El apóstol Pablo le advierte a la iglesia de Éfeso, que la lucha del hijo de Dios no es contra otros seres humanos, no es contra enemigos visibles, sino que es una lucha espiritual contra seres espirituales dirigida por nuestro adversario Satanás (Efesios 6:10, 18). Humanamente esto nos pone en desventaja porque para luchar contra alguien necesitamos verle, identificar su posición, saber cuán lejos o cerca puede estar, cuántos son y cuán fuertes son. Esto nos ayuda a desarrollar estrategias de ataque y defensa, nos permite identificar cuáles son las armas que necesitaremos y posiblemente identificaremos si será una lucha larga o corta.
Nuestro adversario es identificado en la Escritura como Satanás, diablo, padre de toda mentira. Éste, tiene a su disposición huestes demoníacas muy bien organizadas para atacar a la humanidad y nublarles su visión espiritual para que la luz del evangelio no les alumbre. Su ataque es continuo, brutal y su única intención es aprisionar a los seres humanos y asegurarse de que nunca se les escaparán (Isaías 14:17).
Hay quienes piensan que el ataque del enemigo es contra aquellos que no han aceptado a Jesús como Señor y Salvador, ¡pero que equivocados están! Otros piensan que serán avisados antes de cualquier ataque y otros creen que pueden decidir quién será su adversario. ¡Esto no es un juego de baloncesto en la cancha del barrio! Esto es una lucha cruel y despiadada. Al recibir a Jesús ya estabas aceptando quién sería tu enemigo.
Por causa de nuestra posición en Cristo, ya tenemos los inmensos recursos espirituales disponibles. Debemos apropiarnos por la fe en el Dios que ha puesto todos los recursos espirituales a nuestra disposición. Nos apropiamos de tales recursos cuando hacemos de la oración una prioridad en nuestras vidas. La gente que ora siendo dirigidos por el Espíritu Santo, entra a una atmósfera sobrenatural donde su visión espiritual es abierta, donde su espíritu recibe el testimonio del Espíritu, donde asuntos ocultos son revelados y donde el corazón es confortado.
¿Qué necesitamos entender? Que los asuntos del reino, los espirituales, tienen prioridad porque repercuten en toda nuestra vida. Cristo dijo en Mateo 6:33 que buscaremos primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas serán añadidas. La prioridad en los asuntos espirituales viene a ser una realidad cuando la oración se convierte más que un estilo de vida, ¡se convierte en nuestra vida!
Las batallas y luchas de los hijos de Dios son de carácter espiritual y por lo tanto no pueden pelearse en un terreno natural y carnal. Nuestra fortaleza proviene de Dios y esto señala la capacidad que tiene Dios para sostenernos en medio de cualquier circunstancia o adversidad que podamos estar atravesando. 2 de Corintios 12:9 nos dice que su poder se perfecciona en nuestras debilidades. Nuestras debilidades son el escenario perfecto para que conozcamos al Dios que nos lleva mucho más allá de nuestras capacidades y expectativas. La Palabra de Dios y la oración abren nuestros ojos a realidades espirituales que nuestros naturalmente no pueden ver ni discernir. No podemos meter nuestras manos en asuntos que solo pueden resolverse a través de la oración.
Dice el apóstol Pablo que nuestro enemigo lanza dardos de fuego a nuestras mentes. Los dardos de fuego eran flechas encendidas que lastimaban en dos formas: quemaban y mataban. La peligrosidad y el bombardeo de pensamientos continuos que ocurren en nuestra mente nos pueden desviar del propósito de Dios. Pensamientos de enojo, de impotencia, desánimo, culpa, incredulidad, temor y deseos carnales los cuales nos desvían, nos paralizan, nos hace sentir indignos del perdón de Dios, y nos pueden desenfocar.
La oración interrumpe e irrumpe las atmósferas espirituales y destruye fortalezas porque nuestras son poderosas en Dios para destruir fortalezas y derribar argumentos que se levantan contra el conocimiento de Dios (2 Corintios 10:3-5).
Hay batallas en las cuales estaremos solos en el cuarto de oración pero no serán perdidas porque la victoria no reside en la cantidad de personas sino en el poder de Dios que interrumpe las actividades de las tinieblas.
Nuestras ciudades serán transformadas cuando la unidad de la iglesia sea una realidad y la oración se convierta en el arma más poderosa de éste ejército.
«Piensa y Acciona»
Nacho