¿Por Qué Me Abandonaste? 4ta parte

En momentos de adversidad, como un accidente automovilístico en el que tres personas mueren y una sobrevive, o cuando un tornado arrasa con la mayoría de las casas en un barrio mientras otras permanecen intactas, o se suscita un incendio en el edificio y la mayoría de las unidades sufren averías mientras algunas no, es natural cuestionarse el por qué de las dificultades y el azar que marcan nuestras vidas. Nos preguntamos: ¿por qué me tuvo que pasar a mi? ¿Por qué siempre me ocurren situaciones díficiles?

Estas preguntas surgen cuando nos enfrentamos a eventos inesperados y dramáticos. Tomemos esta parábola del buen samaritano, donde el sacerdote y el levita, a pesar de su cercanía al peligro, no sufren daño, mientras que el hombre que fue asaltado queda en una situación crítica. ¿Cuántas personas estaban en el camino de Jerusalén a Jericó? ¿Por qué algunos parecen ser más protegidos o afortunados que otros?

Es fácil ofrecer consuelo con frases tales como «todo es parte del plan de Dios para tu vida» o «para los que aman a Dios todas las cosas obran para bien». Aunque estas palabras tienen gran sentido bíblico, en el momento difícil, su significado puede parecer lejano y difícil de comprender.

Imaginemos la vida del hombre asaltado: su existencia cambió en un instante. Estaba al borde de la muerte, quizás con la visión de un futuro halagador desveneciéndose mientras esperaba su último suspiro de vida. Al escuchar pasos que se acercaban, su mente temía lo peor, imaginando que los ladrones habían regresado para acabar con él o que nadie se atrevería a ayudarle por el peligro que implicaba. Sin embargo, de repente, escuchór una voz que le preguntaba: «¿Qué te sucedió? ¿Cuánto tiempo llevas aquí?». En ese momento, la esperanza renació y la vida volvió a su cuerpo, pero la voz parecía de un extranjero o la de un samaritano. A medida que este personaje hacía más preguntas, pudo identificar que el hombre que se había detenido en el camino era un samaritano, un grupo tradicionalmente despreciado por los judíos.

Nos preguntamos: ¿Por qué este extranjero se había detenido no solo para preguntar el estado de aquel hombre sino también para curarlo? Más aún, ¿qué hacía un samaritano en ese camino, lejos de su propia ciudad? Es muy difícil entender cómo Dios utiliza los eventos y situaciones más desafiantes de la vida para guiarnos hacia el cumplimiento de su propósito o por qué permite que el mal nos alcance. Intentar racionalizar estas circunstancias puede llevarnos a conclusiones erróneas y desatinadas.

El samaritano rompió con todo las normas religiosas y culturales de su entorno. Por su parte, el moribundo, en su desesperación, no permitió que el sentimiento de religiosidad y división se interpusiera en su necesidad de recibir ayuda. La bondad, la misericordia y la compasión de un ser humano hacia otro trascienden todas las divisiones que solemos establecer en nuestras relaciones con los demás. Estos actos de misericordia nos impulsan a ir más allá de las ayudas superficiales, motivándonos a ofrecer un apoyo más profundo y significativo.

No te pierdas la conclusión… Esto continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho