Tentación, Sabiduría y Santidad

¿Cuántas veces nos preguntamos si hacer tal o cual cosa es malo o pecado? ¿No te ha ocurrido que después de decir o hacer algo te quedas con la sensación de que pecaste contra Dios? ¡No hay sensación más fuerte que aquella en la que sentimos culpabilidad y un fuerte palpitar en nuestro corazón después de hacer o no hacer tal cosa!

Algunos piensan que la vida fuera del culto que rendimos a Dios con nuestra comunidad de fe no es de relevancia en lo concerniente a lo espiritualidad y el compromiso con Dios. ¡Cuán equivocados están! Si así no fuera, David no hubiera exclamado «Ten piedad de mi, oh Dios, conforme a tu gran amor… borra mis transgresiones. Lávame de mi maldad» (Salmo 51). La vida de los hijos de Dios no está divida en compartimientos donde se pueda escoger vivir de una manera en el trabajo, en la escuela, en la vida familiar, en el trato hacia los demás y en lo espiritual. El apóstol Pedro citando a Levítico 19 dice lo siguiente: Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: «sean santos, porque yo soy Santo» (1 Pedro 1:15, 16).

No se puede permitir ser moldeados por las persistentes presiones que vienen dentro de la persona; aquellos anhelos que son provocados por un mundo carente de normas absolutas de moralidad (Estudios Bíblicos ELA: Remando contra la corriente).

Cuando nuestro corazón no está alineado a la voluntad de Dios, se convierte en lo más engañoso del ser humano. Nuestras decisiones frente al pecado y a la tentación tiene repercusión eterna. ¡Se nos va la vida!

El escritor Santiago, lo pone de esta manera: «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará; pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie» (Santiago 1:5). Y, como la Biblia es un libro recurrente, el proverbista dijo lo siguiente al respecto: «No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal» (3:7).

Santiago está escribiendo tocante a la tentación sin negar que todos estamos expuestos a ella.

¿Qué es la tentación? Puede ser definida como aquel acto de los hombres que desafían a Dios para que este muestre su veracidad y justicia. Describe las ideas y hechos inicuos a través de los cuales, los hombres por medio de la duda, desobediencia e incredulidad se oponen a la voluntad revelada de Dios, poniendo a prueba de esta manera sus perfecciones (Tomado de Diccionario de teología, Libros desafío, Everett F. Harrison) Pág. 513, tentación. Otro entendimiento de tentación es circunstancias exteriores que prueban la fe del creyente y que están encaminadas a fortalecer la fe. Debemos entender de que Dios no es el autor de las tentaciones del pecado que algunas pruebas parecen traer consigo. La tentación debe ser vista como una oportunidad de crecimiento y madurez de la fe que hay en todo aquel que sirve a Dios. Según Santiago, vencer la tentación trae como resultado perseverancia y en su resultado final es perfección e integridad sin que falte cosa alguna (1:4). Para que todo esto suceda, Santiago nos dice que la sabiduría en este proceso es muy importante. La palabra que Santiago usa para sabiduría es «Sophia». Esta se refiere al conocimiento de las cosas desde su raíz; es saber cómo responder ante las pruebas y desafíos de la vida cotidiana. Esta sabiduría es manifestada cuando estamos en Cristo y su vida se manifiesta en nosotros a través de nuestras acciones, palabras y pensamientos. Para poder hacer lo que es correcto, debemos tener entendimiento y convicción de lo que Dios quiere en nuestra vida y para nuestra vida. Vivir la vida de Cristo es morir a los deseos mundanos y pecaminosos que solo satisfacen la carne y como resultado trae culpabilidad. La sabiduría que procede de Dios nos lleva al conocimiento y obediencia a la palabra de Dios. Cuando la tentación viene desde la maldad, es presentada como la solución temporera a un asunto interno de deseo. Santiago lo llama concupiscencia que no es otra cosa que un ardiente deseo de algo pecaminoso. El apóstol Pablo nos advierte, «Todo me está permitido, pero no todo es para bien. Todo me está permitido, pero no dejaré que nada me domine» (1 Corintios 6:12).

Cuando nuestros primeros padres, Adán y Eva fueron tentados, el escritor bíblico expresa lo siguiente: La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que era atractivo a la vista y era deseable para adquirir sabiduría;… (Génesis 3:6) Note que la mujer pensó que primero debía de comer del fruto prohibido y luego obtener sabiduría. Este orden es inverso al que Santiago nos dice. Siglos más tarde, el apóstol Juan dijo lo siguiente: Porque nada de lo que hay en el mundo-los malos deseos de la carne, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida-, proviene del Padre, sino del mundo (1 Juan 2:16).

Finalizando el consejo de Santiago, debemos de tener la confianza de pedir a Dios que nos dé la sabiduría necesaria para conocer la raíz espiritual de los asuntos que se nos presentan en nuestro camino. Usemos esa sabiduría para entender todas las artimañas de nuestro enemigo y no estar desprevenidos.

«Piensa y Acciona»

Nacho