Dios quiere llevar a los creyentes a una relación más profunda con él, ¡es la del discipulado como estilo de vida!

Un discípulo es un aprendiz que sigue la enseñanza de un maestro procurando entender e incorporar las enseñanzas a su vida diaria. Aquellos doce que Jesús llamó, los convirtió en discípulos. Estuvieron bajo su ministerio durante tres años y medio aproximadamente. Llegaron a parecerse tanto a Jesús, que su hablar, su manera de accionar reflejaba que habían estado con el Maestro. Estos discípulos recibieron la Gran Comisión de parte de Jesús, la cumplieron y hoy, dos mil y un poco más de años, hay más de 2 billones de cristianos en el mundo.

Ser discípulo es más que una relación frívola o lejana es una vivencia que trae sufrimiento, negación y llevar la cruz (Mateo 11:29; Lucas 9:22-25). Quien quiera ser discípulo de Jesús, necesita entender el costo, el sacrificio, y la entrega que debe tener para así ganar a otros para el reino de los cielos.

Un discípulo debe de tener prioridades bien establecidas, debe ser luz del mundo en cualquier ambiente, debe tener el carácter de Cristo, sensible y sometido al Espíritu Santo. También ser gobernado por la autoridad de la Palabra de Dios, vivir moralmente puro, compartir las buenas nuevas de salvación. Alguien que se involucra en la comunidad bíblica, gobernado por el Espíritu Santo y no por lo que tiene y más importante, vive con propósito (Efesios 1:11-12).

Los discípulos de Jesús entran a un proceso de aprendizaje permanente para vivir la misma vida que el Maestro vivió. La vida de Jesús es la perfecta expresión de la voluntad de Dios la cual lleva a un nivel de producción donde desarrollan a otros discípulos que serán mayores que ellos.

Dios le da hombres y mujeres a su iglesia para que capaciten a los santos para:

  1. La obra del servicio- servir es ponerse a la disposición de otros con el propósito de que crezcan en el Señor.
  2. La edificación del cuerpo de Cristo- a medida que los discípulos se reproducen en otros, el cuerpo de Cristo, la iglesia, sigue siendo perfeccionada, afirmada y edificada.
  3. Llegar a la unidad de la fe.
  4. Llegar al conocimiento del Hijo de Dios.
  5. Que no seamos niños inmaduros.

La transición nos ha llevado a ser discípulos del Señor, comenzando con un llamado a seguir a Cristo, tomando una posición firme de creer que Él nos llevará hacia su propósito el cual fue diseñado en la eternidad. En este discipulado el proceso se hará más intenso porque tiene el propósito de llevarnos de gloria en gloria; de hacernos formadores de discípulos y de que seamos fieles retratos del Señor que nos llamó. ¿Qué va a suceder con nosotros y en nosotros de aquí en adelante?

Continúa…

«Piensa y Acciona»

Nacho

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