Todo ser humano desea alcanzar cosas mejores en su vida. Cosas tales como un mejor trabajo que nos deje un mejor sueldo, tener dinero suficiente para conseguir las cosas que entendemos nos ubicarán en una posición segura y mejor, un ser con el cual podamos pasar el resto de nuestra vida para juntos lograr establecer una familia, tener un estilo de vida progresista ubicados en el presente de la sociedad. Todas estas cosas y muchas otras, las consideramos necesarias para avanzar en la vida. Es por esta razón que muchos de nosotros dejamos nuestros países y nos aventuramos a radicarnos en una nueva nación o país. Entendemos que lograremos nuestras metas, cumpliremos nuestros sueños y estaremos bien por el resto de nuestra vida. El problema está cuando todo esto se convierte en el único motivo de nuestra existencia y cuando carecemos de algunas de estas cosas, la vida se nos complica a tal manera que nos creemos morir.
Hay quienes quisieran avanzar en la vida, pero se han detenido porque la vida se les ha complicado: no tienen el trabajo que les deje un buen sueldo, no tienen el carro adecuado, su familia está desbandada, sus relaciones de amor se murieron y para completar, ¡se sienten solos entre medio de la gente!
Si pudiéramos entender que el avanzar en la vida no sólo consiste en cosas materiales ya que estas sólo inflan nuestro ego, que, aunque son importantes no son la suma total de una vida completa. Hay quienes tienen todas las cosas materiales que desean, pero aun así son infelices. La vida espiritual cristiana no es la excepción a estos asuntos de prioridades y seguridad en lo ya alcanzado.
El apóstol Pablo desde su conversión a Cristo Jesús, había logrado muchas cosas: ganado gente para Dios, levantado muchas iglesias, formado muchos líderes y conocido hoy en día como el instrumento que Dios utilizó para darle forma a la doctrina de Cristo para la iglesia. Sus cartas constituyen una valiosa joya para la iglesia pues allí encontramos la verdad del evangelio de Jesucristo. Pero, aunque había logrado estas cosas, entendió que no la había alcanzado todo. Esto fue lo que él dijo al respecto:
No es que ya lo haya alcanzado o que haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado. Pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3:12-14).
Todas estas cosas que había alcanzado en el Señor podían constituir un estorbo para avanzar hacia el futuro en la vida cristiana. Hay muchos que ponen su confianza en sus logros, triunfos, caminar en el Señor, pero se les olvida que lo más importante es una relación estable y continúa con el Dios que les llamó.
- Si vamos a avanzar, no podemos confiar en nuestros éxitos pasados ni tampoco seguir lamentándonos por los fracasos o decisiones mal tomadas. Tenemos que seguir esforzándonos para avanzar. Ese esfuerzo no es para ganar la salvación, sino para caminar en la salvación.
- Para poder avanzar sin distraernos con el pasado, necesitamos esforzarnos por utilizar los músculos espirituales para ser fieles al llamado misericordioso de la salvación.
Hemos sido alcanzados por Dios para salvación, liberación, para vivir una vida libre de pecado. Hemos sido llamados para realizar una labor muy importante llamada La Gran Comisión. No podemos detenernos en el pasado bueno o malo. Tenemos que esforzarnos por continuar hacia adelante.
«Piensa y Acciona»
Nacho