«El brillo de la luz en el cristiano es la vida de Cristo reflejada en sus pensamientos, palabras y acciones» (Primera Parte).
En alguna ocasión y en algún lugar alguien dijo lo siguiente: «Tus acciones hablan tan fuerte que no puedo escuchar lo que estás hablando». Las acciones reflejan lo que hay en el corazón y en la mente. Nadie puede afirmar que lo que hace viene desde un vacío o es espontáneo. Si hay algo por lo que el mundo conocerá que la vida de Cristo está presente en aquellos que dicen tener una relación con él, es a través de las acciones realizadas.
Toda persona tiene la capacidad de realizar acciones con un propósito sano, también son hechas por instituciones y aún el gobierno. La triste realidad es que no siempre la base de lo que se hace es motivado por el amor y por un genuino interés de ayudar. Hay algo que se busca a cambio. Por lo tanto, el mundo está cansado de buenas acciones a cambio de algo. Podemos pensar en el hombre que realiza alguna obra buena hacia una mujer pero esperando una recompensa sexual. El político que provee fondos en procesos electorales solo por ganar el voto del pueblo y luego montarse en la posición y olvidarse de aquellos que lo llevaron ahí. La institución que provee fondos para luego hacer restricciones por otro lado. La iglesia que ayuda a la comunidad con la intención de reforzar su membresía. Los ejemplos son numerosos.
¿Cómo se puede entonces ser lumbreras en este mundo de oscuridad? Las palabras, pensamientos y acciones del hijo de Dios deben de estar alineadas al propósito eterno de Dios de salvación y restauración. La manera más eficaz para alumbrar en este mundo es a través de la manifestación del fruto del Espíritu. El amor agape es la manifestación de un amor de sacrificio no basado en expectaciones del recipiente de ese amor. Es aquel que mueve hacia la misericordia y la compasión para levantar al que ha caído y no encuentra cómo ser restaurado. El gozo del creyente hijo de Dios es la satisfacción interna de una relación con Dios el cual lo lleva a tener e infundir confianza en cualquier situación aunque sea adversa. Tenemos entonces como resultado la paz que sobrepasa todo entendimiento y le ayuda a no inquietarse ante las adversidades del diario vivir. Esa paz es seguida por una paciencia que lo lleva a resistir los embates de las pruebas y dificultades. Entonces, se pueden controlar los impulsos de la carne y hay una manifestación completa de hechos amables, bondadosos bañados de humildad.
Cuando el fruto del Espíritu Santo se manifiesta a plenitud, manifiesta la luz de Cristo en los creyentes y los que están alrededor son alumbrados y son conquistados para recibir la experiencia de la salvación en su totalidad.
Sigue alumbrando en todo momento pues alguien verá tu luz y dejará de tropezar con las piedras de este mundo y los llevará a glorificar a Dios (Mateo 5:16).
Esa lucecita tiene que brillar, brillará, brillará, brillará……
«Piensa y Acciona»
Nacho