Cuando entendemos propósito se nos hace más fácil saber quiénes somos y de qué somos capaces (3era Parte).

Identidad

No podemos negar que mucha gente está sufriendo lo que se llama crisis de identidad. Esto se refiere a una expresión de profunda duda de uno mismo, de quién se es realmente, acompañado de sentimientos de vacío o de soledad. Las crisis de identidad pueden ser un rasgo permanente de donde uno se siente perdido o asustado ante la idea de no poder definirse.

¿Qué implicaciones tiene ser una nueva criatura en Cristo?

El hombre viejo con su identidad ha muerto y ahora somos una nueva creación en Cristo. Vivimos ahora la vida de Cristo y todo aquello que nos identificaba con el viejo hombre y la vieja mujer, ¡murió!

Tener identidad en Cristo es entender que los procesos difíciles no le restan a nuestra identidad sino que resaltan lo de Cristo en nosotros. El apóstol Pablo en Filipenses 1 versos 12-19 nos enseña que aún el mal que las personas nos quieren hacer, resulta para bien y gloria de Dios cuando entendemos propósito e identidad.

Nueva Criatura

Estar en Cristo, representa una relación íntima que cambia todo nuestro interior y le da un nuevo sentido a nuestra vida. Es entender que soy hijo de Dios, beneficiado por el Padre, en una relación con el Espíritu Santo que me va guiando día a día en la perfecta voluntad de Dios.

Mi nueva identidad en Cristo me lleva a moldear mi carácter, mi pensamiento y mis actuaciones. No vivo de ilusiones ni de pensamientos vanos; ahora tengo convicción que nací para glorificar a Dios con toda mi vida y todo lo que hago estriba hacia la excelencia. No guardo rencor, ni resentimiento porque el amor de Dios ha sido derramado en mi vida. He sido conectado a un propósito divino que me lleva a entender que fui sacado de la tinieblas y ahora vivo en la luz admirable del Señor para proclamar su bondad y amor al mundo.

La vida de todo ser humano es moldeada por el pensamiento que alberga en su interior. La mente es parte de lo que llamamos alma y ésta es descrita como el asiento de las emociones. Las emociones representan sensaciones y sentimientos que posee el ser humano al relacionarse con sus semejantes y con el medio en general. Sirven para establecer nuestra posición con respecto a nuestro entorno. Las emociones en el ser humano son cambiantes; muestran el ánimo en todas las situaciones de la vida sean positivas o negativas. Cuando el ser humano es dominado por las emociones, su identidad es variante.

Cuando nos estancamos en una emoción permitiendo que domine nuestra vida, cambia por completo nuestra identidad y nuestro propósito es distorsionado. Venir a Cristo no implica la desaparición de las emociones, porque entonces seríamos robots manejados al antojo de otros.

La identidad en Cristo tiene que ver con la negación de uno mismo; tiene que ver con la renovación de la mente por medio de una transformación. Es ser conformados a la imagen de Cristo lo cual incluye el carácter cristiano y el fruto del Espíritu. Es ese estado de madurez que alcanza el hijo de Dios cuando su conducta, pensamiento y hablar es afectado por el nuevo nacimiento en Cristo y la relación continua con el Espíritu Santo y Su palabra. Aquel que no está en Cristo o no está sometido al Señor, nunca parece saber lo que piensa ni llega a tener convicciones firmes. Sus convicciones tienden a ser las del último predicador que escucharon o el último libro que leyeron, y son presa fácil de cada moda teológica.

Continuará

«Piensa Y Accione»

Nacho

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