Del Encuentro a la Misión: Transformación, Formación y Compromiso en el Discipulado de Cristo (2da parte)

La formación es un arte sublime, como la obra del alfarero que, con sus manos llenas de barro y su mente llena de propósito, transforma una masa informe en una vasija hermosa y útil, diseñada para cumplir su destino. El alfarero toma el barro, lo coloca en la rueca y, con paciencia y destreza, comienza a darle forma, siguiendo el diseño que ya ha concebido en su interior.

Cada giro de la rueca, cada toque preciso de sus manos, va esculpiendo la pieza hasta que finalmente emerge una obra perfecta, lista para ser utilizada diariamente. Así también, el proceso de formación en la vida refleja esta transformación: de algo aparentemente ordinario a algo hermoso y significativo, preparado para cumplir su propósito.

El profeta Jeremías fue enviado por Dios a la casa del alfarero, donde contempló de cerca el delicado proceso de formación de una vasija. Observó cómo el alfarero, con paciencia y habilidad, daba forma al barro sobre la rueca. Sin embargo, en un momento dado, la vasija se deterioró en sus manos. Aun así, el alfarero no se rindió; volvió a trabajar el barro, creando una nueva pieza según su propósito original.

En el proceso del discipulado, Dios actúa como el alfarero divino, formando en nosotros un carácter que refleje su diseño eterno. Con paciencia y sabiduría, comienza a moldear nuestra manera de pensar, eliminando todo aquello que estorba o impide el cumplimiento de su propósito.

Sin embargo, este proceso no está exento de desafíos. Implica cambios profundos y radicales que, aunque a veces resulten dolorosos, son necesarios para dar forma al hombre y la mujer que Dios desea. A lo largo de cada etapa, el Señor nos transforma, guiándonos hacia la plenitud de su voluntad y preparándonos para cumplir el propósito para el cual fuimos creados.

Para transitar este camino de transformación, es fundamental asumir un compromiso consciente de liberarse del dominio del pasado y abrazar el proceso de renovación. Esto implica dejar atrás patrones negativos, asumir la responsabilidad de nuestras decisiones y actitudes, y permitir que Dios moldee nuestro carácter según su diseño eterno. Así, este viaje continuo de transformación, aunque desafiante, nos conduce a una vida alineada con el propósito divino.

La formación en Cristo implica una transformación profunda que va más allá de una simple renovación de identidad. Quien es alcanzado por Jesús recibe una nueva naturaleza, una mentalidad renovada y un propósito claro, mientras que su esencia física permanece intacta. Aunque seguimos siendo la misma persona externamente, en nuestro interior ocurren cambios maravillosos que reflejan la obra redentora de Dios en nosotros.

El apóstol Pablo expresa esta verdad al afirmar: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17). Esto significa que la transformación en Cristo no es superficial ni temporal; es un cambio integral que afecta nuestro ser interior, moldeándonos conforme a su propósito eterno.

Parte esencial de esta formación es la renovación de nuestra mente. Pablo declara: «Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo» (1 Corintios 2:16). Esta afirmación revela que, al ser transformados por Cristo, comenzamos a pensar conforme a la voluntad divina, dejando atrás la vieja manera de razonar y adoptando una perspectiva que refleja el corazón de Dios.

Además, esta formación nos libera del poder esclavizador del pecado. El apóstol también dice: «Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia» (Romanos 6:14). Esta verdad nos asegura que, al ser transformados en Cristo, el pecado ya no tiene dominio sobre nosotros, porque ahora vivimos bajo la gracia, siendo guiados por el Espíritu Santo.

Por lo tanto, la formación en Cristo no solo implica adoptar nuevas actitudes o pensamientos, sino permitir que su poder redentor transforme cada área de nuestra vida. Es un proceso continuo donde Dios moldea nuestro carácter, renueva nuestra mente y nos conduce hacia una vida de libertad y propósito conforme a su voluntad.

Continuará…

«Piensa y Acciona»

Nacho

Del Encuentro a la Misión: Transformación, Formación y Compromiso en el Discipulado de Cristo

La jornada de fe comienza en el momento en que una persona acepta a Jesús como Señor y Salvador, dando paso a un cambio radical en su vida, pensamiento, actitud y acciones. Este proceso la conduce a una transformación profunda, una formación continua y un compromiso de entrega y sumisión a Cristo.» El apóstol Pablo lo expresó de esta manera: “Estoy convencido de que Dios, quien empezó la buena obra en ustedes, la perfeccionará poco a poco hasta completarla totalmente en el día de Jesucristo” (Fil 1:6 TCB).

Vivir para Dios requiere una entrega incondicional que va más allá de las apariencias externas. Implica realizar cambios intencionales en el corazón, lo que transforma las emociones, los sentimientos y la manera de analizar las situaciones de la vida. Esto conlleva una disposición genuina para aceptar la voluntad de Dios, la cual es «buena, perfecta y agradable» (Ro 12:2).

La expresión “me encontré con Dios” es común en los círculos pentecostales para describir la experiencia de salvación, en la que Dios perdona nuestros pecados en respuesta a una humillación sincera expresada con nuestros labios. Desde ese momento, comienza una nueva vida, donde “las cosas viejas pasaron, y todas son hechas nuevas” (2 Co 5:17). Este encuentro marca el inicio de una transformación profunda, posible únicamente por el poder del Espíritu Santo. ¿Por qué transformados? ¿De qué? Y ¿hacia qué?

¿Por qué transformados?
Porque el discipulado en Cristo no es solo una adhesión intelectual a una doctrina, sino un cambio radical de vida. Dios nos llama a una transformación profunda que afecta nuestra identidad, carácter y propósito, llevándonos a reflejar la imagen de Cristo.

¿De qué?
Somos transformados del viejo hombre dominado por el pecado, el egoísmo y la mentalidad del mundo. Esta transformación implica dejar atrás patrones de pensamiento erróneos, actitudes destructivas y hábitos que nos alejan de Dios.

¿Hacia qué?
Hacia una vida nueva en Cristo, donde somos conformados a Su carácter y llamados a vivir en santidad, amor y misión. La transformación nos lleva a ser discípulos comprometidos que reflejan a Cristo en su manera de pensar, vivir y servir a los demás.

Para experimentar una verdadera transformación, es necesario ir más allá de ser solo un seguidor de Jesús, pues quien se queda en ese estado sigue atado al status quo del mundo. Un seguidor carece de visión y solo simpatiza con la idea de ser un discípulo fiel, sin asumir un compromiso real. Es cierto que toda persona que viene a Jesús comienza como seguidor, sin embargo, debe dar un paso decisivo hacia una vida de entrega, convirtiéndose en un discípulo comprometido con su Señor.

Los seguidores de Jesús pueden asistir a eventos y mostrar entusiasmo temporal, pero sin un compromiso genuino, las cosas de Dios no ocupan el primer lugar en sus vidas. Como en la parábola del sembrador, muchos reciben la enseñanza con gozo, pero al no tener raíces profundas, son sofocados por los afanes del mundo y las preocupaciones de la vida. Así, su fe se desvanece, y su iniciativa de seguir a Jesús con devoción sincera muere antes de dar fruto verdadero.

La transformación no es un acto temporal ni un esfuerzo superficial para agradar a los demás. Es una experiencia profunda y duradera que comienza cuando una persona es encontrada por Jesús y decide rendirse a Él. En ese encuentro, la Palabra de Dios confronta el corazón, y al ser aceptada, inicia un proceso de cambio que abarca el carácter, la mente, el comportamiento y el corazón. Esta transformación nace de una actitud de humildad, reconocimiento del pecado y un deseo genuino de cambio radical, que comienza desde el interior. A partir de ahí, Dios derriba estructuras espirituales distorsionadas y patrones que esclavizan, trayendo una paz verdadera al alma que ha vivido por mucho tiempo en tormento.

Continuará…

«Piensa Y Acciona»

Nacho

¡Estás en el lugar equivocado! (última parte)

¡Este no es mi lugar! reflexionó el hijo pródigo. En la casa de su padre, tenía todo lo que necesitaba: abrigo, cama, alimentos y sobre todo, el amor de su padre. Ahora, no tenía nada. Desesperado, buscaba a alguien que lo contratara para conseguir siquiera un bocado de alimento. Este joven representa a quienes, en momentos cruciales , deciden abandonar el lugar donde lo tenían todo pero no supieron valorarlo, pues su mirada estaba puesta en aquello que creían alcanzar en otros lugares.

Al tocar fondo, el hijo pródigo comenzó a ver con claridad lo que antes no valoraba: la estabilidad, el amor y el cuidado que siempre tuvo en casa. Su necesidad lo llevó a comprender que lo que había despreciado en su afán por experimentar algo «mejor» era, en realidad, lo más valioso. Fue entonces cuando, arrepentido y con el corazón humillado, decidió regresar a su hogar, reconociendo que había desperdiciado una vida plena por perseguir ilusiones pasajeras.

¿Qué hará falta para que comprendas que lo que tienes no es lo que realmente buscabas? ¿Cuánto tiempo más hasta reconocer que has tocado fondo? Dentro de ti, esa voz clama por ayuda y te susurra: «Regresa». El hijo pródigo no solo pensó en volver a casa, ideó un plan y eligió cuidadosamente las palabras para dirigirse a su padre. Su único deseo era ser recibido, aunque fuera como un sirviente, pues sabía que ni siquiera merecía el lugar de hijo.

Hoy quizá te sientes avergonzado, cabizbajo y triste, no solo porque estás en el lugar equivocado, sino porque antes de marcharte, ignoraste el consejo de quienes te amaban. Creías que el lugar en el que estabas te limitaba, que las personas allí frenaban tus deseos de superación y que el calor de ese hogar te asfixiaba. Decidiste irte y comenzar una nueva vida. Lo intentaste, viste la vida desde otra perspectiva, pero descubriste que aquello que tanto anhelabas no es lo que realmente te conecta con el propósito de vida para el cual Dios te creó.

La duda y la ansiedad sobre cómo serás recibido te invaden, y la preocupación sofoca tu ánimo. Sin embargo, el hijo pródigo, a pesar de su temor, emprendió su regreso sin imaginar que su padre ya lo esperaba. Fue recibido con un abrazo y un beso, y su padre organizó una gran fiesta, devolviéndole el lugar de honor que había perdido.

Tal vez, el regreso que necesitas no sea un lugar físico. Quizá se trate de restaurar una relación que se quebró por falta de comprensión o de reencontrarte con Dios. Tal vez pensaste que cambiar ciertas cosas te traerían felicidad, pero has descubierto que no es así. Cualquiera que sea tu situación, hay una solución. Dios te ama tal como eres, y nunca te rechazará. Él está esperando en el mismo lugar donde lo dejaste. Hoy, levántate y vuelve a ese lugar; tu Padre te espera con los brazos abiertos.

«Piensa y Acciona»

Nacho

¡Estás en el lugar equivocado! (segunda parte)

Estar en el lugar equivocado desata un caos interno: la mente se desvía, las emociones se desbordan y, aunque físicamente estás presente, mentalmente estás a kilómetros de distancia. La sensación de vacío, soledad, inconformidad y desaliento se intensifica tanto que terminas tomando la decisión de abandonar lo que percibes como el lugar equivocado.

Encontrar sentido en lo que se hace, reflexionar sobre cómo alcanzar los sueños y visión de vida, y evaluar las oportunidades de progreso son elementos clave para obtener una perspectiva clara de lo que se quiere lograr y cómo hacerlo. Sin embargo, este análisis, aunque valioso, a veces puede estar equivocado y generar sentimientos de pertenencia o falta de ella en el lugar donde se encuentra la persona. Es en ese punto donde surge la duda: ¿estás realmente en el lugar correcto para alcanzar el potencial de vida que anhelas?

Este joven, conocido como el hijo pródigo, estaba considerando dejar su hogar en busca de lo que creía ser el lugar correcto. Su visión de vida no coincidía con la de su padre; no quería estar bajo control ni tener que rendir cuentas cada día a su padre. Se sentía como un ave enjaulada, incapaz de volar libremente. Si deseaba alcanzar sus sueños, ilusiones y la libertad que anhelaba, sabía que debía irse, y cuanto antes, mejor.

Quizá sientas que matrimonio no es lo que esperabas, que tu trabajo no cumple con tus expectativas, que tu familia está en crisis, y que tu relación con Dios se ha enfriado. Has llegado a ese punto crítico donde dentro de ti te grita que estás en el lugar equivocado, y la tentación de abandonarlo todo es abrumadora: romper con tu pareja, renunciar al trabajo, alejarte de tu familia y darle la espalda a Dios. Y pensar que, en su momento, creíste que tu pareja era la persona ideal para compartir tu vida, te preparaste con esmero para tener el trabajo de tus sueños, planificaste una familia unida y llena de amor , y dejaste atrás el pecado para acercarte a Dios. Pero ahora todo parece desmoronarse a tu alrededor, y no ves una salida. ¡Qué desesperante es sentir que has llegado al lugar equivocado!

Atrapado en un mundo desconocido, hostil y traumático, el hijo pródigo volvió a sentir que estaba en el lugar equivocado. Lo que antes consideraba como ataduras y control por parte de su padre, ahora lo veía como lo mejor, y la casa de su padre como el lugar correcto. ¡Que infeliz se sentía! ¿Cómo pudo llegar a pensar que estaba en el lugar equivocado? ¿Sabes cuál es realmente el lugar equivocado? Es ese escenario, relación, profesión o visión de vida que te atrapa y te aleja del propósito para el cual Dios te creó.

Continuará…

«Piensa y Acciona»

Nacho

Una Fe Sencilla

¡Que frustrante es intentar ensamblar un escritorio que, a simple vista, parece sencillo pero se convierte en una odisea! Aún peor es terminar y descubrir que han sobrado piezas. Entonces hay que desarmarlo, leer las instrucciones con atención y tomarse el tiempo necesario para hacerlo correctamente. Esta complicación no es culpa del fabricante, sino de no seguir las indicaciones adecuadamente.

De manera similar, la fe que define al hijo de Dios, no es complicada en esencia; son los hombres quienes la han enredado con distintivos innecesarios y complejidades.

Judas, el escritor bíblico, escribe la siguiente: «Pero ustedes, mis amados, edifíquense a sí mismos practicando una fe de identidad, conectados con el Espíritu Santo […]» (verso 20 TCB). «Esta fe se fundamenta en el conocimiento de Dios por medio de Cristo Jesús, conocimiento que va a regir la vida y el carácter de la persona, y ésta va adquiriendo la identidad de Dios por medio de Cristo» (Yattenciy Bonilla, Diccionario Griego-Español).

A lo largo de los siglos, la fe que define nuestra identidad ha sido atacada y, en consecuencia, ha perdido su originalidad, diluyéndose en aguas turbias. Tras el tercer sigo de nuestra era, la iglesia se vio cada vez más absorbida por la búsqueda de poder y esplendor, lo que resultó en la pérdida de su autoridad espiritual. Siglos después, Martin Lutero advirtió que los fundamentos bíblicos de la fe habían sido erosionados, reemplazados por capas de traición, superstición y razón.

Durante la Era de Iluminación, la fe de identidad fue relegada a un segundo plano, cediendo su lugar a la razón como principal fuente de iluminación. Con el advenimiento del modernismo, se comenzó a priorizar los logros personales, metas, deseos y pensamientos del individuo, elevando el «Yo» por encima de la fe de identidad. Posteriormente, el postmodernismo desechó tanto la fe de identidad como la noción de verdad absoluta, dando cabida a un relativismo que permitía todo tipo de comportamientos, evaluados únicamente por quien los cometía, cada uno determinando su propia verdad.

La fe sencilla que define una relación con Dios a través de Cristo no admite ninguna forma de alteración. Se fundamenta en vivir una vida apartada del pecado, abrazando principios y valores morales bíblicos que reflejan a Jesús. No debe estar influenciada por el status quo de nuestra época, que promueve un libertinaje desenfrenado. Esta fe sencilla permite al cristiano confiar en Dios, sustentándose en lo que Su palabra promete: Su poder, Su presencia y la certeza de que sostiene a sus hijos en tiempos de adversidad, enfrentando perspectivas e ideologías que desvían a la humanidad de Su modelo ético bíblico.

La fe sencilla brinda seguridad al cristiano, incluso cuando no obtiene respuestas a sus peticiones, ya que se aferra a las maravillas que Dios ha realizado en el pasado. Esta fe genera en la vida del hijo de Dios una declaración de victoria en medio de las dificultades, una fortaleza en las pruebas, una esperanza inquebrantable frente al caos y un ancla firme en medio de las tormentas más violentas.

¿Por qué complicar esta fe?

«Piensa y Acciona»

Nacho

Bajo Nueva Administración

Armando, iba todos los sábados a la bodega de la esquina a comprar los víveres para la semana siguiente. Él sabía donde estaba cada artículo, conocía a los empleados y al dueño y estaba al tanto de cuándo llegaban los productos frescos. Se sentía cómodo y en familia en esta bodega.

Armando se fue de viaje fuera de la ciudad por un tiempo con su familia y además estuvo un tiempo enfermo. Varias semanas pasaron y nuevamente como acostumbraba fue a la bodega. Esta vez notó que el nombre de la bodega había cambiado; habían algunos empleados nuevos; los artículos habían sido cambiados de lugar y notó que su amigo Daniel–dueño de la tienda– ya no estaba allí. Al preguntar le fue informado que el negocio fue vendido y estaba bajo nueva administración.

¿Te ha pasado a ti? De seguro que has visto el letrero de «Bajo Nueva Administración» en muchos lugares a través del tiempo. Cuando esto sucede lo esperado es ver implementación de cambios, nuevos métodos de mercadeo, nuevos productos y posiblemente nuevos precios.

¿Sabes que todo aquel que ha venido a Jesús para salvación está «Bajo Nueva Administración»? El apóstol Pablo lo expresa de esta manera, «Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:17 NVI). Tenemos una nueva naturaleza, el viejo hombre y mujer han muerto, tenemos la vida de Cristo, ya no hay condenación, tenemos paz con Dios y vemos la vida desde otra perspectiva (Rom.5:1; 8:1).

En otro tiempo teníamos otro dueño que la Biblia lo describe como aquel que dejó el mundo hecho un desierto, arrasaba ciudades y nunca dejó libres a sus presos (Isaías 14:17). Sus nombres son: padre de mentira, dios de este siglo, el engañador, el tentador, príncipe de este mundo, diablo, Satanás y muchos más que describen su oscura personalidad.

El nuevo dueño es descrito como: príncipe de paz, Dios de justicia, Padre eterno, Dios fuerte, Padre de las luces y muchos otros que describen su amor, cuidado y protección para los suyos.

«Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¿Por gracia ustedes han sido salvados!» (Efesios 3:4,5).

Esta Nueva Administración está continuamente haciendo obras maravillosas en nuestras vidas; renueva nuestras fuerzas aun cuando no tenemos ninguna; nos inunda de una paz que se manifiesta en momentos de adversidad. La obra que ha sido comenzada en nuestras vidas por la Nueva Administración seguirá siendo perfeccionada hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6)

Hay propietarios que al momento de la ciudad querer comprales su propiedad para algún nuevo proyecto, se niegan y se aferran a esa esctructura que por tiempo ha sido su sustento. ¿Qué sucede al tiempo? Todo se ve renovado, PERO esa propiedad se ve fuera de lugar. ¿Qué tal si le permitimos al Nuevo Inversionista llamado Jesús de Nazareth comprar nuestra propiedad y embellecer toda nuestra vida? Sería muy imprudente no ceder nuestra propiedad y terreno a este Nuevo Inversionista.

Estar bajo esta Nueva Administración tiene implicaciones trascendentales y eternas. Al ser transformados a nuevas criaturas entramos en un proceso de cambios que redundan en beneficio no solo personal sino que alcanza a todos los que están a nuestro alrededor. Las malas costumbres comienzan a desaparecer, la perspectiva de la vida cambia, el pensamiento es renovado, el hablar y el caminar son diferentes, el trato hacia los demás es amable y sobretodo, se comienza a vivir y a disfrutar la vida de Cristo.

A través de este escrito te hago una invitación con esta pregunta, ¿por qué no entregas tu propiedad–tu vida–a una Nueva Administración? Cristo Jesús te ofrece el perdón de tus pecados y te garantiza que serás una nueva criatura.

Estoy Bajo Nueva Administración.

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Entiendes lo que lees?

¿Alguna vez has tenido que leer un libro, documento, mensaje o alguna otra cosa que requiere comprensión más de una vez? A todos nos ha pasado que la primera vez no entendimos el mensaje o dudamos del contenido y eso nos llevó a una segunda o tercera lectura. ¿Sabes? Dios quiere que entendamos Su Palabra y la interpretemos correctamente.

Un personaje importante le preguntó a Jesús qué cosas podía hacer para heredar la vida eterna (Lucas 10:25-37). Este era un escriba quien era parte del grupo que se dedicaba a interpretar la ley. Esta interpretación salía en parte del consejo y sabiduría de los ancianos del pueblo y también de las discusiones de la ley de parte de los rabínos. Se recurría a esa sabiduría que se iba adquiriendo a través de las experiencias de vida y al conocimiento de la ley dada por Moisés. Todo esto luego fue recogido y plasmado en lo que se conoce como el Talmud.

Un escriba debía de tener el mensaje claro y no tener tal interrogante. Una de dos cosas puede ser posible aquí: tenía una respuesta que le daba seguridad y buscaba una afirmación ó no había entendido el mensaje la primera vez. Hay dos preguntas que Jesús le hace a este escriba: ¿qué está escrito en la ley? ¿cómo lees? Jesús no está interesado en lo que dice sino en cómo el escriba la interpretaba. La lectura junto con la interpretación modifica la conducta del individuo y es allí donde Jesús quiere llegar.

El pensamiento judío concerniente a la salvación se concentraba en qué acciones garantizaban la vida eterna. Jesús le pregunta a este personaje si conocía la ley a lo que rápido contestó que sí. Pero, Jesús lo redirige de la lectura a la interpretación. Jesús le dice «ve y haz lo que dice la ley». Aquí el escriba se quiere pasar de listo–así decían en mi barrio. Y, ¿quién es mi prójimo? Él tenía un concepto de quién era su prójimo. Solo estaba buscando aprobación de Jesús. Para él, su prójimo eran aquellos iguales a él; que podían devolver un favor hecho. Los enfermos, niños, mujeres, vagabundos y mucho menos los samaritanos eran excluidos de ese grupo de privilegio.

Jesús pasa a narrar una parábola que conocemos como la del buen samaritano. ¿Quién es el personaje principal? Alguien odiado por los escribas, ¡los samaritanos! Jesús quería que este escriba entendiera el mensaje y el corazón de Dios. No se trata de conocer lo que se lee, se trata de una buena interpretación.

La Palabra de Dios está al alcance de todos nosotros y necesitamos leerla, pero más que todo darle una buena interpretación que sea práctica. Los fariseos no creían en Jesús, pero entendían que el escudriñar las Escrituras los conducía a la salvación. Jesús le dice «ellas son las que dan testimonio de mi». Es imposible creen en la Biblia y no creer en Jesús. El diácono Felipe le preguntó al etíope– que iba leyendo las Escrituras– si entendía lo que estaba leyendo a lo que este le respondió, «no hay quien me la explique» (Hechos 8:26-38).

Una interpretación correcta de lo que Dios nos está diciendo nos lleva a realizar su voluntad la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). ¿Estás entendiendo lo que Dios te ha hablado? ¿Cómo lo estás interpretando? Permite al Espíritu Santo que moldee tu manera de pensar, tu manera de ver las cosas y tu interpretación de las mismas. Una buena interpretación nos lleva a una mejor conducta y nos ayuda a practicar la justicia.

¡Piensa y Acciona!

Nacho

Rompiendo Esquemas-crecimiento cristiano sostenible 4ta parte

Las Escrituras nos presentan la historia de hombres y mujeres que Dios llamó para realizar tareas que trendrían trascendencia eterna. Ahí conocemos su carácter, habilidades y comportamientos desatinados y cómo Dios trabajó en ellos para que fueran personas efectivas en sus encargos divinos. Podemos ver quiénes eran al momento de ser comisionados y quiénes llegaron a ser cuando permitieron que el Espíritu Santo trabajara con su carácter y temperamento.

Simón, es uno de estos personajes. Es mencionado por vez primera en el Evangelio de Juan capítulo uno cuando su hermano Andrés comenzó a seguir a Jesús. Este le hizo la invitación para que conociera al Mesías. Simón respondió a la invitación y fue al encuentro de Jesús. Primero, Jesús le cambia el nombre de Simón a Pedro. Luego el Señor lo llama junto a otros discípulos a que abandonen todo, sigan a Jesús y se conviertan en pescadores de hombres. En espacio de tres años y medio su temperamento y carácter es modificado por Jesús convirtiérdole en un hombre extraordinario preparado para la misión encomendada por el Señor.

Era un hombre impulsivo que hablaba sin hacer un ánalisis y en ocasiones pare ser, que hablaba por los demás. No tenía miedo de encarar aún al Maestro en momentos en que este hablaba de su misión de salvación. Su carácter era cambiable e inestable. Se mostró como una persona determinada y confiada en el encuentro con Jesús en el mar cuando le pide que le permita andar sobre el mar. Por momentos se ve como un soberbio y autosuficiente. A pesar de todo esto y mucho más, Jesús vió en este hombre una joya que necesitaba ser pulida para que llegara a ser pieza clave en la difusión del evangelio de Jesús.

¿Qué verá Jesús en ti a pesar de lo que eres y como eres? Puede que te sientas desanimado y con ganas de rendirte por causa de comportamientos, reacciones y respuestas que le das a las situaciones que te enfrentas. Quieres cambiar y ser una persona de compromiso. Lo intentas una y otra vez pero después de pensar alcanzarlo, resurgen las malas acciones. Hoy quiero decirte, ¡Jesús está en control!

En el próximo escrito retomaremos a Pedro y la obra que Cristo hizo en él.

Continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (tercera parte) Transición

Jesús llamó a doce hombres a un proceso de transición que comenzó como seguidores y los llevó hacia discípulos transformados. Aunque los evangelios registran que Jesús les hizo tres llamados: primero los invita a seguirle, segundo dejan todo y tercero los hace apóstoles (segunda parte).

¿Qué es un creyente?

Un creyente es alguien que profesa una fe determinada y con frecuencia se congrega con otros miembros de algún templo perteneciente a una religión en particular.

La iglesia de Corinto en parte estaba compuesta por creyentes. Estos eran conocidos como iglesia de Dios, santificados e invocadores del nombre de Jesús. No les faltaba ningún don y esperaban con ansías la venida del Señor Jesucristo.

¿Cuáles eran algunas de las características de estos creyentes? Esta iglesia tenía divisiones pues unos decían ser de Pablo, de Pedro, de Cristo y de Apolos (1). Eran inmaduros pues había entre ellos celos y contiendas (3). Permitían inmoralidad sexual (5); había pleitos (6), desorden (11), problemas en la Cena del Señor (11), y algunos negaban la resurrección (15).

Podemos presentar el ejemplo de Cornelio narrado en Hechos 10. Este era un hombre que amaba a Dios; junto a su familia adoraban a Dios y daban ofrendas. Era un hombre que oraba y Dios estaba contento con lo que hacía. PERO, le faltaba algo y el Señor a través de un ángel le dio órdenes de que enviara a buscar a Pedro quien le daría instrucciones tocante a la salvación.

La etapa o el proceso de ser creyente es uno que debemos pasar todos los que reciben a Jesús como Señor y Salvador, pero no es el destino final. Dios quiere llevar a los creyentes a una relación más profunda con él.

Cristo nos hace ver que la relación que debemos anhelar va mucho más allá que pronunciar su nombre o decir que le conocemos. En Mateo 7 versos 21 al 23 vemos que al final de los días cuando los hombre se presenten delante de Dios algunos reclamaran que profetizaron en nombre de Dios, expulsaron fuera demonios e hicieron milagros. El Señor les dirá que no fue suficiente, que su relación no era de profundidad con él por lo tanto, no les reconocía. Solo entraran en el reino de los cielos aquellos que verdaderamente hacen la voluntad del Padre.

¡De creyentes pasemos a ser discípulos del Señor!

Continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho