Cuando miramos el panorama de la iglesia tenemos que admitir que estas agendas alineadas por todos lados tienen algo en común, ¡Destruir la iglesia del Señor!

El llamado del profeta Joel sigue repercutiendo en este tiempo y le hace una invitación a la iglesia y es de dejar las agendas e intereses personales y volver a la agenda de Dios.

La expectativa de Dios tocante a su iglesia es que esta actúe de acuerdo con su propósito y misión. Cristo le dijo a Pedro y a los demás apóstoles: «Las puertas del infierno no prevalecerán contra mi iglesia». Eso habla de poder y autoridad. El derramamiento del Espíritu Santo hizo posible que la iglesia naciente entendiera que su misión no dependía de las circunstancias, no dependía de gobiernos o religión, dependía enteramente del Espíritu Santo quien vino a capacitar y empoderar la iglesia para que cumpliese su misión.

Congregaciones se han apartado de esta realidad, se han olvidado de su misión central y han tomado posiciones que en nada reflejan a la iglesia del Señor. ¿Qué necesitamos hacer para ser fieles a nuestro llamado como iglesia?

La iglesia tiene que seguir siendo una voz de alerta anunciando el evangelio de Jesucristo y decirle al mundo la realidad de un enemigo que su único fin es destruir al ser humano sumiéndole en la maldad. Esa voz profética tiene que seguir escuchándose llamando a los ancianos, pequeños, niños de pecho, recién casados, los sacerdotes, los ministros del Señor, a los jóvenes y a todos para que se rompa lo normal en sus vidas. El Señor Jesucristo quiere y ofrece el perdón, la restitución y llevarlos a la abundancia integral.

El derramamiento del Espíritu Santo no es para gente especial seleccionada unos sobre otros, es para gente común y corriente. Es para aquellos que no miran las cosas de la tierra para poner su esperanza en ellas. Es para aquellos que son «familia escogida, sacerdotes al servicio del rey, nación santa y pueblo adquirido por Dios que anuncian las maravillas de Dios, quien los llamó a salir de la oscuridad para entrar a su luz maravillosa» (1 Pedro 2:9).

Joel nos dice que los hijos y las hijas profetizarán. Recibirán el mensaje de Dios y tendrán la capacidad para darlo al pueblo; serán consejeros en momentos de oscuridad sobre asuntos eternos y no tendrán miedo ni adornarán su mensaje. Los ancianos también serán parte de la agenda del Espíritu Santo teniendo sueños impartidos por Dios. Los jóvenes tendrán visiones cuando estén conectados a la fuente que es Cristo e interesados con un deseo ardiente de ser proclamadores del mensaje divino.

Me preguntas que cómo se ve la iglesia, Cantares 6:10 lo dice muy claro: «Es admirable como el amanecer, bella como la luna, radiante como el sol, e imponente como un ejército». La iglesia del Señor sigue caminando e impactando al mundo. No hay poder más imponente en este mundo que la iglesia del Señor.

«Piensa y Acciona»

Nacho

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