera ha funcionado.

No hay mejor lugar después de la casa para enseñar el tema del noviazgo como en la iglesia. ¿Por qué razón? Porque allí ya existe un ambiente de amor, e interés genuino de uno hacia otro; se enseña acerca de cómo vencer las tentaciones y el respeto hacia los demás. Las congregaciones están formadas por diferentes generaciones de las cuales podemos aprender. Los más adultos nos pueden ayudar con su historia de cómo fueron sus relaciones de noviazgo; podemos tener un intercambio de ideas y sugerencias entre esas generaciones en un ambiente de hermandad. La consejería puede ayudar mucho; los talleres acerca la comunicación, relaciones, abstinencia sexual pueden ser de gran utilidad.

El noviazgo es un tiempo en el cual dos jóvenes del sexo opuesto pueden llegar a conocerse sin tener que llegar a tener relaciones sexuales o jugueteos amorosos. Los gustos, los sueños, metas, deseos y otras cosas son compartidas desde un ambiente de interés. Ese tiempo de conocerse el uno al otro ayuda a identificar el cómo se reacciona ante los problemas, si hay interés de una relación seria, el cómo se ve el mañana y si esa persona será el acompañante para toda la vida. Posiblemente algunos comentarán que esto no garantiza 100% un matrimonio duradero y yo te diré, sí es muy cierto pero también te diré, es un buen comienzo. Y, ¿cuánto tiempo debe durar el noviazgo? Todo el tiempo que sea necesario. ¡Claro, no para toda la vida!

Deseamos que nuestros jóvenes y aquellas personas que vuelven a iniciar una relación con deseos de formar un matrimonio, lleguen a este con una idea sólida bíblica de que el amor de entrega, la comprensión, comunicación, respeto y sobretodo, la entrega a Dios, les llevará a una relación sólida y duradera.

¡Piensa y Acciona!

Nacho

CONTINUARÁ…