Rompiendo Esquemas-crecimiento cristiano sostenible 4ta parte

Las Escrituras nos presentan la historia de hombres y mujeres que Dios llamó para realizar tareas que trendrían trascendencia eterna. Ahí conocemos su carácter, habilidades y comportamientos desatinados y cómo Dios trabajó en ellos para que fueran personas efectivas en sus encargos divinos. Podemos ver quiénes eran al momento de ser comisionados y quiénes llegaron a ser cuando permitieron que el Espíritu Santo trabajara con su carácter y temperamento.

Simón, es uno de estos personajes. Es mencionado por vez primera en el Evangelio de Juan capítulo uno cuando su hermano Andrés comenzó a seguir a Jesús. Este le hizo la invitación para que conociera al Mesías. Simón respondió a la invitación y fue al encuentro de Jesús. Primero, Jesús le cambia el nombre de Simón a Pedro. Luego el Señor lo llama junto a otros discípulos a que abandonen todo, sigan a Jesús y se conviertan en pescadores de hombres. En espacio de tres años y medio su temperamento y carácter es modificado por Jesús convirtiérdole en un hombre extraordinario preparado para la misión encomendada por el Señor.

Era un hombre impulsivo que hablaba sin hacer un ánalisis y en ocasiones pare ser, que hablaba por los demás. No tenía miedo de encarar aún al Maestro en momentos en que este hablaba de su misión de salvación. Su carácter era cambiable e inestable. Se mostró como una persona determinada y confiada en el encuentro con Jesús en el mar cuando le pide que le permita andar sobre el mar. Por momentos se ve como un soberbio y autosuficiente. A pesar de todo esto y mucho más, Jesús vió en este hombre una joya que necesitaba ser pulida para que llegara a ser pieza clave en la difusión del evangelio de Jesús.

¿Qué verá Jesús en ti a pesar de lo que eres y como eres? Puede que te sientas desanimado y con ganas de rendirte por causa de comportamientos, reacciones y respuestas que le das a las situaciones que te enfrentas. Quieres cambiar y ser una persona de compromiso. Lo intentas una y otra vez pero después de pensar alcanzarlo, resurgen las malas acciones. Hoy quiero decirte, ¡Jesús está en control!

En el próximo escrito retomaremos a Pedro y la obra que Cristo hizo en él.

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Rompiendo Esquemas-crecimiento cristiano sostenible 3era parte

Comportamientos, Reacciones y Respuestas

Los seres humanos descubren e interactuan con el mundo que les rodea como resultado de una educación inicial en sus primeras experiencias. Desde ahí se comienza a construir sus propias estructuras mentales, que representan y a la vez interpretan el entorno que les rodea. En ocasiones se quiere hacer creer que los comportamientos, reacciones y respuestas a los diferentes escenarios que presenta la vida surgen de un vacío. ¡Nada surge del vacío! Las estructuras mentales que se han ido construyendo durante los años son las responsables de esto. Estos escenarios se producen en la casa, en el trabajo, en la escuela, en la vida cristiana, en el ministerio y en todo lugar donde interactuamos con los demás.

Hay una corriente de pensamientos, emociones y pasiones que están activos en una persona, sin que el consciente se dé cuenta; ejercen una influencia sobre su conducta, y muchas veces, hasta engañan”. Los mecanismos de defensa están presentes en todos los seres humanos y ejercen una influencia marcada sobre el comportamiento humano. Son aquellos mecanismos, principalmente inconscientes que los individuos emplean para defenderse de emociones o pensamientos que producirían ansiedad, sentimientos depresivos o una herida en la auto-estima si llegasen a la consciencia.  

Uno de los grandes ámbitos de la psicología es el estudio de la personalidad. Desde ahí los investigadores de la ciencia del comportamiento utilizan conceptos relativamente abstractos para clasificar y describir los patrones de conducta de las personas. Sin embargo, a la hora de buscar maneras de clasificar y describir el estilo de comportamiento y pensamiento de los seres humanos, no solo se ha hablado sobre la personalidad. Hay otro concepto que a lo largo de la historia, también se ha utilizado para intentar captar las particularidades de cada persona. Este concepto se llama temperamento, el cual intenta dar cuenta de esas inclinaciones y tendencias de cada uno que son más fijas, invariables y difíciles de cambiar.

 El temperamento es la manera básica como un individuo se enfrenta y reacciona ante una situación determinada. Se trata de diferencias innatas y reconocibles desde el momento del nacimiento. Es decir, el temperamento es el estilo conductual o la reactividad emocional que manifiesta un niño cuando interactúa con su ambiente.

Responsabilidad Personal

Siempre puedes crear, buscar y encontrar un rango de opciones para determinar cómo reaccionarás a lo que sucede y cómo jugarás con la suerte que te ha tocado.

Si no se es capaz de identificar los factores que hacen reaccionar ante los diferentes escenarios de la vida. Si se permite que las emociones y sentimientos dicten la respuesta a las situaciones cotidianas, y se permite que el niño interior frustrado se manifieste, entonces se vivirá echándole la culpa a la personas y a las experiencias de vida pasada. 

Cada persona enfrenta circunstancias difíciles en la vida. Dios concede talentos, intelecto y habilidades con las cuales enfrentarlas, y da la opción de cómo responder a estas. Él nos da una tremenda libertad y responsabilidad.

Posiblemente el pensamiento de muchos es que al venir a Jesús y se le acepta como Salvador y Señor, todo cambiara drástica y momentáneamente. Pero al pasar el tiempo llega la desilusión cuando se ve que los mismos comportamientos nos acompañan en la vida cristiana. 

Hay que tomar responsabilidad por las acciones y comportamientos, pero a la vez entender que se es el resultado del pasado. Eres el resultado de una serie de acontecimientos. Algunos de estos acontecimientos tienen que ver con tus acciones y otros tienen que ver con tus padres y/o familiares o con el entorno en el cual te desarrollasté.

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Pensando Desde La Fe 

La fe vivida por unos cristianos en un lugar concreto de la tierra, da, ciertamente, identidad y ensanchamiento al corazón de los hombres y hace mirar más allá de las propias fronteras de uno (ReligiónDigital.org, Carlos, Arzobispo de Valencia). 

El mundo en el que vivimos, la sociedad de la que somos parte, tiene, sostiene y promueve valores que constantemente están cambiando. Es por eso que hoy no se piensa lo mismo que el ayer y ciertamente no será lo mismo mañana. Hay una hambre y sed de identidad comunitaria y no de una identidad genuina y única; existe un deseo de identificar a los demás de acuerdo al pensamiento “libre sin restrinciones”. La identidad es fluida y va de acuerdo a qué día de la semana es. 

Los valores nos permiten orientar nuestro comportamiento para realizarnos como personas y nos ayudan a mirar los escenarios de la vida de manera diferente y única a los demás seres humanos. Podemos describer los valores como principios y creencias fundamentals que nos ayudan a preferir, apreciar y elegir unas cosas en lugar de otras, o un comportamiento en lugar de otro (AQ, Ana Caldas). 

El apóstol Pablo cuando escribe la carta a la iglesia en Roma, les dice que no imiten las conductas ni costumbres del mundo, sino que permitan que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar (Rom.12:2). La mente es un componente muy importante y poderoso en el ser humano. Todo lo que es captado por los ojos, escuchado a través de nuestros oídos, percibido por nuestro olfato, tocado por nuestras manos y pies y hablado por nuestra boca, es procesado en nuestra mente e interpretado de acuerdo a esos valores que rigen nuestra vida. Es entonces cuando manifestamos un comportamiento definido. 

¿Qué tal sería si nuestro comportamiento, valores, principios y acciones fueran el resultado de una mente que piensa desde la fe? 

Pensar desde la fe, es tener en mente lo que Dios dice en Su palabra tocante a los asuntos relevantes de la vida que tienen repercusión en lo eterno. Pensar desde la fe es vivir las instrucciones de Dios desde nuestro ser interior. Pensar desde la fe es el resultado de una vida llena del Espíritu Santo que busca glorificar a Dios a través de los pensamientos, acciones y palabras. 

Cuando Jesús le preguntó a sus discípulos quién era él de acuerdo a ellos, ninguno pudo contestar hasta tanto Pedro no recibió revelación del Padre. Pensar desde la fe se convierte en un reto porque aunque no anula nuestras ideas o perspectiva de vida, nos ayuda a canalizar nuestra vida dando como resultado una vida productiva. 

Jesús nos enseñó a pensar desde la fe cuando enseñó el reglamento del reino conocido como el Sermón del Monte. En las bienaventuranzas vemos unos principios establecidos tales como: la justicia, la dependencia de Dios, la humildad, la compasión, la pureza del corazón, la paz y aún la persecusión (Mateo 5). 

Cuando pensamos desde la fe sabemos cuál es nuestra identidad; sabemos el propósito de vida por el cual existimos, aprendemos a depender de Dios más que de nuestras habilidades y conocimientos. Pensar desde la fe es manifestar a Jesús en nuestras vidas de modo que seamos invisibles ante el mundo y revelemos a Dios. 

Pensar desde la fe es aplicar el consejo del apóstol Pablo a la iglesia de Filipos: Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrese en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza (4:8). 

Tenemos ante nosotros un gran reto y es de pensar desde la fe. La iglesia debe ser el status quo del mundo y son ellos quienes deberían unirse a nosotros. Seamos el resultado de personas que han visto a Dios, lo han conocido y han permitido un cambio de naturaleza.  

…todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado! 2 Corintios 5:17 

«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (Ultima Parte) Transición

A través de los escritos anteriores hemos podido ver la transición a la cual Dios nos quiere llevar, desde simples seguidores hasta verdaderos discípulos. Aún en la experiencia de ser discípulos debemos de seguir transicionando a nuevos niveles de gloria.

El profeta Isaías dijo lo siguiente:

Las cosas pasadas se han cumplido, y ahora anuncio cosas nuevas; ¡las anuncio antes que sucedan! Isaías 42:9

Dios tiene la capacidad de revelar el futuro a sus hijos para que anden apercibidos y no sean tomados por sorpresa. El proverbista dijo en el capítulom22 verso 3 que aquel que es prudente puede discernir el peligro y lo evita, pero el que no tiene el discernimiento sufre las consecuencias.

La revelación del Maestro en la vida del discípulo lo lleva a transicionar de gloria en gloria. Esta comienza en el interior pues tiene el propósito primordial de amoldar y atemperar a lo nuevo que se ha de manifestar. Es progresiva en la experiencia del dicípulo pues Dios lo lleva paso a paso. Esa revelación va mucho más allá de una revelación futurística, es una revelación presente, interna y almática.

Es a través de esa revelación donde se aprende la grandeza del servicio la cual consiste en atender las necesidades de otros. Se recibe visión para la necesidad y también se conoce el carácter.

La revelación nos va llevando a efectuar una oración eficaz que no solo consiste en un pedido a Dios, nos muestra la necesidad paternal, la presencia de Dios, las prioridades, la provisión de Dios, el perdón de Dios, el poder sobre Satanás y la participación en lo divino.

Cuando todos estos elementos en la visión van tomando forma en el discípulo, entonces se está preparado para recibir una asignación misional. Lo que el apóstol Pablo le dijo a la iglesia en Éfeso toma vida, es a saber, el discípulo se convierte en un ministro del Señor, en un servidor que entiende que ha sido llamado para perfeccionar a los santos para que puedan efectuar con eficacia el servicio. Impulsa a otros a llegar a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios para que no sean engañados ni movidos y para que crezcan en todo.

El discípulo se convierte en un cristiano efectivo cuando entiende que su meta es llegar a la medida del varón perfecto; a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Hemos sido llamados por Dios para transicionar entendiendo que todo esto se va efectuando diariamente hasta que Cristo venga. ¿En qué etapa estás?

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Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (Quinta Parte) Transición

Los discípulos de Jesús entran en un proceso de aprendizaje permanente para vivir la misma vida que el Maestro vivió (Cuarta parte).

El discipulado es ahora un estilo de vida: pensamientos, vocabulario, acciones y relaciones son completamente diferentes a nuestra vida pasada. Veamos 3 elementos vitales en este nuevo estilo de vida:

Llamamiento 2 Timoteo 1:9; 1 Pedro 1:13-16

La salvación y la santidad son producto del designio de Dios para nosotros y no de una iniciativa humana, por lo tanto, esa iniciativa de Dios debe reflejarse en toda nuestra vida. La santidad es un comportamiento provocado por un corazón arrepentido y es una cualidad fundamental de Dios siendo una virtud indispensable de todo aquel que es discípulo del Señor. Es reflejada en el carácter, en nuestras acciones, en nuestro hablar y en nuestro testimonio.

Esa santidad proviene de una asociación con la presencia de Jehová y es impartida. Donde Dios está, su presencia santifica o juzga. Es impartida donde su presencia es bienvenida y donde es rechazada, inexorablemente trae juicio. La santidad nos lleva de simples seguidores a verdaderos discípulos del Señor,

Crecimiento Filipenses 1:6; Efesios 4:20-22; 1 Pedro 1:4; Colosenses 3:12-17

La iniciativa de Dios en llamarnos es una de gran escala y grandes dimensiones pues consta de un plan determinado aún desde antes de nacer. Su llamado nos lleva a internalizar que su plan es perfecto y que lo que ha dicho que hará ciertamente lo hará. Él tiene el control aunque todo se vea mal o sin aparente salida. De algo puedes estar seguro, lo que él diseñó en la eternidad, ciertamente se cumplirá.

Cuando estamos en esta nueva vida el cambio no es opcional, es manifestado en nuestras vidas por el Espíritu Santo para manifestar la nueva naturaleza y sus virtudes. Estas son: el afecto entrañable, la bondad, la humildad, la amabilidad, la paciencia, la tolerancia y el perdón.

Ese crecimiento que se va efectuando gradualmente producto de la obediencia a Dios nos lleva a la madurez. La Palabra de Dios es aplicada a la vida diaria y como resultado nuestros principios y valores son afectados de manera positiva. El escritor a los Hebreos capítulo 13 verso 21, lo pone de esta manera:

Que él [Dios] los capacite en todo lo bueno para hacer su voluntad. Y que, por medio de Jesucristo, Dios cumpla en nosotros lo que le agrada.

El tercer y último elemento lo consideraremos en el próximo escrito.

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (cuarta Parte) Transición

Dios quiere llevar a los creyentes a una relación más profunda con él, ¡es la del discipulado como estilo de vida!

Un discípulo es un aprendiz que sigue la enseñanza de un maestro procurando entender e incorporar las enseñanzas a su vida diaria. Aquellos doce que Jesús llamó, los convirtió en discípulos. Estuvieron bajo su ministerio durante tres años y medio aproximadamente. Llegaron a parecerse tanto a Jesús, que su hablar, su manera de accionar reflejaba que habían estado con el Maestro. Estos discípulos recibieron la Gran Comisión de parte de Jesús, la cumplieron y hoy, dos mil y un poco más de años, hay más de 2 billones de cristianos en el mundo.

Ser discípulo es más que una relación frívola o lejana es una vivencia que trae sufrimiento, negación y llevar la cruz (Mateo 11:29; Lucas 9:22-25). Quien quiera ser discípulo de Jesús, necesita entender el costo, el sacrificio, y la entrega que debe tener para así ganar a otros para el reino de los cielos.

Un discípulo debe de tener prioridades bien establecidas, debe ser luz del mundo en cualquier ambiente, debe tener el carácter de Cristo, sensible y sometido al Espíritu Santo. También ser gobernado por la autoridad de la Palabra de Dios, vivir moralmente puro, compartir las buenas nuevas de salvación. Alguien que se involucra en la comunidad bíblica, gobernado por el Espíritu Santo y no por lo que tiene y más importante, vive con propósito (Efesios 1:11-12).

Los discípulos de Jesús entran a un proceso de aprendizaje permanente para vivir la misma vida que el Maestro vivió. La vida de Jesús es la perfecta expresión de la voluntad de Dios la cual lleva a un nivel de producción donde desarrollan a otros discípulos que serán mayores que ellos.

Dios le da hombres y mujeres a su iglesia para que capaciten a los santos para:

  1. La obra del servicio- servir es ponerse a la disposición de otros con el propósito de que crezcan en el Señor.
  2. La edificación del cuerpo de Cristo- a medida que los discípulos se reproducen en otros, el cuerpo de Cristo, la iglesia, sigue siendo perfeccionada, afirmada y edificada.
  3. Llegar a la unidad de la fe.
  4. Llegar al conocimiento del Hijo de Dios.
  5. Que no seamos niños inmaduros.

La transición nos ha llevado a ser discípulos del Señor, comenzando con un llamado a seguir a Cristo, tomando una posición firme de creer que Él nos llevará hacia su propósito el cual fue diseñado en la eternidad. En este discipulado el proceso se hará más intenso porque tiene el propósito de llevarnos de gloria en gloria; de hacernos formadores de discípulos y de que seamos fieles retratos del Señor que nos llamó. ¿Qué va a suceder con nosotros y en nosotros de aquí en adelante?

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Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (tercera parte) Transición

Jesús llamó a doce hombres a un proceso de transición que comenzó como seguidores y los llevó hacia discípulos transformados. Aunque los evangelios registran que Jesús les hizo tres llamados: primero los invita a seguirle, segundo dejan todo y tercero los hace apóstoles (segunda parte).

¿Qué es un creyente?

Un creyente es alguien que profesa una fe determinada y con frecuencia se congrega con otros miembros de algún templo perteneciente a una religión en particular.

La iglesia de Corinto en parte estaba compuesta por creyentes. Estos eran conocidos como iglesia de Dios, santificados e invocadores del nombre de Jesús. No les faltaba ningún don y esperaban con ansías la venida del Señor Jesucristo.

¿Cuáles eran algunas de las características de estos creyentes? Esta iglesia tenía divisiones pues unos decían ser de Pablo, de Pedro, de Cristo y de Apolos (1). Eran inmaduros pues había entre ellos celos y contiendas (3). Permitían inmoralidad sexual (5); había pleitos (6), desorden (11), problemas en la Cena del Señor (11), y algunos negaban la resurrección (15).

Podemos presentar el ejemplo de Cornelio narrado en Hechos 10. Este era un hombre que amaba a Dios; junto a su familia adoraban a Dios y daban ofrendas. Era un hombre que oraba y Dios estaba contento con lo que hacía. PERO, le faltaba algo y el Señor a través de un ángel le dio órdenes de que enviara a buscar a Pedro quien le daría instrucciones tocante a la salvación.

La etapa o el proceso de ser creyente es uno que debemos pasar todos los que reciben a Jesús como Señor y Salvador, pero no es el destino final. Dios quiere llevar a los creyentes a una relación más profunda con él.

Cristo nos hace ver que la relación que debemos anhelar va mucho más allá que pronunciar su nombre o decir que le conocemos. En Mateo 7 versos 21 al 23 vemos que al final de los días cuando los hombre se presenten delante de Dios algunos reclamaran que profetizaron en nombre de Dios, expulsaron fuera demonios e hicieron milagros. El Señor les dirá que no fue suficiente, que su relación no era de profundidad con él por lo tanto, no les reconocía. Solo entraran en el reino de los cielos aquellos que verdaderamente hacen la voluntad del Padre.

¡De creyentes pasemos a ser discípulos del Señor!

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«Piensa y Acciona»

Nacho

Seguidores-Creyentes-Discípulos (2nda Parte) Transición

«En nuestra relación con Cristo, lo que nos define no es qué hacemos sino quiénes somos en él» (Primera Parte).

Miremos de cerca cómo nos relacionamos con el Señor y cómo cada relación nos debe llevar a una transición hasta que «lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo» (Efesios 4:13).

La forma de vida del cristiano tiene que estar en armonía con las verdades que profesa creer.

¿Qué es un seguidor?

Es un esclavo del status quo del mundo; carecedor de una visión; no motivador de personas que le rodean con el fin de que mejoren sus vidas. Un seguidor es un simpatizante de una ideología o campaña presentada por un líder. Podríamos decir que ser seguidor es el inicio de todo aquel que se entrega al Señor y que es alcanzado por su amor y misericordia.

¿Qué tipo de seguidor eres tú?

Hay seguidores que muestran baja participación más tienen un alto pensamiento crítico. Se sienten robados y menospreciados porque después de haber realizado un trabajo excelente nadie los ha reconocido. Son capaces de resolver problemas pero no tienen la disposición para hacerlo. A este seguidor le conocemos como el enajenado.

Otros, son altos en participación pero no tienen un pensamiento crítico. Hacen lo que se les manda pero no piensan en las consecuencias. Estos son conformistas. Los seguidores pasivos son aquellos que observan y esperan que sean los demás los que tomen la iniciativa. Los pragmáticos están condicionados por las circunstancias; conocen cómo se hacen las cosas pero están de lejos. Al contrario de estos, tenemos al seguidor efectivo que tiene pensamiento crítico, participa, tiene valor para iniciar cambios y enfrentar conflictos. Es alguien en quien se puede confiar.

¿Qué hacen los seguidores?

Se juntan para eventos, quieren ser partícipes de milagros pero no tienen un compromiso profundo con Dios. No tienen como prioridad las cosas de Dios. Toda diversión, evento, amistad, trabajo los distrae y se cumple lo que Cristo señaló en la parábola del sembrador; unos son ahogados por los afanes del mundo; a otros, el enemigo le arrebata la enseñanza recibida y otros por no tener raíz mueren.

Jesús llamó a doce hombres a un proceso de transición que comenzó como seguidores y los llevó hacia discípulos transformados. Aunque los evangelios registran que Jesús les hizo tres llamados: primero los invita a seguirle, segundo dejan todo y tercero los hace apóstoles.

Si eres un seguidor, estás en la primera parte del llamado. No te desanimes y continúa dejando que el Maestro te moldee a su manera. Ahora, no te acostumbres a ser un seguidor, hay más para ti.

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Nacho

Tentación, Sabiduría y Santidad

¿Cuántas veces nos preguntamos si hacer tal o cual cosa es malo o pecado? ¿No te ha ocurrido que después de decir o hacer algo te quedas con la sensación de que pecaste contra Dios? ¡No hay sensación más fuerte que aquella en la que sentimos culpabilidad y un fuerte palpitar en nuestro corazón después de hacer o no hacer tal cosa!

Algunos piensan que la vida fuera del culto que rendimos a Dios con nuestra comunidad de fe no es de relevancia en lo concerniente a lo espiritualidad y el compromiso con Dios. ¡Cuán equivocados están! Si así no fuera, David no hubiera exclamado «Ten piedad de mi, oh Dios, conforme a tu gran amor… borra mis transgresiones. Lávame de mi maldad» (Salmo 51). La vida de los hijos de Dios no está divida en compartimientos donde se pueda escoger vivir de una manera en el trabajo, en la escuela, en la vida familiar, en el trato hacia los demás y en lo espiritual. El apóstol Pedro citando a Levítico 19 dice lo siguiente: Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: «sean santos, porque yo soy Santo» (1 Pedro 1:15, 16).

No se puede permitir ser moldeados por las persistentes presiones que vienen dentro de la persona; aquellos anhelos que son provocados por un mundo carente de normas absolutas de moralidad (Estudios Bíblicos ELA: Remando contra la corriente).

Cuando nuestro corazón no está alineado a la voluntad de Dios, se convierte en lo más engañoso del ser humano. Nuestras decisiones frente al pecado y a la tentación tiene repercusión eterna. ¡Se nos va la vida!

El escritor Santiago, lo pone de esta manera: «Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios y él se la dará; pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie» (Santiago 1:5). Y, como la Biblia es un libro recurrente, el proverbista dijo lo siguiente al respecto: «No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal» (3:7).

Santiago está escribiendo tocante a la tentación sin negar que todos estamos expuestos a ella.

¿Qué es la tentación? Puede ser definida como aquel acto de los hombres que desafían a Dios para que este muestre su veracidad y justicia. Describe las ideas y hechos inicuos a través de los cuales, los hombres por medio de la duda, desobediencia e incredulidad se oponen a la voluntad revelada de Dios, poniendo a prueba de esta manera sus perfecciones (Tomado de Diccionario de teología, Libros desafío, Everett F. Harrison) Pág. 513, tentación. Otro entendimiento de tentación es circunstancias exteriores que prueban la fe del creyente y que están encaminadas a fortalecer la fe. Debemos entender de que Dios no es el autor de las tentaciones del pecado que algunas pruebas parecen traer consigo. La tentación debe ser vista como una oportunidad de crecimiento y madurez de la fe que hay en todo aquel que sirve a Dios. Según Santiago, vencer la tentación trae como resultado perseverancia y en su resultado final es perfección e integridad sin que falte cosa alguna (1:4). Para que todo esto suceda, Santiago nos dice que la sabiduría en este proceso es muy importante. La palabra que Santiago usa para sabiduría es «Sophia». Esta se refiere al conocimiento de las cosas desde su raíz; es saber cómo responder ante las pruebas y desafíos de la vida cotidiana. Esta sabiduría es manifestada cuando estamos en Cristo y su vida se manifiesta en nosotros a través de nuestras acciones, palabras y pensamientos. Para poder hacer lo que es correcto, debemos tener entendimiento y convicción de lo que Dios quiere en nuestra vida y para nuestra vida. Vivir la vida de Cristo es morir a los deseos mundanos y pecaminosos que solo satisfacen la carne y como resultado trae culpabilidad. La sabiduría que procede de Dios nos lleva al conocimiento y obediencia a la palabra de Dios. Cuando la tentación viene desde la maldad, es presentada como la solución temporera a un asunto interno de deseo. Santiago lo llama concupiscencia que no es otra cosa que un ardiente deseo de algo pecaminoso. El apóstol Pablo nos advierte, «Todo me está permitido, pero no todo es para bien. Todo me está permitido, pero no dejaré que nada me domine» (1 Corintios 6:12).

Cuando nuestros primeros padres, Adán y Eva fueron tentados, el escritor bíblico expresa lo siguiente: La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que era atractivo a la vista y era deseable para adquirir sabiduría;… (Génesis 3:6) Note que la mujer pensó que primero debía de comer del fruto prohibido y luego obtener sabiduría. Este orden es inverso al que Santiago nos dice. Siglos más tarde, el apóstol Juan dijo lo siguiente: Porque nada de lo que hay en el mundo-los malos deseos de la carne, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida-, proviene del Padre, sino del mundo (1 Juan 2:16).

Finalizando el consejo de Santiago, debemos de tener la confianza de pedir a Dios que nos dé la sabiduría necesaria para conocer la raíz espiritual de los asuntos que se nos presentan en nuestro camino. Usemos esa sabiduría para entender todas las artimañas de nuestro enemigo y no estar desprevenidos.

«Piensa y Acciona»

Nacho

Necesitas a Elí (Última Parte)

Cada persona que es comisionada por Dios a un ministerio tiene un trasfondo de experiencias, conocimientos y posiblemente estudios que le ayudarán a realizar con eficacia esa asignación. Moisés salió del cuido de ovejas al igual que David. Este joven ya había enfrentado leones, osos que en un momento querían matar sus ovejas. David tuvo experiencias maravillosas que le llevaron a escribir hermosos salmos.

Samuel, apenas era un niño muy pequeño cuando fue traído por su madre al tabernáculo. Fue muy obediente en las tareas que se le asignaron y estoy seguro que las realizó al pie de la letra. Su madre le dedicó a Dios y le instruyó mientras estuvo con él. Pero, ¿quién le tomó luego y lo instruyó? ¡El anciano Elí!

Elí es el que siempre es presentado como el villano de la película. El hombre descuidado quien permitía a sus hijos hacer lo que bien les parecía. Fue duramente reprendido por Dios y años más tarde, tanto él como sus hijos murieron.

Elí, posiblemente viendo que sus hijos ya grandes le iba hacer difícil enderezarlos, vio en el joven Samuel una esperanza. Tomó muy en serio el capacitar a este jovencito y prepararlo para que fuera su sucesor. Quizás al leer esta parte dirás, “no aparece en la historia bíblica tal cosa como Elí educando a Samuel salvo cuando le dijo la respuesta que le tenía que dar a Dios”.

Elí fue el instructor de Samuel en cuanto al orden, limpieza y tareas en el tabernáculo. Le preparó en cuanto a la diligencia y el trabajo para Dios. Aunque Elí había perdido el contacto y la noción del tiempo, no vaciló en decirle a Samuel que estuviera listo para responder al llamado De Dios. Samuel fue obediente y cuando Dios le llamó por tercera vez, ya estaba listo para escuchar a Dios.

No pierdas de vista que muchos de los hombres de Dios mencionados en las Escrituras tuvieron quienes los dirigieran a manera de mentores preparándoles para sus ministerios.

Necesitamos hombres y mujeres de Dios que tomen la responsabilidad de educar a los más jóvenes para que estén listos para escuchar y conocer la voz de Dios en este tiempo. Un tiempo donde el mundo está ganando ventaja y engañándoles con ideologías y líneas de pensamiento alejadas de lo correcto y bíblico, vamos a levantarnos a mentorear a esta generación.

Aunque Elí falló en su responsabilidad con sus hijos, podemos imitarle en lo que hizo correcto y esto fue tomar al joven Samuel y conducirlo hacia el propósito de Dios.

“Piensa y Acciona”

Nacho