«El brillo de la luz en el cristiano es la vida de Cristo reflejada en sus pensamientos, palabras y acciones» (Primera Parte).
Las palabras son los pensamientos expresados por medio de sílabas, siendo un conjunto de sonidos asociados a una determinada significación. Con nuestras formas de expresión no solo decimos cosas, sino que nos relacionamos con el mundo y con los demás. Con el lenguaje hacemos cosas: alabamos, insultamos, oramos, herimos, bendecimos, fortalecemos y podemos seguir añadiendo a esta lista. Las palabras son una cuestión moral. Por eso es decisivo cuidar no solo qué decimos, sino cómo lo decimos (nuestrotiempo.unav.edu).
Para que la luz de Cristo alumbre a todos los hombres, nuestras palabras deben contener un mensaje claro, Cristo céntrico, relevante y pertinente para este tiempo.
A menos que su lengua pronuncie palabras comprensibles, ¿cómo se sabrá lo que dicen? Será como si hablaran al aire 1 Corintios 14:9
El mundo actual necesita escuchar un mensaje que arroje luz, dirección, sentido y propósito. Son muchas las voces que se levantan tanto en el exterior como en el interior de los seres humanos. Las figuras públicas de la farándula transmiten un mensaje impregnado de malas palabras, de difamación hacia las mujeres, incitando al uso de drogas y sexo ilícito. Lo más preocupante de esto es que los fanáticos de estas personas ¡aceptan esta clase de mensaje y lo promueven! Los políticos en sus mensajes de promesas si son elegidos, están cargados de mentiras y engaños porque no cumplen al momento de ser elegidos. Las palabras pronunciadas por nuestra sociedad abogan por inclusión pero solo para adelantar una agenda diabólica y destructiva.
Los cristianos hijos de Dios han sido capacitados no solo con el ministerio de la reconciliación, sino también con la palabra de la reconciliación (2 Corintios 5:19). Esta palabra es que Cristo vino al mundo a reconciliar al hombre con Dios, a devolverle la imagen que había perdido. Esta palabra es que Jesús es el único camino a Dios y fuera de él no hay salvación (Juan 14:6).
Las palabras de este mundo van dirigidas al ego del ser humano pero no dan una solución al problema más grande ¡el pecado! Las palabras del cristiano deben ser lumbreras en la oscuridad de este mundo. No pueden estar comprometidas con una agenda preconcebida en mentes pecaminosas; no pueden estar ligadas ni salpicadas con soluciones humanistas ni mucho menos dar alternativas que no van a funcionar en los asuntos espirituales. Esas palabras deben producir en las personas una reacción igual a aquellos discípulos camino a Emaús, «¿No ardía nuestro corazón mientras conversaba con nosotros en el camino y nos explicaba las Escrituras? (Lucas 24:32). Cristo dijo, «las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida (Juan 6:63).
Hablemos de tal manera de parte de Dios que vidas sean transformadas por la autoridad de la palabra. Que nuestras palabras alumbren al pecador, le den sentido de dirección y le impulse a querer tener la experiencia de la salvación que solo Dios da.
Continúa…
«Piensa y Acciona»
Nacho