Hoy más que nuca es imprescindible que la iglesia del Señor esté atenta a las señales de los tiempos. Nos dice la Biblia que ya estamos en los tiempos del fin, que la venida del Señor está a las puertas y que todavía mucha gente no ha escuchado el evangelio. Como iglesia no podemos cerrar nuestros ojos a esta realidad y simplemente orar «ven Señor Jesús». Nuestro conocimiento del tiempo en el que vivimos nos ayudará a entender cómo debemos conducirnos, hacia dónde debe estar dirigida nuestra atención y cuán cerca está la venida de Cristo.
Esto me lleva a pensar en dos porciones bíblicas que nos arrojan luz al respecto. La primera la encontramos en el primer libro de las Crónicas capítulo 12 versos 23 y 32: «Este es el número de los guerreros diestros para la guerra que se presentaron ante David en Hebrón, para entregarle el reino de Saúl, conforme a la palabra del Señor: […] De Isacar: doscientos jefes y todos sus parientes bajo sus órdenes. Eran hombres expertos en el conocimiento de los tiempos, que sabían lo que Israel tenía que hacer».
La segunda porción está en Romanos 13 verso 11, «Hagan todo esto estando conscientes del tiempo en que vivimos. Ya es hora de que despierten del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente creímos.
El tiempo es la duración de las cosas sujetas a cambio que determinan las épocas, períodos, horas, días, semanas, etc. El tiempo es el momento que vivimos definido por los acontecimientos que van marcando un camino. Los tiempos son conocidos por las señales que acontecen, por la generación que domina, por la frialdad o apego hacia lo religioso, por la manera que los gobernantes ejercen el poder, y por la manera cómo la iglesia se mueve en el mundo.
La iglesia debe moverse acorde con los tiempos sin perder su esencia, su misión y su doctrina. Su esencia es su naturaleza, lo que es y representa; es lo permanente e invariable. Su misión define lo que es y para qué está en la tierra y su doctrina es la enseñanza registrada en las Escrituras.
La iglesia es el cuerpo de Cristo compuesta por todos los redimidos por el Cordero en todas partes del planeta Tierra siendo sal y luz de esta sociedad dando sabor e iluminación en un mundo desabrido y en oscuridad. Es el ente más poderoso sobre la tierra y así debe moverse.
La misión de esta iglesia es anunciar a Cristo como la única alternativa de salvación. Es encarnarse en el mundo a través del trabajo misionero, el cual se refleja en todas las acciones evangelísticas, sociales e involucramiento en la vida diaria de la gente, solo con el propósito de que conozcan a Cristo. Su misión es ser los ojos, manos, pies, mente y corazón de Dios.
¿En qué tiempo vivimos?
Vivimos en un tiempo donde las filosofías, ideologías, estilos de vida, formas de pensamiento, conductas y cambios sociales nos indican que cada persona vive a su manera y más aún, piensan que están bien. Vivimos en el tiempo del individualismo y la fragmentación; en el tiempo del impacto, muchas ocasiones negativo de las redes sociales. En un tiempo en el cual se ha redefinido el matrimonio y la familia propuesto por una sociedad que no incluye a Dios en su agenda, ni a la iglesia y mucho menos la Biblia.
Como iglesia entendemos que es un tiempo donde más que nunca el evangelio debe ser relevante, o sea, debe aplicarse a las situaciones presentes de las personas, sin perder su esencia. Debemos discernir las oportunidades que tenemos frente a nosotros. Esas oportunidades pueden estar disfrazadas de rechazo, de oposición, de burla, de duda y posiblemente de incomodidad frente al mensaje del evangelio. Sigamos el consejo del apóstol Pablo a Timoteo: …que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina» 2 Timoteo 4:2
«Piensa y Acciona»
Nacho