Conectando el Cielo con la Tierra

«Y pondré odio entre tú y la mujer y entre tu simiente y su simiente. Ella te pisoteará la cabeza y tú le herirás la planta del pie» (Génesis 3:15 La Biblia Hebreo-Español).

«Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos (Gálatas 4:4,5 RVA 2020).

La navidad es una época que nos recuerda el nacimiento de Jesús en la ciudad de Belén, en un pesebre. Aunque la evidencia histórica sugiere que este evento ocurrió en el mes de septiembre, el mundo cristiano lo celebra el 25 de diciembre. Esta fecha no fue elegida al azar: coincide con una celebración pagana muy significativa en la antigüedad, el culto al «Sol Invictus», una deidad adorada por muchos como símbolo de luz y victoria sobre las tinieblas.

En los primeros siglos de la iglesia, los cristianos enfrentaron la presión de participar en estas festividades paganas. Sin embargo, en lugar de rendir culto a falsos dioses, optaron por dar un nuevo significado a esta fecha. Así, proclamaron a Jesús como la «Luz verdadera» y el «Sol de Justicia», transformando el 25 de diciembre en una celebración cristiana que exaltaba el nacimiento de Cristo como la verdadera esperanza para la humanidad, en contraste con las creencias paganas.

De esta manera, la Navidad no solo marca el nacimiento de Jesús, sino que también refleja la victoria del Evangelio al iluminar un mundo lleno de oscuridad

Cuando el hombre pecó en el huerto del Edén, perdió su dignidad, su lugar y su comunión con Dios quedó rota. A simple vista, parecía que el plan de Dios había fracasado, como si el enemigo hubiese tenido la última palabra. Sin embargo, nada tomó a Dios por sorpresa. Desde antes de la creación del mundo, Él ya tenía un plan perfecto de salvación y restauración para la humanidad.

Ese plan culminaría siglos después con el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios, quien vino al mundo para reconectar el cielo con la tierra. En Cristo, Dios ofreció al hombre la oportunidad de recuperar lo perdido: dignidad, propósito y una comunión plena con su Creador. Así, lo que parecía una derrota inicial se convirtió en la mayor manifestación de la gracia y el amor divinos.

La mujer, seducida por la serpiente, decidió tomar del fruto del árbol del cual Dios había prohibido comer, y luego lo compartió con su marido. En ese momento, el pecado hizo su entrada en el mundo, alterando el orden perfecto establecido por Dios. La desobediencia de Adán y Eva marcó el inicio de una separación espiritual entre la humanidad y su Creador, y desde entonces, todos los hombres han heredado una naturaleza pecadora y están bajo condena delante de Dios.

En el Edén, cada uno de los involucrados recibió palabras de juicio divino. Sin embargo, en medio de este juicio, Dios pronunció una promesa de redención. A la mujer le fue dada la esperanza de que su simiente aplastaría la cabeza de la serpiente, señalando así el futuro triunfo sobre el pecado y el enemigo (Génesis 3:15). Esta promesa, conocida como el protoevangelio, fue la primera proclamación de la redención que vendría a través de un Salvador.

Siglos después, Dios renovó esta promesa a Abraham, el patriarca de la fe. A través de él, Dios declaró: «y serán benditas en ti todas las familias de la tierra» (Génesis 12:3b). Aunque esta bendición abarcaba a sus descendientes físicos, el apóstol Pablo, en su carta a los Gálatas, revela que la promesa se refería específicamente a Cristo, la simiente prometida. En Gálatas 4:4, Pablo escribe: «Pero cuando se cumplió el tiempo señalado, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley».

Aquí, la conexión es clara: la simiente prometida en el Edén, la simiente bendita de Abraham, y el Hijo de Dios nacido de mujer, es Cristo. Él es el cumplimiento de todas las promesas divinas, el Redentor que vino a vencer el pecado y reconciliar a la humanidad con Dios. Desde el principio, el plan de Dios no solo incluyó el juicio por el pecado, sino también la gracia de la redención, manifestada plenamente en la persona de Jesús.

La navidad nos recuerda el milagro más grande de la historia: Jesús, siendo Dios, se hizo hombre y vivió entre nosotros. En su humanidad, conoció el dolor, experimentó las necesidades básicas de la vida y enfrentó el rechazo de la sociedad. Sin embargo, nada de esto detuvo el cumplimiento del plan redentor de Dios.

Jesús nació en Belén, un lugar humilde, pero con un propósito eterno: establecer la conexión entre el cielo y la tierra, reconciliando a la humanidad con su Creador. Su nacimiento marcó el inicio de la salvación para todos aquellos que creen en Él.

Esta Navidad, celebra a Jesús de la mejor manera posible. Anuncia al mundo la buena noticia de su nacimiento e invita a otros a recibirle como su Señor y Salvador. Él es la razón de esta celebración y el regalo más precioso que la humanidad ha recibido.

«Piensa y Acciona»

Nacho

El Evangelio en Movimiento: Sal, Conecta y Transforma

Las ideas, los planes de trabajo, los esquemas , las lluvias de ideas, por muy prometedoras que sean, carecen de utilidad si no llegan a concretarse. El joven que está locamente enamorado de la joven pero nunca se lo comunica; el inventor que solo guarda sus ideas en la mente sin materializarlas; o el empresario que escribe propuestas revolucionarias para su empresa pero no las ejecuta, todas tienen algo en común: si no actúan, sus sueños solo serán eso, ideas, pensamientos o ilusiones.

El plan de Dios para la humanidad fue claramente presentado por Cristo Jesús a sus discípulos antes de ascender a los cielos: «Id por el mundo, predicar el evangelio y hacer discípulos» (Marcos 16:15; Mateo 28:19). Este mandato no fue solo una instrucción, sino una continuación de lo que Él mismo modeló durante su tiempo en la tierra. Jesús vivió entre los hombres, entregándose por completo a aquellos que vino a ministrar. Salió al encuentro de las necesidades, se compadeció de los quebrantados, sanó a los enfermos, liberó a los oprimidos y, a través de sus palabras y acciones, se presentó como el Hijo de Dios, enviado para salvar al hombre. Su vida fue el ejemplo perfecto de un evangelio en movimiento.

Primeramente, para que el evangelio de Jesús esté en movimiento, los creyentes tienen que salir. Este mandato es más que una invitación, es un llamado a dejar atrás la comodidad y la pasividad para cumplir con la misión encomendada por Cristo. Sin embargo, desde la pandemia del 2020, se ha visto un cambio significativo en cómo muchos abordan esta tarea. Son numerosos los que prefieren vivir el evangelio desde la comodidad de su hogar, sin tener que salir a compartir las Buenas Nuevas cara a cara. No se trata de una falta de deseo por la salvación de otros, sino una tendencia a pretender impactar al mundo desde la sala o el comedor, confiando en medios digitales o interacciones mínimas.

Si bien estas herramientas tienen su lugar y han demostrado ser útiles, nunca podrán reemplazar el poder transformador del contacto directo. Esto lleva al segundo punto: ¡Conectar!. Conectar no es solo un acto físico; es un movimiento intencional de hacia las necesidades del prójimo, un paso de amor y compasión que refleja obediencia al mandato de Jesús. En una sociedad que promueve un culto egocéntrico, centrado únicamente en el ‘yo’, y en una generación acostumbrada a exponerse constantemente y a buscar atención a través de redes y plataformas digitales, este comportamiento no es más que un grito silencioso de desesperación, un anhelo profundo por una conexión genuina con los demás.

El evangelio en movimiento no solo nos llama a salir, sino también a tender puentes que trasciendan la superficialidad de la cultura. Es una invitación a ofrecer relaciones significativas, donde las personas puedan encontrar esperanza, sanidad y el amor transformador de Cristo.

Y así llegamos al tercer punto: Transformación. El evangelio son las buenas noticias de que Dios envió a su Hijo, Jesús, no solo a encarnarse y vivir entre los hombres, sino también a reconciliar al hombre con Dios a través de su sacrificio en la cruz. El evangelista Lucas resume esta misión con claridad al declarar: «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).

Esta reconciliación no es solo un concepto teológico; es una experiencia real que transforma vidas. Todo aquel que recibe a Jesús en su corazón experimenta el poder transformador de Dios. Su vida toma un rumbo diferente, tal como lo afirma la Escritura: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas» (2 Co 5:17).

El Evangelio en Movimiento: Sal, Conecta y Transforma. No te quedes inactivo. Vive el evangelio con pasión y propósito, llevando las Buenas Nuevas a cada rincón. Sal de tu zona de confort, conecta con las necesidades de los demás y permite que el poder transformador de Dios fluya a través de ti. ¡Haz que otros conozcan a Jesús y reciban la salvación!

«Piensa y Acciona»

Nacho

¡Estás en el lugar equivocado! (última parte)

¡Este no es mi lugar! reflexionó el hijo pródigo. En la casa de su padre, tenía todo lo que necesitaba: abrigo, cama, alimentos y sobre todo, el amor de su padre. Ahora, no tenía nada. Desesperado, buscaba a alguien que lo contratara para conseguir siquiera un bocado de alimento. Este joven representa a quienes, en momentos cruciales , deciden abandonar el lugar donde lo tenían todo pero no supieron valorarlo, pues su mirada estaba puesta en aquello que creían alcanzar en otros lugares.

Al tocar fondo, el hijo pródigo comenzó a ver con claridad lo que antes no valoraba: la estabilidad, el amor y el cuidado que siempre tuvo en casa. Su necesidad lo llevó a comprender que lo que había despreciado en su afán por experimentar algo «mejor» era, en realidad, lo más valioso. Fue entonces cuando, arrepentido y con el corazón humillado, decidió regresar a su hogar, reconociendo que había desperdiciado una vida plena por perseguir ilusiones pasajeras.

¿Qué hará falta para que comprendas que lo que tienes no es lo que realmente buscabas? ¿Cuánto tiempo más hasta reconocer que has tocado fondo? Dentro de ti, esa voz clama por ayuda y te susurra: «Regresa». El hijo pródigo no solo pensó en volver a casa, ideó un plan y eligió cuidadosamente las palabras para dirigirse a su padre. Su único deseo era ser recibido, aunque fuera como un sirviente, pues sabía que ni siquiera merecía el lugar de hijo.

Hoy quizá te sientes avergonzado, cabizbajo y triste, no solo porque estás en el lugar equivocado, sino porque antes de marcharte, ignoraste el consejo de quienes te amaban. Creías que el lugar en el que estabas te limitaba, que las personas allí frenaban tus deseos de superación y que el calor de ese hogar te asfixiaba. Decidiste irte y comenzar una nueva vida. Lo intentaste, viste la vida desde otra perspectiva, pero descubriste que aquello que tanto anhelabas no es lo que realmente te conecta con el propósito de vida para el cual Dios te creó.

La duda y la ansiedad sobre cómo serás recibido te invaden, y la preocupación sofoca tu ánimo. Sin embargo, el hijo pródigo, a pesar de su temor, emprendió su regreso sin imaginar que su padre ya lo esperaba. Fue recibido con un abrazo y un beso, y su padre organizó una gran fiesta, devolviéndole el lugar de honor que había perdido.

Tal vez, el regreso que necesitas no sea un lugar físico. Quizá se trate de restaurar una relación que se quebró por falta de comprensión o de reencontrarte con Dios. Tal vez pensaste que cambiar ciertas cosas te traerían felicidad, pero has descubierto que no es así. Cualquiera que sea tu situación, hay una solución. Dios te ama tal como eres, y nunca te rechazará. Él está esperando en el mismo lugar donde lo dejaste. Hoy, levántate y vuelve a ese lugar; tu Padre te espera con los brazos abiertos.

«Piensa y Acciona»

Nacho

¡Estás en el lugar equivocado! (segunda parte)

Estar en el lugar equivocado desata un caos interno: la mente se desvía, las emociones se desbordan y, aunque físicamente estás presente, mentalmente estás a kilómetros de distancia. La sensación de vacío, soledad, inconformidad y desaliento se intensifica tanto que terminas tomando la decisión de abandonar lo que percibes como el lugar equivocado.

Encontrar sentido en lo que se hace, reflexionar sobre cómo alcanzar los sueños y visión de vida, y evaluar las oportunidades de progreso son elementos clave para obtener una perspectiva clara de lo que se quiere lograr y cómo hacerlo. Sin embargo, este análisis, aunque valioso, a veces puede estar equivocado y generar sentimientos de pertenencia o falta de ella en el lugar donde se encuentra la persona. Es en ese punto donde surge la duda: ¿estás realmente en el lugar correcto para alcanzar el potencial de vida que anhelas?

Este joven, conocido como el hijo pródigo, estaba considerando dejar su hogar en busca de lo que creía ser el lugar correcto. Su visión de vida no coincidía con la de su padre; no quería estar bajo control ni tener que rendir cuentas cada día a su padre. Se sentía como un ave enjaulada, incapaz de volar libremente. Si deseaba alcanzar sus sueños, ilusiones y la libertad que anhelaba, sabía que debía irse, y cuanto antes, mejor.

Quizá sientas que matrimonio no es lo que esperabas, que tu trabajo no cumple con tus expectativas, que tu familia está en crisis, y que tu relación con Dios se ha enfriado. Has llegado a ese punto crítico donde dentro de ti te grita que estás en el lugar equivocado, y la tentación de abandonarlo todo es abrumadora: romper con tu pareja, renunciar al trabajo, alejarte de tu familia y darle la espalda a Dios. Y pensar que, en su momento, creíste que tu pareja era la persona ideal para compartir tu vida, te preparaste con esmero para tener el trabajo de tus sueños, planificaste una familia unida y llena de amor , y dejaste atrás el pecado para acercarte a Dios. Pero ahora todo parece desmoronarse a tu alrededor, y no ves una salida. ¡Qué desesperante es sentir que has llegado al lugar equivocado!

Atrapado en un mundo desconocido, hostil y traumático, el hijo pródigo volvió a sentir que estaba en el lugar equivocado. Lo que antes consideraba como ataduras y control por parte de su padre, ahora lo veía como lo mejor, y la casa de su padre como el lugar correcto. ¡Que infeliz se sentía! ¿Cómo pudo llegar a pensar que estaba en el lugar equivocado? ¿Sabes cuál es realmente el lugar equivocado? Es ese escenario, relación, profesión o visión de vida que te atrapa y te aleja del propósito para el cual Dios te creó.

Continuará…

«Piensa y Acciona»

Nacho

¡Estás en el lugar equivocado!

Sentir que estás en el lugar equivocado puede ser profundamente desalentador. Rodearte de personas que no valoran tu presencia, trabajar en un entorno donde no te sientes cómodo, elegir una carrera que no te apasiona o relacionarte con quienes no comparten tus intereses, puede ser emocional y mentalmente agotador. Cuando no estás donde realmente perteneces, es difícil que tu corazón encuentre paz.

La Biblia nos narra una parábola sobre un hombre que tenía dos hijos. Este hombre era próspero, poseía muchas tierras que producían abundantemente y contaba con numerosos trabajadores a su disposición. Vivía de manera acomodada junto a sus hijos, lo que podría llevar a pensar en ese hogar no faltaba nada. Sin embargo, el hijo menor, rodeado de comodidades materiales, experimentaba carencias emocionales y anhelaba una vida distinta. En su percepción, ¡él estaba en el lugar equivocado!

El hijo menor finalmente convenció a su padre de entregarle la parte de la herencia que le correspondía, y sin pensarlo mucho, se marchó de su hogar. Al alejarse, sintió una inmensa sensación de libertad y alivio. Estaba convencido de que el mundo más allá de su hogar era el lugar adecuado para él. Ahora podía disfrutar de una vida sin la mirada vigilante de su padre, hacer lo que quisiera sin restricciones, rodearse de amigos, disfrutar de placeres y no rendir cuentas a nadie. Esa era la vida que siempre había soñado, y al fin la estaba viviendo a su manera.

Este joven decidió irse lejos de su hogar porque no quería estar cerca de quienes lo conocían; deseaba comenzar una vida nueva en la que pudiera encontrar satisfacción. Aunque en su casa no le faltaba nada material, su anhelo de independencia lo hacía sentir incómodo. Buscaba estar en lugares donde lo apreciaran y reconocieran su verdadero valor. Son muchas las personas que comparten este sentimiento y , motivadas por el deseo de algo diferente, deciden abandonar lo conocido para aventurarse en un mundo desconocido, pero a sus ojos, lleno de promesas y fascinación.

Pronto, personas interesadas comenzaron a rodearlo; las mujeres llegaban sin demora, y las bebidas nunca faltaban. Era como vivir un sueño hecho realidad. ¡Estas eran precisamente las cosas que había deseado cuando vivía con su padre! Ahora que podía disfrutar de esa libertad sin restricciones, sintiéndose dueño de su vida, ¿quién podría detenerlo? Todo aquello que había anhelado parecía estar al alcance de su mano.

La perspectiva de lo que realmente es importante puede verse distorsionada por pensamientos ilusorios que no consideran lo desconocido. Estos pensamientos suelen ignorar no las desilusiones que inevitablemente surgen, así como la falta de sinceridad en quienes rodean a la persona. Sumergirse en la creencia de estar atrapado en un mundo lleno de barreras puede llevar a un profundo muy desencanto. La realidad, lejos de cumplir con las expectativas idealizadas, suele mostrar que lo que parecía ser libertador y perfecto puede estar lleno de vacíos y decepciones.

Este joven abandonó no solo dejó atrás su hogar, sino también a su padre y los valores que realzaban su belleza interior. Se convenció de que era capaz de gestionar no solo su vida, sino también sus pertenencias. Sin embargo, sentirse fuera de lugar no debería ser motivo suficiente para tomar decisiones permanentes en un entorno en constante cambio.

Esto continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho

Una Fe Sencilla

¡Que frustrante es intentar ensamblar un escritorio que, a simple vista, parece sencillo pero se convierte en una odisea! Aún peor es terminar y descubrir que han sobrado piezas. Entonces hay que desarmarlo, leer las instrucciones con atención y tomarse el tiempo necesario para hacerlo correctamente. Esta complicación no es culpa del fabricante, sino de no seguir las indicaciones adecuadamente.

De manera similar, la fe que define al hijo de Dios, no es complicada en esencia; son los hombres quienes la han enredado con distintivos innecesarios y complejidades.

Judas, el escritor bíblico, escribe la siguiente: «Pero ustedes, mis amados, edifíquense a sí mismos practicando una fe de identidad, conectados con el Espíritu Santo […]» (verso 20 TCB). «Esta fe se fundamenta en el conocimiento de Dios por medio de Cristo Jesús, conocimiento que va a regir la vida y el carácter de la persona, y ésta va adquiriendo la identidad de Dios por medio de Cristo» (Yattenciy Bonilla, Diccionario Griego-Español).

A lo largo de los siglos, la fe que define nuestra identidad ha sido atacada y, en consecuencia, ha perdido su originalidad, diluyéndose en aguas turbias. Tras el tercer sigo de nuestra era, la iglesia se vio cada vez más absorbida por la búsqueda de poder y esplendor, lo que resultó en la pérdida de su autoridad espiritual. Siglos después, Martin Lutero advirtió que los fundamentos bíblicos de la fe habían sido erosionados, reemplazados por capas de traición, superstición y razón.

Durante la Era de Iluminación, la fe de identidad fue relegada a un segundo plano, cediendo su lugar a la razón como principal fuente de iluminación. Con el advenimiento del modernismo, se comenzó a priorizar los logros personales, metas, deseos y pensamientos del individuo, elevando el «Yo» por encima de la fe de identidad. Posteriormente, el postmodernismo desechó tanto la fe de identidad como la noción de verdad absoluta, dando cabida a un relativismo que permitía todo tipo de comportamientos, evaluados únicamente por quien los cometía, cada uno determinando su propia verdad.

La fe sencilla que define una relación con Dios a través de Cristo no admite ninguna forma de alteración. Se fundamenta en vivir una vida apartada del pecado, abrazando principios y valores morales bíblicos que reflejan a Jesús. No debe estar influenciada por el status quo de nuestra época, que promueve un libertinaje desenfrenado. Esta fe sencilla permite al cristiano confiar en Dios, sustentándose en lo que Su palabra promete: Su poder, Su presencia y la certeza de que sostiene a sus hijos en tiempos de adversidad, enfrentando perspectivas e ideologías que desvían a la humanidad de Su modelo ético bíblico.

La fe sencilla brinda seguridad al cristiano, incluso cuando no obtiene respuestas a sus peticiones, ya que se aferra a las maravillas que Dios ha realizado en el pasado. Esta fe genera en la vida del hijo de Dios una declaración de victoria en medio de las dificultades, una fortaleza en las pruebas, una esperanza inquebrantable frente al caos y un ancla firme en medio de las tormentas más violentas.

¿Por qué complicar esta fe?

«Piensa y Acciona»

Nacho

Disfruta El Café

¿En serio que no te gusta el café? ¡Parece que el cielo solo recibirá a quienes beben y disfrutan de esta maravillosa bebida! Aunque esto no es literalmente cierto, ciertamente resalta la pasión que muchos sienten por el café. Esta bebida, originaria de las mesetas etíopes, es una de las más apreciadas en todo el mundo. Hoy en día, se cultiva y exporta desde muchos países tropicales en África, Asia, y América Latina. La riqueza de su sabor y su aroma ha conquistado paladares globales, haciéndo el café una verdadera joya en el mundo de las bebidas. He aquí algunos datos acerca del café:

  1. El grano de café es la segunda mercancíamás comercializada en el mundo- 150 millones de sacos al año–sacos de 60 kilos= 132.277 libras.
  2. Más de 25 millones de agricultores en el mundo se dedican a su cultivo- 25 millones de personas viven directamente del cultivo, pero unos 100 millones participan en el sector agrícola.
  3. América Latina representa el 70% de la producción mundial.
  4. Después del agua, el café es la segunda bebida más consumida.

Muchas personas prefieren su café por la mañana para empezar el día con energía, mientras otras lo disfrutan a lo largo del día, o incluso durante todo el día. Beber café no solo es cuestión de gusto, sino también de experiencia. Es sinónimo de complacencia, paz, tranquilidad, momento de relajación y buen estado de ánimo. Disfrutar del café puede ser una metafóra de esos instantes agradables en la vida que brindan paz al alma. Para quienes aprecian esta bebida, lo último que desean es terminarlo rápido. Hoy, estás invitado a tomarte tu tiempo y disfrutar de tu café plenamente.

Las exigencias de la vida, las agendas apretadas, el cuidado de la familia , el mantenimiento del matrimonio, la educación de los hijos y muchas otras responsabilidades pueden generar estrés y dificultar el pleno disfrute de la vida. Para enfrentar todas estas demandas con fortaleza, es crucial contar con una vida de oración, considerar la palabra de Dios como fuente de sabiduría y el meditar en ella como recursos esenciales. A pesar de tener una agenda cargada en su ministerio–enseñar, sanar, confortar a los afligidos–, Jesús encontraba momentos para recargar energías y seguir adelante (Marcos 1:35; Lucas 5:15, 16).

La palabra de Dios advierte sobre cómo el afán puede apoderarse de las personas y robarles la capacidad de disfrutar la vida, ya que están constantemente preocupados por un futuro que aún no ha llegado. Como se menciona en las Escrituras: «Así que, no se afanen por el día de mañana , porque el día de mañana traerá su propio afán» (Mateo 6:34). Esta enseñanza recuerda la importancia de vivir en el presente y no permitir que las preocupaciones por el futuro impidan el disfrutar el momento actual.

Disfruta de tu café con tranquilidad, confiando en la promesa de Dios de que nada ni nadie podrá arrebatarte la paz que experimentas hoy. Incluso en en los momentos más difíciles de la vida, la paz de Dios continuará envolviendo tu vida y dándote consuelo y fortaleza. Permítete saborear tu café, sabiendo que su paz te acompará siempre (Filipenses 4:9, 19).

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Por Qué Me Abandonaste? última parte

¡Un samaritano en el camino de Jerusalén a Jericó! En la parábola del buen samaritano, Jesús revela al intéprete de la Ley que el verdadero prójimo es aquel que trasciende los estereotipos y estigmas puestos por la sociedad. Este prójimo se dedica a ayudar a los demás empleando su tiempo y recursos para asistir a quienes más lo necesitan. Los personajes anteriores en la parábola pasaron de largo, ignorando el dolor y sufrimiento del hombre herido. En contraste, un samaritano a pesar de las barreras impuestas por la sociedad, se detuvo para evaluar la situación, actuó con compasión y brindo ayuda. Curó sus heridas y le llevó a un lugar donde recibiría el cuidado necesario hasta tanto estuviera recuperado.

Este samaritano entendía por experiencia lo que significaba ser abandonado pues él y su gente estaban cargando con el peso de los pecados de generaciones pasadas de la nación de Israel. La desobediencia de la nación había llevado a su derrota y a la entrega de su territorio a extranjeros, quienes se mezclaron con los judíos y ahora eran señalados como personas no deseadas y alejadas de la salvación ofrecida a los judíos. Estas circunstancias aunque adversas no detuvieron a este hombre a brindar ayuda no midiendo el resultado que podía obtener.

El pensamiento posmoderno que prevalece en la sociedad actual impulsa a las personas a valorar a los demás según criterios de medición social. En este contexto, la amistad, el compromiso, el compañerismo y los actos bondadosos se reservan para quienes se ajustan a este pensamiento. La cultura del valor social se centra en posesiones, popularidad y en aquellos que son marionetas del status quo. Este tipo de comportamiento es de esperarse por aquellos que no tienen a Dios en su noticia, es motivo de alarma cuando incluso la iglesia adopta esta cultura.

Este hombre, que yace al borde la muerte, representa a aquellos que se acercan a Jesús después de haber sido marcados por el pecado y la maldad, habiendo salido de una vida de esclavitud. El pecado les ha arrebatado la felicidad, ha roto sus relaciones, y ha dejado cicatrices en sus cuerpos debido a una vida entregada al placer y los vicios. Sin embargo, Jesús se presenta en medio de su situación, les ofrece perdón,y les da una nueva naturaleza. Así, comienza un proceso de transformación y renovación.

El samaritano que encontramos en la parábola es una viva representación del ministerio de la iglesia hacia aquellos que son rescatados por Dios. Este ministerio no se detiene en el pasado de las personas que recibieron heridas causadas por el pecado y los errores cometidos; en cambio se basa en el proceso de restauración que Dios ha comenzado en sus vidas. El samaritano aunque prometió regresar, el tiempo en que estuvo ausente, fue cubierto por otros. Ocurre de igual forma en el contexto de la familia de la fe; todos están comprometidos en el hermoso proceso de restauración.

El ministerio de la iglesia, guiado por el Espíritu Santo, se manifiesta a través de las herramientas proporcionadas por Dios: el vino y el aceite. Estos elementos representan curación, deleite, gozo, sanidad y restauración. Algunos individuos requieren un cuidado breve, mientras que otros necesitan un apoyo prolongado y atento. En todos los casos, lo esencial es ofrecer sanidad y restauración con el amor y la gracia que Dios nos ha dado.

¿Por Qué Me Abandonaste? 4ta parte

En momentos de adversidad, como un accidente automovilístico en el que tres personas mueren y una sobrevive, o cuando un tornado arrasa con la mayoría de las casas en un barrio mientras otras permanecen intactas, o se suscita un incendio en el edificio y la mayoría de las unidades sufren averías mientras algunas no, es natural cuestionarse el por qué de las dificultades y el azar que marcan nuestras vidas. Nos preguntamos: ¿por qué me tuvo que pasar a mi? ¿Por qué siempre me ocurren situaciones díficiles?

Estas preguntas surgen cuando nos enfrentamos a eventos inesperados y dramáticos. Tomemos esta parábola del buen samaritano, donde el sacerdote y el levita, a pesar de su cercanía al peligro, no sufren daño, mientras que el hombre que fue asaltado queda en una situación crítica. ¿Cuántas personas estaban en el camino de Jerusalén a Jericó? ¿Por qué algunos parecen ser más protegidos o afortunados que otros?

Es fácil ofrecer consuelo con frases tales como «todo es parte del plan de Dios para tu vida» o «para los que aman a Dios todas las cosas obran para bien». Aunque estas palabras tienen gran sentido bíblico, en el momento difícil, su significado puede parecer lejano y difícil de comprender.

Imaginemos la vida del hombre asaltado: su existencia cambió en un instante. Estaba al borde de la muerte, quizás con la visión de un futuro halagador desveneciéndose mientras esperaba su último suspiro de vida. Al escuchar pasos que se acercaban, su mente temía lo peor, imaginando que los ladrones habían regresado para acabar con él o que nadie se atrevería a ayudarle por el peligro que implicaba. Sin embargo, de repente, escuchór una voz que le preguntaba: «¿Qué te sucedió? ¿Cuánto tiempo llevas aquí?». En ese momento, la esperanza renació y la vida volvió a su cuerpo, pero la voz parecía de un extranjero o la de un samaritano. A medida que este personaje hacía más preguntas, pudo identificar que el hombre que se había detenido en el camino era un samaritano, un grupo tradicionalmente despreciado por los judíos.

Nos preguntamos: ¿Por qué este extranjero se había detenido no solo para preguntar el estado de aquel hombre sino también para curarlo? Más aún, ¿qué hacía un samaritano en ese camino, lejos de su propia ciudad? Es muy difícil entender cómo Dios utiliza los eventos y situaciones más desafiantes de la vida para guiarnos hacia el cumplimiento de su propósito o por qué permite que el mal nos alcance. Intentar racionalizar estas circunstancias puede llevarnos a conclusiones erróneas y desatinadas.

El samaritano rompió con todo las normas religiosas y culturales de su entorno. Por su parte, el moribundo, en su desesperación, no permitió que el sentimiento de religiosidad y división se interpusiera en su necesidad de recibir ayuda. La bondad, la misericordia y la compasión de un ser humano hacia otro trascienden todas las divisiones que solemos establecer en nuestras relaciones con los demás. Estos actos de misericordia nos impulsan a ir más allá de las ayudas superficiales, motivándonos a ofrecer un apoyo más profundo y significativo.

No te pierdas la conclusión… Esto continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho

¿Por Qué Me Abandonaste? 3era parte

La expresión «A la verdad de que tú eres bravo», refleja la admiración por aquellos que, a pesar de enfrentar dificultades, críticas y obstáculos, mantienen su integridad y hacen lo que es correcto en el momento adecuado. No siempre se cuenta con todas las circunstacias favorables para realizar buenas acciones, ofrecer ayuda desinteresada o mostrar amor genuino hacia los demás.

El status quo que al fomentar una sociedad centrada en el egoísmo, el egocentrismo y el hedonismo, contribuye a la creación de una cultura de manipulación que ciega a sus miembros ante el sufrimiento y la necesidad ajena. Cuando alguien tiene el coraje de desafíar esas normas sociales, a menudo es percibido como débil, sin inteligencia o como alguien que desperdicia lo que ha obtenido con esfuerzo. La verdad es que la sociedad tiende a evaluar a las personas en función de lo que tienen y no lo que realmente son.

En la parábola del Buen Samaritano, observamos cómo dos personajes eligieron mantener el status quo en lugar de compadecerse de un ser humano en sufrimiento. Aunque es posible que el estado de esa persona fuera consecuencia de no tomar las precauciones necesarias, esto no justifica el abandono de quienes están llamados a practicar la justicia, la bondad y el amor. Estas virtudes son cada vez más escasas en nuestra sociedad, la cual a menudo valora la compensación personal por los logros alcanzados– lo cual no es negativo en si mismo– pero tiende a despreciar a aquellos que no alcanzan niveles sociales reconocidos.

Desafortunadamente, esta misma mentalidad también se manifiesta en ciertos círculos religiosos, las personas son admiradas en función de su tiempo en la iglesia, su posición ministerial o su grado de influencia. Sin embargo, cuando alguien de estos círculos comete un error o un pecado , suele ser abandonado, criticado y menospreciado. Y esto es sin mencionar la situación aún más grave para aquellos que careciendo de reconocimiento, enfrentan un trato aún más desfavorable.

El apóstol Pablo condena tal actitud en su epístola a los Gálatas,diciendo: «Hermanos, en caso de que alguien se encuentre enredado en alguna transgresión, ustedes que son espirituales restauren al tal con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado» (Gálatas 6:1). Aunque estas palabras se refieren a un contexto de pecado cometido, su esencia puede aplicarse a otros contextos, ya que en el siguiente versículo, Pablo exhorta a llevar las cargas de los demás, señalando que «de esta manera cumplirán la ley de Cristo» (verso 2).

No se puede abandonar a quienes han sido maltratados por las duras experiencias y circunstancias adversas de la vida. Sean culpables o no de su situación, la obligación no es convertirse en jueces que desestiman la responsabilidad de la misericordia y la compasión. ¿Cómo habría afectado la conciencia del sacerdote al seguir su camino e ignorar la necesidad del moribundo? Aquellos que han experimentado la salvación conocen el amor del Padre y disfrutan de la comunión con el Hijo. Como resultado, el Espíritu Santo transforma sus corazones, impulsándolos a actuar con verdadera compasión y misericordia.

No te pierdas la próxima parte. Esto continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho