Cuando miramos y analizamos lo que acontece en nuestro diario vivir concerniente a la familia, juventud, valores y principios, tenemos que volver hacia atrás y estudiar lo que debe ser el matrimonio y lo que dice la sociedad (Tercera Parte).

La identidad de los cónyuges es de vital importancia para una relación matrimonial saludable. El apóstol Pablo dice que los componentes del matrimonio se convertirán en una sola carne (Efesios 5:31). Esto puede compararse con la iglesia primitiva cuando esperaba la promesa del Espíritu Santo, que dice estaban juntos y unánimes (Hechos 2:1), indicando que estaban en el mismo lugar, en la misma armonía y el mismo propósito. No se puede lograr armonía matrimonial si no se está de acuerdo en los proyectos de vida de la pareja. El diálogo y la comunicación los lleva a entenderse, a ponerse de acuerdo, a luchar por lo que quieren, a establecer metas y trabajar juntos para lograrlas. La unidad los lleva a respetarse mutuamente y a darse su lugar. Es entonces cuando son una sola carne, pero esto no puede invalidar el desarrollo y crecimiento individual.
La unidad los llevará a motivarse mutuamente para crecer como individuos que tienen diferentes características, diferentes metas personales, sueños que convertir en realidad y mucho por conquistar. Sabemos que el crecimiento es importante en lo físico, personal, espiritual, mental y emocional.
Cuando dos individuos son iguales, se cancelan y prevalece uno solo. Tomemos por ejemplo la fracción 1/1 es equivalente a 1 porque se cancelan los iguales. Si tomamos 1/2 ya no se pueden cancelar porque son diferentes. Los que contraen matrimonio se convierten en uno pero reconociendo que son dos individuos completamente diferentes.
Siguiendo la enseñanza de Génesis 2:21-25, encontramos que los que se casan están abandonando lo conocido para entrar a un mundo completamente diferente y desconocido. Provenientes de dos familias diferentes, dos diferentes culturas e idiosincracia, y posiblemente, de diferentes congregaciones (hablando de cristianos). Si aplicamos el primer elemento de la unidad y singularidad en el matrimonio, tendremos dos personas que se esforzarán en formar un hogar que no sea una réplica exacta del hogar de sus padres y familia.
Mi madre era una mujer (lo sigue siendo pues aún vive) que cocinaba dos veces en el día y todos los días guisaba habichuelas (frijoles, porotos) para mi padre. Cuando me casé, encontré que mi esposa sólo hacía dos semanas que había aprendido a cocinar y que no hacía habichuelas guisadas. Por lo tanto, me tuve que acostumbrar a la comida de mi esposa y a las habichuelas de lata. ¿Por qué? Porque amaba a mi esposa y no iba a permitir que unas habichuelas guisadas rompieran una relación que apenas comenzaba.
Lo desconocido se convierte en emocionante cuando los cónyuges están dispuestos a formar una relación nueva conociéndose todos los días y en ocasiones, «cediendo los derechos». La forma de manejar las finanzas, los negocios, la crianza de los niños, la congregación a la que asistirán, el trabajo a escoger, y las amistades cercanas, se convertirá en una aventura fascinante.
«Piensa y Acciona»
Nacho
Continuará…