¿Por Qué Me Abandonaste?

¿Alguna vez te has sentido abandonado o abandonada? ¿Qué causó esa sensación? Al reflexionar sobre estas preguntas, el sentimiento de abandono vuelve a apoderarse de ti. Tal vez fue el abandono de tus padres o de uno de ellos; el divorcio inesperado; la traición de un pastor o líder en quien confiabas; los hermanos que te dieron la espalda cuando pecaste y te etiquetaron como hijo del diablo; los amigos que dejaron de hablarte porque no querías participar en sus actividades. La lista puede podría seguir, pero ya entiendes a lo que me refiero.

El abandono deja marcas imborrables en los seres humanos especialmente cuando dependías de esa persona. ¿Qué pasa si quien que te abandono fue la iglesia? ¿Sientes que falló al no hacer lo más importante–amar y tener misericordia–cuande más lo necesitabas? En este escrito, examinaremos detenidamente la parábola del buen samaritano, que se encuentra en Lucas 10:25-37.

En un diálogo sobre cómo heredar la vida eterna, un joven inquieto se acerca a Jesús en busca de orientación. Jesús le plantea dos preguntas cruciales: ¿qué está escrito en la ley? ¿cómo la interpretas? El joven rápido en su respuesta , resume la ley con las palabras que conocemos: amarás al Señor con todo tu corazón, con todo tu ser, con todas tus fuerzas y con toda tu mente y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Jesús le responde, ve y haz esto para que vivas. Al parecer este joven estaba buscando una respuesta de confirmación más específica o quizás una aclaración y le pregunta a Jesús ¿quién es mi prójimo? Veremos cómo el Señor le responde.

En la narración que sigue, se ilustra el abandono por parte de aquellos encargados de proteger y velar por los menos afortunados. Sin embargo, antes de apresurarnos, observemos al personaje en cuestión, quien no está definido por su nacionalidad, posición o estatus. El texto bíblico menciona que descendía de Jerusalén hacia Jericó, lo que nos permite suponer que podría estar regresando de adorar en el templo o de una actividad cotidiana en el mercado. En última instancia, la procedencia del personaje no es relevante para el mensaje central de lo que queremos resaltar.

En la vida, todos seguimos un rumbo hacia un destino que creemos conveniente, eligiendo las rutas que consideramos más adecuadas para alcanzarlo. Sin embargo, no podemos prever los obstáculos que retrasarán nuestra llegada. La parábola ilustra un hombre que, tras ser robado, golpeado y abandonado como muerto, enfrenta una dura realidad: el abandono total. Esta imagen refleja una paradoja de la vida que muchos han experimentado, donde la dignidad, la virginidad, la identidad, los bienes materiales, los sueños, las ideas y las metas son despojados. La sensación de haber sido robado y golpeado es palpable, como lo expresa la frase «me diste un golpe bajo,» que denota acciones malintencionadas destinadas a causar daño y dificultar el logro de nuestros deseos. Estos golpes no solo han dejado a muchas personas irreconocibles, sino que también han apagado la luz en sus ojos, el deseo de vivir y luchar, y han endurecido sus corazones, llevándolos a un estado casi de muerte en vida.

En ese estado casi de muerte en vida, aún mantenemos la esperanza de que en nuestro camino aparecerán personas capaces de ayudarnos a salir del abandono. Estas personas se identifican por su nivel de vida, sus proyecciones, su trayectoria, su posición y otros aspectos relevantes. La incertidumbre persiste: ¿nos decepcionarán o, por el contrario, nos brindarán la ayuda que necesitamos para recuperarnos?

No te pierdas la segunda parte de este escrito…

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Entiendes lo que lees?

¿Alguna vez has tenido que leer un libro, documento, mensaje o alguna otra cosa que requiere comprensión más de una vez? A todos nos ha pasado que la primera vez no entendimos el mensaje o dudamos del contenido y eso nos llevó a una segunda o tercera lectura. ¿Sabes? Dios quiere que entendamos Su Palabra y la interpretemos correctamente.

Un personaje importante le preguntó a Jesús qué cosas podía hacer para heredar la vida eterna (Lucas 10:25-37). Este era un escriba quien era parte del grupo que se dedicaba a interpretar la ley. Esta interpretación salía en parte del consejo y sabiduría de los ancianos del pueblo y también de las discusiones de la ley de parte de los rabínos. Se recurría a esa sabiduría que se iba adquiriendo a través de las experiencias de vida y al conocimiento de la ley dada por Moisés. Todo esto luego fue recogido y plasmado en lo que se conoce como el Talmud.

Un escriba debía de tener el mensaje claro y no tener tal interrogante. Una de dos cosas puede ser posible aquí: tenía una respuesta que le daba seguridad y buscaba una afirmación ó no había entendido el mensaje la primera vez. Hay dos preguntas que Jesús le hace a este escriba: ¿qué está escrito en la ley? ¿cómo lees? Jesús no está interesado en lo que dice sino en cómo el escriba la interpretaba. La lectura junto con la interpretación modifica la conducta del individuo y es allí donde Jesús quiere llegar.

El pensamiento judío concerniente a la salvación se concentraba en qué acciones garantizaban la vida eterna. Jesús le pregunta a este personaje si conocía la ley a lo que rápido contestó que sí. Pero, Jesús lo redirige de la lectura a la interpretación. Jesús le dice «ve y haz lo que dice la ley». Aquí el escriba se quiere pasar de listo–así decían en mi barrio. Y, ¿quién es mi prójimo? Él tenía un concepto de quién era su prójimo. Solo estaba buscando aprobación de Jesús. Para él, su prójimo eran aquellos iguales a él; que podían devolver un favor hecho. Los enfermos, niños, mujeres, vagabundos y mucho menos los samaritanos eran excluidos de ese grupo de privilegio.

Jesús pasa a narrar una parábola que conocemos como la del buen samaritano. ¿Quién es el personaje principal? Alguien odiado por los escribas, ¡los samaritanos! Jesús quería que este escriba entendiera el mensaje y el corazón de Dios. No se trata de conocer lo que se lee, se trata de una buena interpretación.

La Palabra de Dios está al alcance de todos nosotros y necesitamos leerla, pero más que todo darle una buena interpretación que sea práctica. Los fariseos no creían en Jesús, pero entendían que el escudriñar las Escrituras los conducía a la salvación. Jesús le dice «ellas son las que dan testimonio de mi». Es imposible creen en la Biblia y no creer en Jesús. El diácono Felipe le preguntó al etíope– que iba leyendo las Escrituras– si entendía lo que estaba leyendo a lo que este le respondió, «no hay quien me la explique» (Hechos 8:26-38).

Una interpretación correcta de lo que Dios nos está diciendo nos lleva a realizar su voluntad la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). ¿Estás entendiendo lo que Dios te ha hablado? ¿Cómo lo estás interpretando? Permite al Espíritu Santo que moldee tu manera de pensar, tu manera de ver las cosas y tu interpretación de las mismas. Una buena interpretación nos lleva a una mejor conducta y nos ayuda a practicar la justicia.

¡Piensa y Acciona!

Nacho