¡Cuán importante es poder alcanzar las metas deseadas! Es una manera de sentirse realizado y ¿por qué no? Sentirse exitoso o exitosa. Los jóvenes que después de años de estudio y graduarse dan con el trabajo que va de acuerdo a lo que estudiaron; poder realizar el negocio soñado y no tener que depender de otros; casarse con la mujer deseada; comprar el carro lujoso; tener dinero en la cuenta bancaria y muchas otras cosas más para algunos es sinónimo de éxito.
La sociedad en la que vivimos define el éxito como riqueza, respeto, fama y en algunos casos se obtienen estas cosas sin tener mérito alguno o sin importar a quiénes se desplaza en el camino. Muchos son destruidos por otros que sin respeto alcanzan lo que quieren por los medios menos convencionales.
En un tiempo atrás el éxito estaba de la mano con una vida moral de excelencia y admiración. Los valores y los principios éticos llevaban a las personas camino al éxito en sus carreras o metas de vida. Esto dice leadersofnow.org
El verdadero éxito social es aquel que se fundamenta en los valores. Es lo que te permite cada día mirarte al espejo y saber que has jugado limpio, aunque para ello hayas perdido tu posición social o la disposición en poder estar arriba del organigrama.
Hoy vemos artistas, políticos, líderes religiosos, gobernantes, presidentes de compañías, deportistas gozando de una fama adquirida por medios nebulosos. Lo más asombroso de esto es ¡que son admirados por las masas!
Creo que ya te he presentado el panorama del mal llamado éxito. Me preguntarás, ¿dice la Biblia algo al respecto? Porque después de todo este blog es de reflexiones bíblicas aplicadas a la vida diaria.
Respondiendo a un pedido de alguien entre la multitud, Cristo dijo lo siguiente:
¡Tengan cuidado con toda clase de avaricia! La vida no se mide por cuánto tienen. Lucas 12:15
La vida de Cristo reflejada en los que lo han aceptado como Señor y Salvador no anula las aspiraciones a ser personas exitosas. Lo que sí anula es el deseo ambicioso de lograr aquellas cosas que no se ajustan al propósito de Dios. El deseo de tener dinero no es malo pero si al tenerlo éste nos domina, pecamos contra Dios. Si alcanzamos la fama y luego pensamos que somos mejores que los demás, estaríamos violentando el consejo bíblico que dice: «Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realisttas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios lea haya dado Romanos 12:13 NTV
El apóstol Pablo fue exitoso porque inundó Asia Menor con el evangelio de Jesucristo y éste ha llegado a nosotros. Somos exitosos cuando podemos aportar un buen consejo a un matrimonio en problemas y son restaurados; cuando un joven es rescatado del vicio de las drogas o cualquier otro vicio; cuando se le predica a vidas sin Cristo y se entregan sinceramente al Señor; cuando una congregación se preocupa por la comunidad y provee los medios beneficiosos para ésta. Nuestro éxito es medido en la medida de que traigamos gloria al nombre de Jesús. Nuestro Señor fue exitoso porque cumplió a cabalidad el plan perfecto de Dios para proveer salvación. Somos salvos por su gracia y esto es don de Dios (Efesios 2:8,9).
¿Cómo se mide el éxito? Viviendo vidas que agraden a Dios haciendo su voluntad.
«Piensa y Acciona»
Nacho