Faraón era el título designado para los gobernantes de Egipto quienes asumían que eran dueños absolutos del país y a quienes se les rendía culto como a un dios. Eran considerados los intermediarios entre el cielo y la tierra. En el caso del Faraón que se levantó después de José y a quien se enfrentó Moisés y Aarón, su concepto era que no existía un dios personal, que los esclavos no tenían derecho a tener un dios y ese dios no tenía ninguna clase de poder sobre él.

Los egipcios eran politeístas y entre sus dioses estaban Apis, el dios mayor, la diosa Hect quien devolvía la vida. También estaba Hator la diosa-vaca que controlaba el amor y la belleza; Ptah, un toro sagrado creador de la tierra que protegía y sanaba. Isis, era la diosa de la vida y Seth era el protector de las cosechas. El símbolo religioso más potente era el sol y el faraón era considerado la encarnación de Amón-Ra, el dios sol. Mesquimit, era la diosa del nacimiento; Jator, era su compañera y juntas vigilaban a los primogénitos. Y, estaba Osiris, el dios dador de la vida.

Si te estás preguntando por qué mencionó a todos estos dioses es porque cuando lees el relato bíblico de la liberación del pueblo hebreo, te darás cuenta que todos estos falsos dioses fueron derrotados por el Dios Todopoderoso. ¿Te acuerdas? Faraón de manera burlona le preguntó a Moisés quién era Dios. El apóstol Pablo escribiendo a la iglesia de Roma les hace este relato tocante a faraón: «Porque la Escritura le dice al faraón:Te he levantado precisamente para mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra» (Romanos 9:17).

Nuestra sociedad sigue haciendo la misma pregunta aunque no verbalmente. Cuando los seres humanos son egolatras, hedonistas, secularistas, humanistas, con un pensamiento post-moderno y post-cristiano, están retando a Dios y con sus hechos siguen haciendo la misma pregunta.

¿Sabes? Nabucodonosor, el gran rey de Babilonia hizo una pregunta similar. Cuando quizo que todos adoraran la estatua que él había hecho, la cual era una representación de él, le dijo a los jóvenes hebreos: «Cuando escuchen la música con todos estos instrumentos, más vale que se inclinen ante la estatua que he mandado hacer y la adoren. Porque de lo contrario serán lanzados de inmediato a un horno en llamas. ¿Y qué dios podrá librarlos de mis manos?

El rey Senaquerib (2 Reyes 18), rey asirio amenazando a Ezequías y al pueblo de Judá, les dijo que ningún dios había podido librar a las otras naciones de sus manos. Se atrevió a hacer la siguiente pregunta: «¿Cómo entonces podrá el Señor librar de mis manos a Jerusalén?». Senaquerib tuvo que retirarse y más luego el ángel de Jehová mató a ciento ochenta y cinco mil hombres de su ejército. Sus hijos luego lo mataron.

El hombre quiere ser el centro del mundo; su deseo es uno centrípeto, que todo sea dirigido hacia él. Sus ideas, su gobierno, su religión, sus relaciones no son otra cosa que alimento para su ego.

Nabucodonosor aunque advertido por Daniel, un día permitió que su ego tomará la mejor parte de él y se atrevió a decir que la grandeza de Babilonia se debía solo a él. Tuvo que pasar siete años junto con los animales, comportándose como uno de ellos hasta que reconoció el señorío de Dios.

Herodes Agripa se pasó como Dios y murió comido de gusanos. Estos son ejemplos que nos dan las Escrituras de mortales pretendiendo ser dioses y su final fue desastroso. Pero esto no se quedó en el pasado, el hombre sigue teniendo una sed insaciable de grandeza y de dominio fuera de los límites establecidos por Dios.

Hoy hay dioses que han robado el lugar de Dios y los hemos alimentado. A lo largo de los siglos siempre aparecen esas «divinidades» a las que ofrecer nuestros sacrificios, nuestros pensamientos y nuestra voluntad. Por ellos se malgasta tiempo, dinero y por ellos a veces se crean conflictos.

En nuestro próximo escrito, veremos tres de estos dioses: el hedonismo, el secularismo y el materialismo.

Continuará…

«Piensa y Acciona»

Nacho

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