¿Te has encontrado en alguna situación de vida en la que has pensado que mejor sería morir que vivir? Parece una locura que alguien tenga semejante pensamiento. Hay momentos que ha nuestro parecer la vida es injusta y nos pasa facturas de deudas de otras personas; nos despiden del trabajo; perdemos un familiar; el banco reposesiona nuestras inmuebles; una relación de años se va al suelo y cuántas cosas más.
No solo está el pensamiento de que la vida es injusta, nos llega el pensamiento de que Dios también es injusto. Esta etapa es el resultado de muchas situaciones pasadas en las cuales nuestra fe fue probada y nuestra resistencia comenzó a desaparecer. Dios cerró sus oídos a nuestro clamor; no contestó en el momento más difícil y para colmo, aún aquellos en quienes confíabamos, se alejaron de nuestro lado.
Esto trae a mi memoria una historia bíblica de un hombre llamado Job. Esta narración se encuentra en el libro del mismo nombre. La narración comienza con una conversación en el cielo entre Dios y Satanás. Lo más curioso y contraproducente es que Dios le pregunta a Satanás acerca de la fidelidad de Job. El primer capítulo de ese libro lo describe como un hombre justo, perfecto, temeroso de Dios y apartado del mal. Aunque la narración bíblica no lo dice, parece ser que Satanás había intentado quitarle a este hombre todo, pero no pudo. Él le dice a Dios que la razón por lo que Job le sirve es porque Dios ha puesto un cerco de protección alrededor de él y de todo lo que tiene.
No miente la Escritura cuando dice en el evangelio de Juan que Satanás solo vino para robar, destruir y matar (10:10). Este personaje no quiere que los seres humanos gocen de una vida de abundancia y prosperidad. Él y su séquito de demonios son los responsables del mal en la tierra. Claro está que la determinación final la toman los seres humanos, pero son incitados por esta huested satánica.
La conversación entre Dios y Satanás continuó y finalmente el enemigo recibe autorización para quitarle todo a Job, matar a sus hijos y enviar a su cuerpo una enfermedad terrible. A pesar de todo esto, Job no renunció a Dios y expresó, «Dios dio, Dios quitó sea el nombre de Jehová bendito» (1:21). No fue fácil pues Job no pudo entender por qué si él era un hombre justo, temeroso de Dios, amante de su familia y de su gente. Parece que lo que dicen acerca del karma no es tan cierto como lo proclaman.
Los amigos de Job–tres de ellos–vinieron a consolarlo, pero lo que hicieron fue acusarle de pecador y condenar el pecado que había cometido, según ellos. No solo el dolor de la enfermedad, sino el dolor de que aquellos en los que podía encontrar palabras de apoyo lo condenaron. Todo esto fue mermando las fuerzas de este hombre y llegó al punto de maldecir el día de su nacimiento y querer morirse (3).
Las situaciones que te han llevado a desear morirte no se pueden negar y algunas de ellas tampoco se pueden evitar. Dios se le reveló a Job en medio de su prueba y le sanó, le restituyó todo lo que había perdido, incluyendo sus hijos. En medio de la miseria, angustia y prueba ¡hay esperanza! Es cierto que el panorama actual se ve incierto, pero Dios está contigo a pesar de que crees que está lejos.
No te puedo prometer que todas las situaciones adversas y negativas se arreglan siempre, pero te puedo prometer que en medio del proceso Dios te da paz y seguridad. Posiblemente la enfermedad no se vaya, o la relación no se arreglé; puede ser que el problema continue, pero hay una esperanza firme en Dios. El profeta Habacuc lo pudo ver a pesar de la situación difícil en la que estaba. Él dijo lo siguiente y ojalá tú también lo puedas expresar:
Aún después de tanta destrucción; cuando la higuera se seque y no haya flores ni fruto; cuando los olivos no produzcan y los campos permanezcan estériles; cuando el ganado muera en el campo y los corrales estén sin vacas, yo me regocijaré en el Señor y me alegraré en el Dios que nos salva. ¡El Señor Dios es quien me hace estar fuerte! Me dará la velocidad de un venado y me conducirá con seguridad sobre la altura de las montañas (Habacuc 3:17-19).
«Piensa y Acciona»
Nacho