¿Por Dónde Comenzamos? (Parte 5)

Lo desconocido se convierte en emocionante cuando los cónyuges están dispuestos a forma runa relación nueva conociéndose todos los días y en ocasiones, «cediendo los derechos» (Cuarta Parte).

Ser independientes es algo que, pienso yo, todos los seres humanos deseamos en algún momento de nuestras vidas. El poder depender de nuestros esfuerzos, habilidades, talentos y recursos es una gran satisfacción y quizás una medida para sentirnos completos y realizados. Quienes se casan deben ir a esta nueva relación con la mentalidad de que la formación de este nuevo hogar depende enteramente del Señor y de ellos. Nunca está demás pedir ayuda y dirección, lo que sí no debe suceder es estar pendientes a otros en cuanto a opinión, y ayuda de cualquier clase en todo tiempo.

Génesis 2:24 nos dice, «Por tanto, dejará el hombre a su padre y madre, y se unirá a su mujer…» Una de las dificultades de muchos matrimonios ha sido la conexión indisoluble que hay entre uno de los cónyuges y sus padres. Este acude a sus padres para todos sus asuntos matrimoniales a tal punto que toda decisión, consulta, idea o aprobación, buscan a sus padres en vez de su pareja. Esto lacera la confianza, la unidad, el respeto y en lugar de traer felicidad solo crea malestar.

¿Has escuchado el refrán «el que se casa pa’ su casa? Es un poco viejo pero tiene su lógica. Cuando un hombre y una mujer deciden unir sus vidas en matrimonio deben desconectarse de toda relación y concentrase en cultivar una relación saludable que no sea manchada con el «mama’s boy» o «daddy’s girl»‘. La independencia les permite tomar decisiones sólidas que los llevan a avanzar en la vida. Puede que la decisión tomada no resulte para bien, pero fue tomada por el matrimonio y ellos trabajarán para que la próxima resulte beneficiosa. Decisiones tales como comprar una casa, un carro, mudarse a otra región, cuántos hijos van a tener, qué congregación asistirán y otras. Se puede buscar el consejo de otros, pero la decisión final es antes analizada por el matrimonio sin la presión de unos terceros.

Dios me ha dado la bendición junto a mi esposa de ser padres de tres hermosos hijos. Un varón y dos hembras. Dos de ellos ya están casados, tienen hijos, trabajos, ministerio y mi esposa y yo hemos entendido que ellos ya son independientes de nosotros, con un rumbo diferente al nuestro. No tratamos de imponer u opinar, donde no nos han pedido nuestra opinión. Damos el consejo cuando es necesario y pedido.

La independencia no sólo es desconexión de otros o tomar decisiones juntos sin la influencia de otros. También es saber utilizar adecuadamente los talentos y habilidades de cada individuo en la relación. Aunque son una sola carne, hay que entender que no debe existir restricciones de ninguna índole de uno hacia el otro. No es pensar que no se puede vivir, funcionar o existir sin el otro. Hay relaciones enfermizas y dañinas donde vemos, en ocasiones mujeres, que dicen que sin su esposo no son nada, dando a entender que sin su esposo no pueden funcionar, ni tomar decisiones. También observamos hombres, que no saben tomar decisiones sin su esposa. Se necesita ser independiente emocional para gozar de una vida plena y satisfactoria. Aprende a amarte, a valorarte, y a tener una buena autoestima.

Un matrimonio sano es aquel que entiende estar compuestos por dos personas entregadas el uno al otro de tal manera que se convierten en uno en unidad, pensamiento y propósito, sabiendo que cada cual es un individuo con características extraordinarias.

¡Piensa y Acciona!

Nacho

Continuará…