El profeta Isaías le dijo al pueblo: los llevaré a mi santo monte; ¡los llenaré de alegría en mi casa de oración! Aceptaré los holocaustos y sacrificios que ofrezcan sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos (56:7). Siglos después, Cristo dijo: Mi casa será llamada casa de oración; pero ustedes la están convirtiendo en «cueva de ladrones».
El Dios de los cielos y la tierra, está haciendo un reclamo desde los cielos hacia su pueblo, hacia su iglesia. Es un reclamo muy serio y muy desafiante para este tiempo en el que vivimos. Es el mismo que le hizo a los religiosos y vendedores en el templo: ¿Por qué han convertido mi casa en una de ladrones cuando esta es mi casa de oración? Esa fue la expresión de Cristo al entrar al templo y ver mesas de cambistas, animales y toda clase de desorden. Su enojo fue tan extremo que desalojó a la fuerza a los que allí estaban, provocando el enojo de los religiosos y vendedores.
¿Pero nosotros no somos ladrones ni vendedores en el templo! ¿Cuál entonces es el reclamo del Señor?
Cuando Winston Churchill se vio perdido porque Hitler iba a invadir a Inglaterra dijo que lo único que les quedaba era orar, y se armaron en todo el país cadenas de oración. Hitler iba en camino y nunca llegó; no se sabe que fue lo que lo detuvo en el camino. Al parecer una niebla muy intensa lo cubrió, y se regresó para nunca volver. Después de eso la Reina de Inglaterra dijo lo siguiente: Le temo más a un ejército de personas orando, que a un ejército militar».
En Isaías 56 vemos al Señor dirigirse al pueblo al que había pactado con él y le eran fieles, les promete que cuando entraran a su monte santo, los llenaría de alegría en su casa de oración y afirmó que Su casa sería llamada casa de oración para todos los pueblos.
Desde el principio de la raza humana Dios proveyó el medio para que el hombre se comunicara con él y este fue la oración. Todo ser humano en algún momento de su vida, recurre a algún tipo de oración o plegaria demostrando la necesidad de una intervención divina.
Según Juan Bunyan, la oración es, el derramamiento sincero, sensato y afectuoso del corazón o del alma ante Dios, por medio de Cristo, con la fuerza y ayuda del Espíritu Santo, por esas cosas que Dios ha prometido, por el bien de la iglesia y en una fe sumisa a la voluntad de Dios.
Henri Nouwen hizo la siguiente observación acerca de la oración: no es cosa fácil (orar), porque conlleva una relación en donde usted permite que la otra parte entre hasta el mismo centro de su ser, para hablarle, tocarle y ver todas esas cosas que hubiera preferido permaneciesen en la oscuridad.
Cueva de Ladrones
El templo al que Jesús entró conocido ya en ese tiempo como el templo de Herodes, había sido dedicado a Dios incluyendo los atrios. Ninguna cosa que no hubiera sido establecida por Dios debía realizarse allí. Nada que procediese de los hombres y del pensamiento humano tenía cabida en el templo y en el servicio en él. ¡Qué espectáculo fue aquel cuando Jesús arremetió contra todo!
Además de ese templo, el apóstol Pablo escribe que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). La base o contexto de ese pasaje es la inmoralidad sexual la cual es el pecado de inmoralidad sexual que deshonra el cuerpo. Escribiendo también a los efesios Pablo compara a la iglesia como un edificio bien armado que se va levantando para ser un templo santo en el Señor (Efesios 2:21). Tomando este concepto de que somos templo del Espíritu Santo, ¿qué nos quiere decir el Señor que su casa será llamada casa de oración?
Continúa…
Piensa y Acciona
Nacho