Quiero Cambiar

Cada nuevo año llega cargado de expectativas, sueños, ilusiones y anhelos de superación, pero también de incertidumbres y cambios que deben asumirse y enfrentarse. A lo largo de sus 365 días, cada persona intenta discernir qué acciones, decisiones y ajustes son necesarios para que, al llegar su final, pueda considerarse un año verdaderamente fructífero. Al aproximarse el cierre del año, surge de manera natural la retrospección: se evalúa lo logrado, lo intentado y aquello que no se alcanzó. Este ejercicio de balance produce satisfacción y gratitud en algunos, mientras que en otros despierta sentimientos de frustración o derrota.

Este ejercicio se repite año tras año en el intento de identificar las razones principales detrás de los logros alcanzados o de los desaciertos experimentados. Las causas que suelen señalarse para los desaciertos son diversas: falta de tiempo, escasez de recursos, no era el momento adecuado, malas decisiones, temor al fracaso, entre muchas otras. Sin embargo, ¿qué ocurriría si, en lugar de centrarnos únicamente en estos factores externos, comenzáramos a preguntarnos qué está alimentando nuestra mente, dando origen a nuestros pensamientos y moldeando nuestros patrones de conducta? Si logramos identificarlo, la mente se convierte en el primer espacio de trabajo, de modo que pensamiento, conducta y acción puedan alinearse en una sincronía que produzca transformación y resultados sostenibles.

La mente es alimentada por las experiencias vividas, la educación recibida, la cultura, el entorno familiar y social, así como por el círculo de amistades que nos rodea. Cada uno de estos elementos aporta la materia prima que, con el tiempo, va dando forma a los valores, creencias y actitudes que, de manera consciente o inconsciente, modelan la conducta de los individuos. Por ello, el simple deseo de cambiar para alcanzar metas o realizar sueños no es suficiente si no existe una actitud interior genuina que confronte la complacencia y elimine el acceso a aquellas fuentes que no aportan para el bien ni contribuyen al crecimiento.

Según la Palabra de Dios, existen criterios claros de discernimiento que pueden adoptarse como reglas para filtrar las fuentes que intentan alimentar nuestra mente. Estos criterios se agrupan en tres áreas fundamentales: la verdad y la rectitud —todo lo verdadero, respetable y justo—; la pureza y el afecto saludable —todo lo puro y amable—; y la excelencia con propósito —todo lo digno de admiración, excelente y digno de alabanza— (Filipenses 4:8).

Verdad y rectitud implican vivir en coherencia con la realidad y con los principios correctos. La rectitud es la decisión de actuar con integridad, honestidad y justicia, manteniéndose fiel a lo que se sabe que es correcto, tanto en el pensamiento como en la conducta diaria.

Según la Palabra de Dios, este compromiso no solo nos llama a escoger lo bueno, sino también a rechazar aquello que no edifica. Por eso, la Escritura exhorta a abstenernos de toda forma de mal (1 Tesalonicenses 5:22) y nos recuerda que la voluntad de Dios es nuestra santificación (1 Tesalonicenses 4:3). Querer cambiar, entonces, requiere una actitud interior decidida a filtrar lo que alimenta la mente, cerrar el acceso a influencias que distorsionan el pensamiento y alinear mente, conducta y acción con los valores de Dios.

Pureza y afecto saludable implica mantener pensamientos, emociones y deseos libres de influencias que contaminan, permitiendo que los sentimientos se expresen de manera equilibrada, correcta y edificante, de modo que fortalezcan las decisiones, la conducta y las relaciones.

La Palabra de Dios los presenta como aquello que implica mantener pensamientos, emociones y deseos libres de influencias que contaminan, permitiendo que los sentimientos se expresen de manera equilibrada, correcta y edificante. Por ello, la exhortación: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Cuidar el corazón significa vigilar aquello que permitimos entrar en nuestra mente y emociones, ya que de allí surgen las decisiones, las actitudes y los patrones de conducta que dan forma a nuestra manera de vivir.

Excelencia y propósito implican vivir con una determinación clara de hacer las cosas de la mejor manera posible, orientando pensamientos, decisiones y acciones hacia metas que dan sentido a la vida y honran los valores que se han asumido. La Escritura nos exhorta a que todo lo que hagamos, sea de palabra o de hecho, lo hagamos para Dios y no para agradar a los hombres (Colosenses 3:23). Cuando el propósito está alineado con Dios, la búsqueda de la excelencia deja de ser un esfuerzo por reconocimiento humano y se convierte en un acto de fidelidad, adoración y obediencia.

¿Quieres cambiar en el 2026? Tienes que comenzar por tu mente. Acuérdate que «Los pensamientos crean actitudes, las actitudes forman acciones y las acciones definen el rumbo de la vida». Lo que permitimos en la mente termina manifestándose en la manera en que vivimos.

«Piensa Y Acciona»

Nacho

Del Encuentro a la Misión:Transformación y Compromiso en el Discipulado de Cristo (última parte)

El paso del encuentro a la misión puede tornarse en un camino complejo, inquietante, exigente y, por qué no decirlo, profundamente desafiante. Esta travesía adquiere aún mayor intensidad cuando nos enfrentamos a las palabras de Jesús sobre el discipulado: ‘Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.’ (Mateo 16:24, LBLA).

Aceptar este llamado implica mucho más que emoción o convicción inicial; exige renuncia, perseverancia y una profunda transformación interior. Seguir a Jesús no es simplemente una adhesión ideológica o emocional, sino una entrega total que confronta nuestras comodidades, cuestiona nuestras prioridades y redefine nuestra identidad. Es en ese proceso de negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz cada día y perseverar en el seguimiento, donde el encuentro con Cristo se convierte verdaderamente en misión.

La misión cobra su verdadero sentido y se convierte en la prioridad fundamental cuando comprendemos que no es una opción entre muchas, sino el encargo central de Jesús a sus discípulos. Así lo expresó con claridad al decir: ‘Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones…’ (Mateo 28:19, LBLA), y lo reafirmó antes de ascender al cielo: ‘pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.’ (Hechos 1:8, LBLA).»

La misión no es una tarea accesoria ni un ministerio exclusivo para algunos; es el corazón del llamado cristiano. Es el movimiento natural y sobrenatural de quienes han tenido un verdadero encuentro con Cristo. No nace de un esfuerzo humano, sino del poder capacitador del Espíritu Santo, quien nos impulsa, transforma y equipa para dar testimonio eficaz de Jesús. La misión se realiza con autenticidad cuando el testimonio no solo se proclama con palabras, sino que se encarna en vidas rendidas al servicio del Reino. Y su propósito final es claro: que toda la tierra conozca a Jesús, su amor redentor y su obra salvífica.

El compromiso con el discipulado cristiano nos confronta con una realidad espiritual desafiante: enfrentamos enemigos que trascienden nuestras capacidades humanas y naturales. No se trata de adversarios visibles ni de seres humanos, sino de fuerzas espirituales malignas, entidades demoníacas que buscan obstaculizar el avance del evangelio de Jesucristo. Esta lucha, aunque invisible, es intensamente real.

A simple vista, puede parecer una batalla imposible de ganar. Sin embargo, no estamos desprovistos de recursos. Dios nos ha provisto de una poderosa y abundante gama de armas espirituales, plenamente eficaces para derribar fortalezas y resistir toda oposición del enemigo. Estas armas no son físicas, sino espirituales, y su poder proviene directamente del Espíritu Santo.

En estos tiempos, más que nunca, necesitamos un nuevo revestimiento del poder del Espíritu Santo. Es urgente que rindamos por completo nuestra voluntad a Su dirección y propósito. Solo así podremos vivir una vida de obediencia genuina y comprometida con la Gran Comisión: hacer discípulos en todas las naciones. La victoria es posible, pero requiere una entrega total, una dependencia constante de Dios y una fe activa en su poder para vencer lo que nosotros no podríamos enfrentar por cuenta propia.

”Piensa y Acciona”

Nacho



¡Estás en el lugar equivocado! (segunda parte)

Estar en el lugar equivocado desata un caos interno: la mente se desvía, las emociones se desbordan y, aunque físicamente estás presente, mentalmente estás a kilómetros de distancia. La sensación de vacío, soledad, inconformidad y desaliento se intensifica tanto que terminas tomando la decisión de abandonar lo que percibes como el lugar equivocado.

Encontrar sentido en lo que se hace, reflexionar sobre cómo alcanzar los sueños y visión de vida, y evaluar las oportunidades de progreso son elementos clave para obtener una perspectiva clara de lo que se quiere lograr y cómo hacerlo. Sin embargo, este análisis, aunque valioso, a veces puede estar equivocado y generar sentimientos de pertenencia o falta de ella en el lugar donde se encuentra la persona. Es en ese punto donde surge la duda: ¿estás realmente en el lugar correcto para alcanzar el potencial de vida que anhelas?

Este joven, conocido como el hijo pródigo, estaba considerando dejar su hogar en busca de lo que creía ser el lugar correcto. Su visión de vida no coincidía con la de su padre; no quería estar bajo control ni tener que rendir cuentas cada día a su padre. Se sentía como un ave enjaulada, incapaz de volar libremente. Si deseaba alcanzar sus sueños, ilusiones y la libertad que anhelaba, sabía que debía irse, y cuanto antes, mejor.

Quizá sientas que matrimonio no es lo que esperabas, que tu trabajo no cumple con tus expectativas, que tu familia está en crisis, y que tu relación con Dios se ha enfriado. Has llegado a ese punto crítico donde dentro de ti te grita que estás en el lugar equivocado, y la tentación de abandonarlo todo es abrumadora: romper con tu pareja, renunciar al trabajo, alejarte de tu familia y darle la espalda a Dios. Y pensar que, en su momento, creíste que tu pareja era la persona ideal para compartir tu vida, te preparaste con esmero para tener el trabajo de tus sueños, planificaste una familia unida y llena de amor , y dejaste atrás el pecado para acercarte a Dios. Pero ahora todo parece desmoronarse a tu alrededor, y no ves una salida. ¡Qué desesperante es sentir que has llegado al lugar equivocado!

Atrapado en un mundo desconocido, hostil y traumático, el hijo pródigo volvió a sentir que estaba en el lugar equivocado. Lo que antes consideraba como ataduras y control por parte de su padre, ahora lo veía como lo mejor, y la casa de su padre como el lugar correcto. ¡Que infeliz se sentía! ¿Cómo pudo llegar a pensar que estaba en el lugar equivocado? ¿Sabes cuál es realmente el lugar equivocado? Es ese escenario, relación, profesión o visión de vida que te atrapa y te aleja del propósito para el cual Dios te creó.

Continuará…

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Qué Aprendiste de tu Error?

¿Cuál deporte es tu favorito? ¿Soccer, béisbol, baloncesto, futból americano, hockey, boxeo? Si eres un fanático del deporte conoces acerca de lo que es ser un apasionado por un equipo o un atleta. ¡Cómo se sufre cuando un jugador comete un error y se pierde por causa de ello! Cuando mi equipo pierde, no quiero saber nada de deportes hasta 3 ó 4 días después. Es como un sabor amargo en la boca. Un error por un jugador de un equipo o por un atleta en deportes individuales, puede llevar a la ruina a muchos. Tiene que esperar hasta la próxima temporada o hasta la próxima oportunidad para rectificar el error cometido.

En la vida al igual que el deporte se cometen errores que cuestan lágrimas, dolor y sufrimiento. Lo más doloroso es que en algunos casos no hay una segunda oportunidad.

Cuando pienso en Dios y leo acerca de él en la Biblia, lo veo como un Dios de segundas y hasta terceras oportunidades. Es como si Dios nos da un espacio en nuestras vidas para meditar en nuestras acciones pasadas y también en aquellas palabras que han salido por nuestra boca para que hagamos un análisis sincero y rectifiquemos el error cometido.

En Génesis 17 verso 1, Dios se le revela a Abram cuando tenía nada más y nada menos que ¡99 años! El Señor le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda delante de mí y se íntegro». Si no supiéramos las historia de este personaje, no podríamos entender por qué Dios le pide que sea íntegro. Permíteme contarte.

Catorce años antes, Abram junto con su esposa Saraí habían llegado a un acuerdo. Se estaban poniendo viejos y Dios no había cumplido la promesa de darles un hijo. ¡Decidieron entonces darle una ayuda a Dios! Abram se acostaría con Agar, quien era la esclava de Saraí, tendría relaciones sexuales con ella y esperaban que quedara encinta. Así tendrían descendencia y verían las promesas de Dios cumplirse. Pero se les olvidó lo más importante, ¡consultar a Dios!

Los errores más grandes se cometen cuando planeamos y ejecutamos planes de vida olvidándonos que ya Dios diseñó un plan para cada uno. No se puede realizar una construcción sin unos planos pues se olvidarían u omitirían detalles importantes que luego saldrían a la luz y el costo seria mucho más que si hubiéramos prestado atención a los planos.

El salmista expresó lo siguiente: «El Señor dirige los pasos del hombre y lo pone en el camino que a él le agrada; aun cuando caiga, no quedará caído, porque el Señor lo tiene de la mano» (Salmos 37:23-24).

Es muy probable que hoy leyendo este blog digas ya es muy tarde, el mal ya está hecho. Es cierto, que no podemos arreglar 100% los errores cometidos PERO se puede aprender de ellos y no cometerlos en el futuro. Abram y Saraí tuvieron que sufrir por el error cometido pero luego Dios cumplió su promesa dándoles a Isaac.

Dios dirige tus pasos si tu entregas tu voluntad a él. En una ocasión el rey David quiso traer el arca del pacto a Jerusalén pero no siguió las indicaciones y un hombre pagó con su vida. Esto trajo mucha tristeza al corazón de David. Lo intentó una vez más, pero esta vez siguió las indicaciones de Dios y fue un día glorioso en la historia del pueblo y del rey.

Puede ser que necesites buscar a esa persona que ofendiste y pedirle perdón o necesitas devolver lo que tomaste sin permiso. Posiblemente por tus acciones se rompió una relación, pide perdón y aunque no puedas rehacerla, aprende de tus errores para que en la próxima no los repitas. Alguien dijo que quien no aprende de sus errores, los volverá a repetir.

Dios te pide que andes delante de él o sea que tus acciones sean congruentes con Su palabra y también te pide que le sirvas llevando una vida intachable. No permitas que tu pasado empañe tu presente y distorsione tu futuro. Lo más importante que puedes aprender de tus errores, es que no eres autosuficiente. ¡Necesitas depender de Dios!

«Piensa y Acciona»

Nacho

Cambio De Identidad (4ta Parte)

Cuando entendemos propósito se nos hace más fácil saber quiénes somos y de qué somos capaces (3era Parte).

Identidad

No podemos negar que mucha gente está sufriendo lo que se llama crisis de identidad. Esto se refiere a una expresión de profunda duda de uno mismo, de quién se es realmente, acompañado de sentimientos de vacío o de soledad. Las crisis de identidad pueden ser un rasgo permanente de donde uno se siente perdido o asustado ante la idea de no poder definirse.

¿Qué implicaciones tiene ser una nueva criatura en Cristo?

El hombre viejo con su identidad ha muerto y ahora somos una nueva creación en Cristo. Vivimos ahora la vida de Cristo y todo aquello que nos identificaba con el viejo hombre y la vieja mujer, ¡murió!

Tener identidad en Cristo es entender que los procesos difíciles no le restan a nuestra identidad sino que resaltan lo de Cristo en nosotros. El apóstol Pablo en Filipenses 1 versos 12-19 nos enseña que aún el mal que las personas nos quieren hacer, resulta para bien y gloria de Dios cuando entendemos propósito e identidad.

Nueva Criatura

Estar en Cristo, representa una relación íntima que cambia todo nuestro interior y le da un nuevo sentido a nuestra vida. Es entender que soy hijo de Dios, beneficiado por el Padre, en una relación con el Espíritu Santo que me va guiando día a día en la perfecta voluntad de Dios.

Mi nueva identidad en Cristo me lleva a moldear mi carácter, mi pensamiento y mis actuaciones. No vivo de ilusiones ni de pensamientos vanos; ahora tengo convicción que nací para glorificar a Dios con toda mi vida y todo lo que hago estriba hacia la excelencia. No guardo rencor, ni resentimiento porque el amor de Dios ha sido derramado en mi vida. He sido conectado a un propósito divino que me lleva a entender que fui sacado de la tinieblas y ahora vivo en la luz admirable del Señor para proclamar su bondad y amor al mundo.

La vida de todo ser humano es moldeada por el pensamiento que alberga en su interior. La mente es parte de lo que llamamos alma y ésta es descrita como el asiento de las emociones. Las emociones representan sensaciones y sentimientos que posee el ser humano al relacionarse con sus semejantes y con el medio en general. Sirven para establecer nuestra posición con respecto a nuestro entorno. Las emociones en el ser humano son cambiantes; muestran el ánimo en todas las situaciones de la vida sean positivas o negativas. Cuando el ser humano es dominado por las emociones, su identidad es variante.

Cuando nos estancamos en una emoción permitiendo que domine nuestra vida, cambia por completo nuestra identidad y nuestro propósito es distorsionado. Venir a Cristo no implica la desaparición de las emociones, porque entonces seríamos robots manejados al antojo de otros.

La identidad en Cristo tiene que ver con la negación de uno mismo; tiene que ver con la renovación de la mente por medio de una transformación. Es ser conformados a la imagen de Cristo lo cual incluye el carácter cristiano y el fruto del Espíritu. Es ese estado de madurez que alcanza el hijo de Dios cuando su conducta, pensamiento y hablar es afectado por el nuevo nacimiento en Cristo y la relación continua con el Espíritu Santo y Su palabra. Aquel que no está en Cristo o no está sometido al Señor, nunca parece saber lo que piensa ni llega a tener convicciones firmes. Sus convicciones tienden a ser las del último predicador que escucharon o el último libro que leyeron, y son presa fácil de cada moda teológica.

Continuará

«Piensa Y Accione»

Nacho

Una Iglesia Firme En Tiempos De Cambios (Segunda Parte)

«Los valores en la sociedad son cambiantes pues cada generación interpreta los principios, las leyes de conducta, las normas de la moral de acuerdo a su tiempo. La iglesia de Jesucristo ha tenido que combatir con aquellos cambios provocados por la sociedad que intentan borrar todo lo que está relacionado con Dios, su Palabra y su servicio» (Primera Parte). En este escrito te presento algunos de esos cambios, enseñanzas y conductas que a través del tiempo se han levantado y han sido una amenaza para la iglesia.

El gnosticismo, como mencioné en el escrito anterior, afirmaba que la salvación se obtenía a través del conocimiento, pero este, decían los precursores de esta enseñanza, estaba inaccesible para muchos; solo algunos lo lograban alcanzar. Otra enseñanza era que el espíritu era bueno por naturaleza y la materia era muy mala. Esto entonces descartaba a Cristo como Salvador pues él era según los cristianos, Dios encarnado.

El panteísmo es aquel pensamiento o enseñanza que afirma que el mundo y Dios son lo mismo. Dios es humano pero a la vez puede ser animal, planta, estrellas o cualquier fuerza de la naturaleza. El ateísmo niega la existencia de lo divino, pero no tiene evidencia ni convicción para su refutación. El querer mezclar las diferentes creencias y religiones, conocido como el panteísmo, fue introducido por Constantino.

El naturalismo dice que no existe nada fuera del orden de la naturaleza material negando así lo sobrenatural. El reduccionismo dice que toda verdad o realidad puede ser reducida al menor conocimiento y despojada de todo juicio de valor. En pleno siglo 22 vivimos en una era postmoderna donde la línea de pensamiento más fuerte es el relativismo. No hay una verdad absoluta pues todos tienen la verdad. Todo se reduce al subjetivismo, el cual lo defino como los espejuelos que las personas utilizan para ver la vida y darle explicación y sentido a nuestra existencia. Entonces tenemos que todos tienen la verdad y todos tienen la razón. La agenda gay con el impulso del matrimonio del mismo sexo y todas sus definiciones de lo que es el género. La familia moderna, el aborto, la eutanasia y cuántas otras más podrían ser agregadas a esta lista.

La iglesia de Jesucristo entiende que nuestra lucha no es carnal sino espiritual y que nuestro enemigo, Satanás, levantará toda clase de pensamientos, conductas, e ideas en las mentes de todos aquellos que son utilizados como sus instrumentos para propagar toda clase de maldad. No nos extraña que ese ataque es continuo, se moderniza a través de los tiempos y peor aún, algunos denominados creyentes, son arrastrados por toda esta gama de maldad. Daniel, Ananías, Misael y Azarías pudieron mantenerse firmes en la corte del rey aunque esto los alejaría de participar de las mejores comidas del palacio (Daniel 1). José no vendió sus principios ante la oferta de la mujer de Potifar (Génesis 39). Cristo decidió no pecar cumpliendo a cabalidad el plan de redención. La Biblia está llena de ejemplos de hombres y mujeres que decidieron mantenerse firmes ante los cambios aunque esto representaba que fueran la burla del mundo.

En el próximo escrito, te menciono cómo mantenerse firmes ante los cambios que afectan nuestra fe y nuestros principios.

«Piensa y Acciona»

Nacho

Una Iglesia Firme En Tiempos De Cambios (Primera Parte)

No podemos negar que la vida se compone de cambios y que sin estos no aprenderíamos a pasar de una etapa a otra. Hay cambios físicos, mentales, estructurales, espirituales, emocionales, sentimentales y tantos otros. En ocasiones los cambios son abruptos e inesperados y nos toman por sorpresa pues estamos acostumbrados a tener el control de las cosas. Pensamos que somos dueños de nuestras vidas, circunstancias y de nuestro porvenir. Para eso contamos con nuestros recursos, planificaciones y/o nuestras capacidades.

Ante los cambios sólo tenemos dos alternativas, aceptarlos o resistirlos. Aceptarlos significa que intentaremos hacer los ajustes necesarios para seguir adelante; resistirlos nos puede llevar a «nadar contra la corriente» dificultándonos el avance necesario para alcanzar nuestras metas y sueños. Hay un «después» del cual nadie puede librarse y tenemos la opción de detenernos o de continuar.

No siempre resistirse a los cambios es negativo y es la mejor opción cuando se trata de preservar principios y valores.

«Le pido a Dios… que sigan creciendo en conocimiento y entendimiento»

Filipenses 1:9b

Los valores en la sociedad son cambiantes pues cada generación interpreta los principios, las leyes de conducta, las normas de la moral de acuerdo a su tiempo. La iglesia de Jesucristo ha tenido que combatir con aquellos cambios provocados por la sociedad que intentan borrar todo lo que está relacionado con Dios, su Palabra y su servicio.

Las iglesias que fueron establecidas registradas en la Santa Escritura, la Biblia, fueron formadas en ciudades que tenían trasfondos paganos, idolátricos y que promovían conductas inmorales. Las ciudades del Asia Menor promovían cultos a la diosa Diana los cuales tenían una fuerte saturación de lascivia, sexo con sacerdotisas; se promovía el culto al emperador; el gnosticismo era una línea fuerte de pensamiento que decía entre otras cosas que la salvación sólo estaba reservada para aquellos que podían alcanzar el conocimiento. Algunas de estas culturas eran feministas donde la mujer ocupaba un lugar superior al hombre; el culto a los dioses era muy promovido. La lista es más amplia, pero tenemos una idea de qué cosas tuvo que enfrentar la iglesia.

Los apóstoles como Pablo, Juan y Pedro; escritores como Judas, y Santiago combatieron con todo este tipo de prácticas e inmoralidades instruyendo a la iglesia a permanecer en la doctrina enseñada por nuestro Señor Jesucristo. La iglesia no se doblegó ante los constantes cambios promovidos por otras religiones, gobernantes y se mantuvo firme.

Los cambios han continuado a través del tiempo y siempre ha sido un reto para la iglesia enfrentarlos, combatirlos y seguir su marcha proclamando el mensaje de salvación.

En nuestro próximo escrito mencionaremos algunos de esos cambios.

«Piensa y Acciona»

Nacho